Escepticismo

¡Johnny, la gente está muy loca!: Into the Wild, la película.

ADVERTENCIA, este post está lleno de spoilers.

En este mundo hay creencias de todos los sabores y colores. Hoy les traemos una de las más cool. Tan cool, que Sean Penn dirigió una película al respecto. Me refiero a “Into the Wild”, conocida también como “Hacia rutas savajes”, un film que se ha vuelto de culto y que ha recibido varios galardones, siendo el más notable el Premio Darwin que se adjudicó el protagonista.

Basada en la historia real de Christopher McCandless, la película nos presenta a un veinteañero recién graduado que se larga de su vida acomodada a vagar por el oeste norteamericano. Y se larga con todo: rechaza la oferta de sus padres de costearle estudios universitarios adicionales en Harvard y un auto nuevo, se deshace de sus ahorros y su tarjeta de identificación y nunca más vuelve a llamar ni a mandar una sola postal. Nadie sabe si está vivo o muerto.

McCandless ha decidido que la vida que le ha sido propuesta no es lo que quiere y que necesita salir a buscarse una propia que le haga sentido. También ha estado leyendo mucho a Henry Thoreau, y se ha dejado seducir por la idea de abandonar la decadente sociedad occidental y vivir en la naturaleza. Su objetivo es llegar a Alaska.

Thoreau es uno de los máximos exponentes del Trascendentalismo, un movimiento filosófico, intelectual y religioso estadounidense de la primera mitad del Siglo XIX cuya premisa básica es que la naturaleza y el ser humano son intrínsecamente buenos y que Dios es uno con ellos. En contraposición, la sociedad, el estado y la religión organizada corrompen la pureza del individuo. Todo lo anterior bañado con una capa de orientalismo de la cepa hinduísta.

El Trascendentalismo vendría siendo algo así como un hijo gringo del Romanticismo Europeo, movimento que surge como reacción y rechazo al Racionalismo, Universalismo e Ilustración del Siglo de las Luces, tan reaccionario a veces que algunos romáticos incluso abogaron por volver a la vida medieval.

Según los trascendentalistas, existe un estado espiritual ideal que trasciende lo físico y empírico. La mejor forma de alcanzar esta especie de iluminación sería vía intuición y permitiendo al individuo conectarse con la naturaleza, volviéndose autosuficiente, escencial y libre, abandonando la superficialidad y sinsentido de la sociedad. La experiencia espiritual y subjetiva sería superior a la razón y al empirismo.

Y así parte Christofer McCandless a buscar lo escencial, con su copia de “Walden, la vida en los bosques” (el libro más popular de Thoreau) en la mochila y poco más. En ese texto, el autor relata su experiencia de un poco más de dos años viviendo a las orillas de la laguna Walden, en Concord, Massachusetts. Ahí, en los terrenos de un amigo, Thoreau se construye una cabaña y un huerto para apartarse de la civilización y experimentar la “vida pastoril” que tanto añora. ¿Qué tan lejos estaba de la civilización? A solo tres millas de distancia, de hecho, visitaba el pueblo cercano de vez en cuando y recibía visitas regulares. Su idea parece haber sido no llevar a cabo un abandono total, sino que vivir en los márgenes.

Pero McCandless buscaba un retiro más radical. No quería dinero, ni cabaña, ni huerto, ni cercanía al villorrio local, ni visitas, ni reloj, ni brújula, ni siquiera mapa. Quería transformarse en una suerte de “hombre escencial” apartado de absolutamente todo y en comunión con la naturaleza.

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Autoretrato de Christopher McCandless posando con el bus-refugio donde vivió durante su aventura en Alaska.

¿Qué es un hombre escencial? Pensando en esto me acordé de algo que dijo Jacob Bronowski en “El Ascenso del Hombre”. Refiriéndose a la curiosa condición de la especie humana que, aun teniendo caracteríscas físicas mucho menos específicas que otros animales para sobrevivir en ambientes determinados, logra finalmente conquistarlos todos, señala:

“…empero, esta es la paradoja de la condición humana: el poder de adaptación a todos los medios. Entre la multitud de animales que reptan, vuelan, escarban y nadan a nuestro derredor; es el hombre el único que no se halla encadenado a su ambiente. Su imaginación, su razón, sus delicadas emociones y su vigor le permiten no aceptar el medio sino cambiarlo. Y la serie de inventos merced a los cuales el hombre de todas las eras ha remodelado su mundo, constituye una clase de evolución diferente, no biológica sino cultural. Yo llamo a esa brillante secuencia de logros culturales El ascenso del hombre.” Fragmento del primer capítulo de la serie y libro “El ascenso del Hombre”.

