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Johnny, la gente está muy loca: La mente humana.

El otro día estuve debatiendo con un católico sobre ateísmo y pruebas de la existencia de Dios. En su último comentario mi interlocutor mencionó dos cosas que según él prueban que Dios, pero no solo Dios sino que el Dios católico, es real. Hasta ese momento se había mantenido como una típica persona religiosa de Occidente en el siglo XXI: impreciso, esquivo, retórico, hablando de un Dios insustancial e indetectable. Pero como le indiqué que el Dios católico no se ajustaba a su apologética y que más parecía un hippie hablando de amor cósmico, decidió dar el salto y presentar algo más tangible. Así fue como me encontré leyendo la defensa de una persona con un Phd en Astrofísica, y trabajando como investigador en una de las universidades más prestigiosas de EEUU, de su creencia religiosa en base a la prueba ontológica de Gödel y a los cuerpos incorruptibles de la tradición católica. Creo que en su mente se produjo un proceso más o menos así:

“La prueba ontológica de Gödel (un genio de la lógica matemática) ha sido demostrada por computador. ¡Bien! Pasa la prueba de la blancura del pensamiento racional. Mmmm, pero todavía tengo que relacionar esa prueba con mi Dios particular. Creo que los cadáveres de unos beatos que se han mantenido un poco menos podridos de lo normal son prueba irrefutable de que el Dios de Gödel es el mio. Mi argumento es imbatible.”

Dediqué cierto tiempo a leer sobre los cuerpos incorruptibles, que no son creencia exclusiva del Catolicismo, ya que también se encuentran en el credo ortodoxo y de cierta manera en el budismo. En resumen, son personas muy beatas que fallecieron y cuyos cadáveres se mantienen en “especiales” buenas condiciones. Y digo “especiales” porque las autoridades eclesiásticas han definido la condición de incorruptible bajo sus propios términos y no hay mucha voluntad de contrastar sus afirmaciones con lo que puedan decir examinadores externos. Se asume que cierto estado de conservación es milagroso, y diferente de una simple momificación u otro proceso natural o artificial de preservación, solo porque la autoridad de la Iglesia así lo afirma. Lo curioso es que normalmente estos cuerpos expuestos en urnas para veneración tienen máscaras y manos de cera. ¿Por qué cubrir tan milagrosa condición con cera? ¿Qué método usan para decidir la sobrenaturalidad de un evento? ¿Cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler? ¿No les da como asco? En fin…

Santa Bernadette Soubirous, su cuerpo está tan incorrupto que le cubrieron el rostro y las manos con una fina capa de cera para disimular una leve decoloración de la piel. Yeah right.

Santa Bernadette Soubirous, su cuerpo está tan incorrupto que le cubrieron el rostro y las manos con una fina capa de cera para disimular una leve decoloración de la piel. Yeah right. Fuente.

Después estuve leyendo sobre Kurt Gödel, una persona brillante y trastornada.

Pero primero, ¿qué diablos es la prueba ontológica de Gödel? Es el rescate, en lenguaje de lógica matemática, del argumento ontológico de Anselmo de Canterbury, que data de 1078 (aunque pasado por el cedazo de Gottfried Leibniz, otro genio matemático, quien creó el cálculo en forma paralela a Newton) y que es básicamente esto:

“Es más perfecto existir en la realidad que solo existir en el pensamiento. Entonces, sería contradictorio que Dios (definido como el ser más perfecto concebible) existiera solo en la mente. Por lo tanto, Dios existe. (Ahora debes estar pensando “genio mis polainas”)

Tanto Gödel como Anselmo son parte de una larga tradición de pensadores que postulan que se puede probar la existencia de Dios por medio de pura lógica, sin recurrir a la observación ni a la experiencia. Otros afirman que intentar hacerlo por cualquier medio racional es imposible y una negación de la divinidad de Dios.

Hace no mucho, científicos demostraron con la ayuda de un Macbook que la prueba de Gödel es correcta a nivel matemático. Esto no es importante en el sentido que demuestre la existencia de Dios (el argumento ontológico ha sido suficientemente refutado) sino que indica que teoremas complicadísimos pueden ser resueltos en segundos (o mucho menos) por un computador sencillo y que es entonces posible diseñar complejos sistemas de inteligencia artificial. Incluso, que las máquinas pueden hacer ciencia. De hecho, desde hace trienta años que existen papers científicos publicados donde el nombre de uno de los autores es Shalosh B. Ekhad, un seudónimo dado a los computadores que prueban teoremas matemáticos en las investigaciones del humano Doron Zeilberger.

