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Posts desde Skepchick: La comida es para los blancos liberales(*) lo que el sexo es para la derecha religiosa

Me sucedió hace unas semanas, después de una discusión basada en un post a favor de los transgénicos que Kavin escribió para Grounded Parents. Saca los derechos sobre reproducción, y los liberales sacuden la cabeza y hacen notar la increíble disonancia cognitiva de la Derecha Religiosa. Seguro, la Derecha va, en teoría, sobre “gobierno pequeño”, pero es acerca del sexo, piensan los liberales. Es acerca de controlar el cuerpo de la mujer y un deseo obsesivo de controlar lo que pasa en el dormitorio de la gente. Es un miedo total y una negación de datos científicos en favor de una reacción visceral emocionalmente exagerada.

Entonces sacas los transgénicos. O la carne de proximidad. O la dieta que sea que está de moda esa semana.

La comida, y cómo comerla de la manera más “responsable” posible, centrándose en particular en “de dónde proviene”, se ha vuelto el tema que hace saltar a los liberales blancos. Piensa en la euforia que rodea los albores de los camiones de comida. Piensa en el movimiento Locavore (gente que solo come cosas de producción local). Piensa en el gag de Portlandia sobre el “pollo local”, que daba en el clavo. Los que vivimos en “ciudades progres”, como mi ciudad Madison, nos reímos de esa parodia porque hemos escuchado diálogos similares muchas veces.

Escuchando el tono de las conversaciones en el Mercado de Granjeros del Condado de Dane, uno de los mayores del país, se diría que están hablando de vacunas o de Gaza. “¿Qué llevan exactamente esos scones?” “Tus emúes, ¿son felices?” “¿De cuánto espacio disponen para deambular libres?” “Cuando dices “harina” en la etiqueta, ¿de qué tipo de harina se trata?”

Y sin embargo los bancos de alimentos siguen estando llenos de la misma calabaza enlatada y las mismas comidas envasadas caducadas de siempre. Se avergüenza a la gente obesa, y se les dice qué comer, mientras que a la gente a la que se considera suficientemente delgada como para tener un desorden alimentario también se les avergüenza por no cuidar su “salud”. Ahí hay una seria desconexión, que debería hacer ver a la gente que preste atención que esto no trata en ningún caso sobre justicia o salud: trata sobre vanidad.

Cuando se le pregunta al camarero cómo se preparó el animal que nos está sirviendo, nadie parece preguntarse si ese camarero tiene un seguro médico básico, o si al camarero le afecta el hecho de que la industria de la restauración tenga una de las tasas más altas de acoso sexual y una de las más bajas de salarios. Cuando poéticamente nos deshacemos en elogios hacia los granjeros naturalistas a los cuales se compra la leche sin pasteurizar, nadie parece preocuparse de que se estime que un 10% de la gente que trabaja en granjas americanas sean niños. Cuando nos llevamos las manos a la cabeza por las cosas que “no sabemos” sobre los transgénicos, como Kavin hizo notar, a nadie parece preocuparle la presencia de estos en los supermercados Mercadona, pero sí en los productos que venden las tiendas de delicatessen.

Si eres de los que no se preocupa tanto de la gente que te trae la comida en el restaurante como de los cerdos en la granja donde crecieron, tu enfoque es clasista. Si estás más preocupado sobre la disponibilidad de camiones de comida en la ciudad vecina que sobre si sus residentes realmente los quieren (gracias a mi querida amiga Tina por ponerme sobre la pista de esta), o si compras cosas como esta (gracias a Heina por encontrarlo), tu enfoque es imperialista. Si empiezas a a contarle a alguien todo sobre tu nueva dieta a la moda, o a preguntarle por la suya sin saber si tienen un desorden alimentario que pudiera ser activado por tu cháchara, tu enfoque es discriminación hacia gente discapacitada. Si recriminas con la mirada a la gente con sobrepeso por lo que están comiendo, aduciendo que te preocupas por su salud, pero no haces campañas activas para hacer la comida saludable más accesible y barata, tu enfoque es enfermizo y yo no te quiero en mi activismo.

Quiero a la Derecha Religiosa fuera de mi dormitorio, y a la Policía Liberal Blanca de la Comida fuera de mi cocina. ¿Es eso mucho pedir?

(*) Entendiendo “blancos liberales” como personas de raza blanca, clase media y educación universitaria, que se consideran a sí mismas de izquierdas y socialmente liberales/progresistas, pero a las que les patina alguna neurona postmoderna cuando se empeñan en defender de manera irracional ciertas causas (N. del T.)

Julia BurkeSOBRE LA AUTORA
Julia Burke es una escritora y periodista free lance con interés por la justicia social y pasión por el vino, la cerveza y la comida. Una compañera de trabajo la describió hace poco como “un sarcástico rayo de sol”. Síguela en Twitter o en Google+, o pásate por su web en Stellenbauchery.

Puedes encontrar el post original en inglés aquí.

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Posts desde Skepchick es la sección en la que semanalmente traeremos traducido un interesante artículo publicado originalmente en alguno de los blogs de la Red Skepchick: Mad Art Lab, Teen Skepchick, Queereka, Skepchick.se, Skepchick.no, School of Doubt, Grounded Parents, Skeptability y, por supuesto, Skepchick.

 

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bruno

bruno

Ex-superhéroe atropellado. Escéptico, nihilista, ingeniero naval. Pensativo, vivo sin vivir en mí, buscando respuestas en los posos de mis Crunchy Nuts.

1 Comment

  1. September 7, 2014 at 9:22 am —

    Es Halal? Es Kosher? Es Orgánico? 😛

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