¡Dioses!FeaturedReligión y espiritualidad

¡Dioses!: Bastet

En pasadas entregas de ¡Dioses! les habíamos dejado en el continente americano para que se deleitaran con sus deidades mayas; pero ya es hora de volar de nuevo. Hoy cambiamos de continente, nos vamos concretamente a África y les hablaremos de una diosa muy gatuna, les rogamos que se pongan cómodos porque el viaje comienza ya.

Con el cambio de continente nos vamos de nuevo a una de las mitologías más conocidas de la historia occidental: la egipcia. Durante sus más de tres mil años de influencia, los dioses egipcios evolucionaron, se mezclaron y mutaron según las exigencias de su sociedad. La diosa que hoy nos ocupa no fue menos.

Bastet o Bast es conocida como la diosa egipcia de la armonía y la felicidad, protectora del hogar y de la vida familiar. Se representa como una gata o una mujer con cabeza de gata o leona, según el objeto de su protección.

El culto a Bast se remonta a casi 2900 años antes de nuestra era y en un principio la adoraban como a una diosa guerrera y protectora con cabeza de leona en la zona del delta del Nilo. Tenía como misión defender al faraón y, por extensión, también a la deidad al mando: Ra; por esto también se le conoce como el ojo de Ra.

No es difícil de imaginar por qué su representación era con cabeza de leona, ya que los egipcios conocían muy bien a estos animales y sabían que eran las hembras las feroces cazadoras de la especie.

Con la unificación progresiva del Alto y el Bajo Egipto los dioses de características similares se unificaron o pasaron a representar cosas distintas, y esto fue lo que le ocurrió a Bast.

Pasó a llamarse Bastet, como la conocemos en la actualidad, y se convirtió en  una diosa protectora en lugar de una diosa guerrera; aunque en alguna situación podría seguir siendo guerrera si era preciso. Así es también como su representación cambió un felino por otro: de la leona a la gata doméstica. Ocurrió alrededor de 1000 años antes de nuestra era, cuando los gatos empezaron a ser domesticados.

El culto a Bastet estaba centrado principalmente en la ciudad de Bubastis, situada en el Delta. Allí le erigieron un templo rodeado por canales de agua. Según el mito, una leona fiera y colérica se calmó en el agua que rodeaba el templo; así se convirtió en una gatita apacible y se asentó en el templo.

Durante las excavaciones de dicho templo se encontraron más de 300000 gatos momificados.

De todos es conocido que los egipcios adoraban a los gatos (igual que tenían un dios cocodrilo, escarabajo…) y que las familias guardaban luto si el minino de la casa fallecía y tenían cementerios propios para ellos. Los gatos tenían libertad hasta para comer del plato de sus anfitriones (no vamos a decir dueños) porque éstos eran incapaces de dañar a los felinos. Se podría decir que los gatos en el antiguo Egipto gozaban del mismo trato de favor que las vacas sagradas de la India actual.

Pero los mininos no eran adorados por su monería (aunque podrían), sino por su habilidad para combatir plagas: ratones y ratas que se comían las cosechas y serpientes.

Bastet también era considerada la protectora de la familia: así como las gatas pueden ser tiernas y protectoras con su descendencia, Bastet se representaba en ocasiones rodeada de gatitos. Una mujer que deseaba tener hijos se pondría un amuleto de la diosa con tantos gatitos como hijos quisiera tener.

Las festividades en honor a Bastet se celebraban en los meses de abril y mayo. El día de fiesta llegaban a Bubastis miles de personas adultas, tanto hombres como mujeres. Las mujeres bailaban y cantaban, se hacían grandes sacrificios y también se consumían grandes cantidades de vino. A Bastet le gustaba que la gente se emborrachase en su honor, y si no lo hacían podría tomar forma de leona de nuevo y desatar su furia sobre sus pobres siervos sobrios.

Creo que a estas alturas de la serie de ¡Dioses! les ocurre lo mismo que a mi y se preguntan qué fue lo que nos hizo arrodillarnos ante el aburrido dios judeocristiano, teniendo deidades que nos dan tanto juego como Bastet.

Previous post

Bios: Maria Gaetana Agnesi

Next post

Fugaces: Brujas, feminismo y la ruleta bíblica

silvialba

silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

No Comment

Leave a reply