Biografías

Bios: Annie Jump Cannon

Hace unos días, viendo uno de los episodios de la nueva serie de Cosmos Neil deGrasse Tyson, haciendo referencia a los inicios de la astronomía moderna y del papel de las mujeres en ellos, decía algo así como que las mujeres, por alguna “extraña razón” (cof cof, patriarcado, cof cof), nunca recibieron el reconocimiento por la enorme contribución que hicieron a este campo de la ciencia.

Si han seguido esta serie desde el comienzo, les sonará el nombre de la protagonista de hoy porque ya fue mencionado en la biografía de Cecilia Payne. Ambas formaron parte de las Mujeres de Pickering, o Harén de Pickering como los machos machotes de Harvard designaban a este grupo de computadoras.

Al contrario que Payne, Annie Jump Cannon fue la hija mayor de tres hermanas en una familia acomodada. Desde un primer momento, su madre fue la persona que le enseñó a reconocer las constelaciones y quien la animó a labrarse la carrera que más le gustase, estudiando matemáticas, química y biología en el Wellesley College. Annie se decantó por la astronomía y después de terminar sus estudios viajó por Europa tomando fotos del eclipse solar de 1892.

Poco después, contrajo la escarlatina que la dejó casi sorda y, como consecuencia, poco sociable. A partir de entonces se sumió en su trabajo, no se casó ni tuvo hijos.

Annie fue una estudiante de matemáticas ejemplar, estudió física y astronomía y se especializó en espectroscopía. Cuando se graduó en física volvió a la casa materna durante unos años, pero el gusanillo de la astronomía no la dejaba vivir y tuvo que retomar la investigación, sobre todo después de la muerte de su madre, que fue cuando las cosas se pusieron más difíciles para ella en casa. Escribió a su antigua mentora, Sarah Frances Whiting, a su vez física y astrónoma que dirigía el departamento de física del Wellesley College (alma máter de Cannon) y ésta la propuso para una plaza de profesora de física al conocer sus más que buenas referencias.

Pero quería tener acceso a un telescopio mejor y continuar con sus investigaciones en espectroscopía, por lo que se enroló en el Radcliffe College y de allí pasó a Harvard. En 1896, Pickering la contrató como asistente en su observatorio y así comenzó su andadura como computadora, ayudando a completar el Catálogo Henry Draper (Anne Draper, su viuda, había donado el dinero necesario para financiar el proyecto).

Mientras los hombres operaban los telescopios y obtenían los datos crudos, las mujeres eran las que procesaban, calculaban y catalogaban los datos de las fotografías durante el día. El objetivo de Pickering era el de obtener los datos espectroscópicos de cuantas más estrellas mejor. Si recabar estos datos era complicado, pueden imaginarse que procesarlos era, cuando menos, igual de arduo.

Ante el desacuerdo que reinaba en el laboratorio en cuanto a cómo clasificar las estrellas, Cannon hizo llegar a un acuerdo con una clasificación sencilla en base a la temperatura estelar con las letras O, B, A, F, G, K, M (o, como a ella le gustaba recordarlas Oh, Be A Fine Girl, Kiss Me).

Cómo no, Cannon y sus compañeras de laboratorio fueron criticadas por estar fuera de lugar y no dedicarse a tareas más propias de mujeres: ser esposas a tiempo completo. Por ello, las mujeres en el observatorio no podían llegar a ser más que asistentes (aunque su trabajo rebasaba con mucho al de un asistente) y cobraban un paupérrimo sueldo de 25 centavos a la hora por 7 horas al día de cálculos agotadores.

Pero Cannon triunfó en este campo gracias a su labor incansable y su paciencia ante un trabajo tan tedioso. Escribió varios artículos para divulgar la astronomía y ayudar a su difusión como parte importante de la ciencia. Llegó a ser la representante de las mujeres trabajadoras en la Feria Mundial de Chicago de 1933.

Ostenta el título de ser la persona que más estrellas ha clasificado en toda su vida, hombre o mujer, con un total de 500.000 estrellas. En su día a día podía clasificar 3 estrellas por minuto con solo mirar sus patrones espectrales. Por ello, y no inmerecidamente, la Unión Astronómica Internacional adoptó en 1922 su sistema de clasificación estelar, que es el que utilizamos en la actualidad con pequeñas modificaciones.

Trabajó durante más de 40 años, retirándose en 1940 y murió en 1941 a la edad de 77 años. En su honor, la American Association of University Women otorga cada año el Premio Annie J. Cannon a las mujeres que destacan el el campo de la astronomía.

Después de 40 años de dedicación, pudo presumir de todos estos títulos: ser la primera mujer en recibir el título de Doctor honoris causa por parte de la Universidad de Oxford, tiene un cráter en la Luna con su nombre, portada de Scientific American en 1929, ganarse el apodo de “Censora del Cielo”, y muchos más. 40 años dan para mucho.

Volviendo a las palabras de Neil que les ponía al principio, ¿qué razón misteriosa nos ha llevado a que nuestra querida Cannon no aparezca en todos los libros de texto como ejemplo de tenacidad y dedicación a la ciencia? Les daba una pista en el primer párrafo.

Cannon no fue esposa ni madre, ni siquiera era lo que se dice una mujer sociable a consecuencia de su sordera; pero fue una gran científica a la que, por mucho que quieran, jamás ningún hombre podrá hacer sombra ni negar su mérito. Nuestras hijas, nietas, sobrinas y amigas merecen saber de esta gran mujer, a pesar de que no la estudien en el colegio.

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silvialba

silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

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