El equipo confesó que eligieron el teorema de Gödel para su investigación porque atrae mucho más público que un teorema oscuro y poco conocido y que, bueno, con algo hay que pagar el Macbook. A mi, mientras tanto, me da urticaria el ver titulares del tipo “Científicos prueban la existencia de Dios”.

Siguiendo con Kurt Gödel, fue siempre firme creyente en un Dios personal y en la vida después de la muerte, pensaba que si el mundo era un lugar racionalmente creado debía existir la otra vida. Cursó toda su enseñanza escolar en escuelas protestantes y se autodenominaba como bautista luterano. También era un genio y es considerado uno de los lógicos más importantes de la Historia, fundador de las bases de la ciencias de la computación y reformador de los fundamentos de las Matemáticas. Pero así como su mente brillaba en el campo de las matemáticas y la lógica, también daba tumbos en otras áreas de su vida.

Me lo imagino como a un Sheldon Cooper trágico, no pudiendo lidiar con la vida diaria y lleno de fobias y miedos. Por ejemplo, el día que debía presentarse a recibir la ciudadanía estadounidense, su amigo Albert Einstein (que lo acompañó como testigo y que en mi fantasía hace las veces de Leonard) ya le había advertido que no mencionara su descubrimiento de que la Constitución tenía una falla que dejaba a los EEUU susceptible de convertirse en dictadura. Pero cuando el juez le preguntó si es que América podía convertirse en dictadura nazi Gödel comenzó a darle cátedra sobre los vacíos en la carta magna. Finalmente, y gracias a la buena voluntad del juez, se logró esquivar el tema y terminar el trámite. Es que Gödel había escapado de la Austria nazi luego de que uno de sus profesores más influyentes fuera asesinado debido a su origen judío y luego también de perder él mismo su trabajo por sus filiaciones con judíos. Supongo que por eso había interiorizado el miedo a caer en dictadura nuevamente. También pensaba que era víctima de una conspiración para envenenarlo y solo comía lo que su esposa le preparaba luego de que ella misma lo probara. Tenía miedo de que su refrigerador lo estuviera matando lentamente con gases venenosos, se automedicaba para tratar enfermedades imaginarias y llevaba registro de sus idas al baño y temperatura corporal. Tuvo además varios episodios de inestabilidad mental que lo alejaron de su trabajo por épocas.

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Einstein y Gödel en uno de sus paseos por Princeton. Fuente.

Como temía que la gente lo diera por loco, mantuvo en secreto su prueba ontológica de la existencia de Dios por décadas. Pero en realidad ya muchos se habían dado cuenta de su desequilibrio. Einstein se preocupaba de monitorearlo en caminatas diarias donde charlaban y Gödel parecía calmarse. Cuando Einstein murió, solo le quedó un amigo que lo cuidara, pero este también falleció algunos años más tarde. Los últimos días de Gödel deben haber sido horrorosos. Su esposa, que lo contenía y ayudaba con sus obsesiones, tuvo que ser hospitalizada por seis meses, periodo durante el cual Gödel se negó a comer por miedo a ser envenenado. Fue encontrado muerto por causa de la inanición, pesando treinta kilos. Era enero de 1978.

¿Qué tienen que ver santos medio descompuestos con ontología y locura? Quizás nada. Es que a mi me da por juntar trivia. O quizás algo. Lo que pasa es que luego de debatir con este científico católico me quedé pensando que entre las mentes humanas existe un abismo insalvable y que no hay forma de comunicar una idea a la mente que ha decidido atrincherarse. Para mi es muy loco observar la lógica deforme y la compartimentación mental que sostienen una creencia. Ver que genios como Gödel, Leibniz y otros dedicaron años a una tontera como el argumento ontológico solo porque habían sido indoctrinados en la creencia en Dios desde su nacimiento y no concebían una realidad sin un creador. Es como si el cerebro humano fuera un computador mal programado que ha caído en un loop infinito de donde no hay forma de salir. Y Gödel, bueno, él no solo tenía creencias absurdas sino que estaba mentalmente trastornado. Era el dueño de una mente hermosa pero quebrada. ¿No es aterrador contemplar la fragilidad del cerebro humano?

Haber invertido mi tiempo y esfuerzo en comunicarme con esta persona católica y abandonar el debate sintiendo que todo había sido en vano me dejó deprimida. Luego de presentar argumentos, de realmente intentar poner mi inteligencia a trabajar y finalmente llegar al punto en que me di cuenta que mi interlocutor estaba en otro plano de la realidad creyendo en cuerpos incorruptibles hizo que una oleada de frustración me golpeara y me dejara temblando. Además, me hizo pensar que quizás yo misma esté presa en un loop infinito. ¿Cómo saberlo? ¿Cuál es mi propia creencia absurda donde estoy atrincherada?

En la imagen de cabecera, Kurt Gödel cuando se parecía al malo de “Indiana Jones: En busca del arca perdida”.


“Johnny, la gente está muy loca” es una sección dedicada a exponer las más bizarras, ridículas y espantosas creencias y tradiciones que se le ocurren a la gente.

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Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

5 Comments

  1. August 21, 2014 at 12:15 pm —

    Por eso prefiero el Argumento Ornitológico de Borges

    “Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido el número? El problema involucra el de la existencia de Dios. Sí Dios existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos pájaros. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etc. Ese número entero es inconcebible; ergo, Dios existe.

    Pero que no se enteren los computistas.

    • August 21, 2014 at 2:54 pm —

      Oh! No lo conocía, gracias por compartirlo. Supongo que Borges estaba siendo elegantemente irónico sobre la ontología. Incluso el nombre mismo es una especie de burla con parónimos, no? Me parece que Borges era abiertamente ateo.
      Acabo de leer esto en Wikipedia:
      También en varias ocasiones (Borges) destacó su escepticismo con respecto a las posibilidades de la filosofía: «No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil. Una doctrina filosófica es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un mero capítulo —cuando no un párrafo o un nombre— de la historia de la filosofía».

  2. August 22, 2014 at 1:26 am —

    Dios no existe y tengo las pruebas.

    Una de las pruebas de que Dios no existe, es que en realidad nadie cree en Dios, ni siquiera aquellos que dicen creer en Él.

    Ejemplo de diálogo con un creyente laxo:

    — ¡Dios existe! — dice el creyente laxo.
    — ¿En serio, crees en Dios? — le preguntó.
    — Claro que sí — me responde.
    — OK, ¿entonces vas todos los domingos a la iglesia a adorarle, como bien Él te lo ordena? — cuestiono.
    — No es necesario ir a la iglesia para creer en Dios. Además, puedo ir a la iglesia cuando realmente lo sienta de corazón — responde y, claro, suena lógica la respuesta.
    — Entonces, puedes hacer eso mismo con tu esposa, puedes dejar de ir a dormir a tu casa, al lado de tu esposa, sin problema y le puedes decir a tu esposa que sólo vas a dormir a casa cuando realmente lo sientes de corazón, ¿cierto? — le argumento al creyente laxo.
    — ¡Claro que no, mi esposa me mata si hago eso! — respnde lógicamente, de nuevo.
    — Entonces crees que tu esposa tiene más poder sobre ti, que, incluso, tu Dios, ahora, supuestamente omnipotente. No crees en los poderes de tu Dios, en sus promesas de salvación, ni en Él, por lo tanto no existe — fin de la discusión.

    Y así tengo diferentes niveles de discusión, según el nivel de creencia o de fe que tenga el interlocutor. Al final he descubierto que nadie (apoyado por unas empíricas estadísticas) cree en Dios.

    Otro diálogo que suelo utilizar es: “¿cometes pecados?, ¿cuando pecas, lo haces generalmente frente a gente que te conoce?. Si generalmente pecas lejos de la vista de gente que conoces, incluyendo gente de tu congregación/iglesia, pecas donde sólo Dios te ve, ¿no significa entonces que no crees en Dios y que crees más en el poder juzgador de la gente que forma parte de tu círculo social?”

    Pues bien, esa es mi aportación. Más que utilizar la lógica para refutar la existencia de Dios (no tiene caso), utilizo la lógica para refutar la supuesta creencia de la gente en Dios*.

    * Si escribo “Dios” con mayúscula, ¿entonces existe?

    • August 22, 2014 at 9:53 am —

      Dios es como una prenda de lycra multiuso. Se adapta a todo usuario XD

      • August 22, 2014 at 3:12 pm —

        Es el Dios personal, el de bolsillo. Existen tantos dioses, como mentes humanas. Para luego, en analogía al clásico pleito entre niños: “¡mi papá le gana al tuyo!”; de esa misma forma algunos adultos llevan ese infantilismo a niveles más esotéricos: “¡mi religión es mejor que la tuya!”

        Todas las lycras son iguales, pero hay unas más iguales que otras.

        🙂

        ¡Saludos!

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