Evolución cultural. El ser humano se ha ido construyendo a si mismo descubrimiento tras descubrimiento, invento tras invento, idea tras idea. El niño que nació hoy es biológicamante equivalente a otro que nació milenios atrás, la diferencia está en el conocimiento acumulado en la época y lugar en que le toca vivir.

El resto de los animales cuenta solo con su carga genética, algunos reciben un pequeño periodo de entrenamiento de parte de sus progenitores para aprender a, digamos, volar o cazar, pero no hay producción de conocimento: un tigre actual tiene acceso al mismo nivel de conocimento que tuvo el “primer” tigre: ninguno. En contadísimas excepciones se ha observado a animales que podrían estar generando conocimiento transmitible a las nuevas generaciones, como en el caso del uso de herramientas por parte de chimpancés, las que incluso varían de grupo en grupo y constituyen, al parecer, un indicio de evolución cultural. O en los delfines nariz de botella, que instruyen a sus crías en el uso de esponjas para buscar alimento.

McCandless, en un ejemplo muy triste de desperdicio del precioso conocimiento disponible, decidió que le bastaba con no mucho más que la intuición (llevaba además un rifle, unos kilos de arroz, un libro para reconocer plantas silvestres y alguna otra menudencia) Porque la naturaleza es buena, es un jardín de mariposas, una diosa benevolente que nos recibe con los brazos abiertos para acunarnos y querernos. No. El ser humano, contrario a lo que nos dice el dañino y discontínuo pensamiento mágico, no tiene ningún lugar especial en la agenda de la naturaleza. Es más, hemos llegado hasta acá a duras penas, sorteando peligros horrendos, como la Gripe española, los parásitos de toda índole, nuestra propia ignorancia, y un largo etcétera. Si te vas al monte sin saber cómo vivir allí muy probablemente te mueras, si es que antes no te encuentran los guardaparques que ha provisto la decadente sociedad para rescatar a hippies extraviados.

¿Por qué, si quería vivir en Alaska, nuestro héroe no consideró al menos pasar una temporada con algún grupo experto en vivir en esas tierras? ¿Por qué no se dedicó primero a comprender los patrones de migración de los animales? ¿a cazar con experticia? ¿a faenar y conservar la carne? ¿a aprovechar las pieles y cueros? ¿a enterarse de que el rio iba a crecer muy pronto y que quedaría aislado? ¿a saber que para sobrevivir casi exclusivamente en base a la magra carne de ardilla debería ingerir unas 25 ardillas diarias? Pero eso tomaría demasiado tiempo, quizás una vida completa. Acá, un post donde analizan los errores que cometió McCandless, lamentáblemente, en Inglés.

¿A qué estado o ambiente natural puede “volver” una persona que quiere abandonar la civilización para alcanzar lo escencial? A ninguno. El ser humano no puede sobrevivir sin cultura, ya sea primitiva o avanzada. Para nosotros es tan crucial la cultura como las manchas para el leopardo. Quizás uno podría considerar irse a vivir con una tribu de las más primitivas del planeta, pero ¿es eso más “escencial”?

Carl Sagan señala que nuestra especie posee tres fuentes de información: La que cargamos en nuestros genes, la que aprendemos y portamos en nuestras mentes, y nuestros, gracias a la invención de la escritura, inmensos “cerebros externos”, los libros, que nos permiten conectarnos con los cerebros de otras personas, incluso muertas hace cientos, miles de años. Esto nos ha permitido alcanzar un conocimiento avanzado de la naturaleza, crear tecnología que sería indistingible de la magia para nuestros antepasados y construir sociedades e instituciones increíblemente complejas.

Desde los primeros intentos por entender el mundo, el descubriento del fuego, la invención de la agricultura, la comprensión de los ciclos de los astros hasta la creación de las comunicaciones modernas y los robots que se desplazan por la superficie marciana, pequeños, incontables esfuerzos por cientos de generaciones se han ido sumando en una increible tarea: la construcción del conocimento humano. Yo lo veo como un gran órgano colectivo que evoluciona por nosotros.

Le tomó al hombre cuando menos dos millones de años, el cambiar de criatura oscura y pequeña con la piedra en la mano – el Australopithecus, en Africa Central – a su configuración moderna: el Homo sapiens. Esto constituye el paso de la evolución biológica, aunque la evolución biológica del hombre haya sido más rápida que la de cualquier otro animal. Pero, para el Homo sapiens, ha tomado mucho menos de veinte mil años el dar origen a las criaturas que tanto usted como yo aspiramos ser artistas y científicos, edificadores de ciudades y planificadores del futuro, lectores viajeros, exploradores anhelantes del hecho natural y de la emoción humana, inmensamente más ricos en experiencia y en imaginación que cualquiera de nuestros ancestros. Este es el paso de la evolución cultural; una vez iniciado, avanza como el cociente de aquellos dos elementos cuando menos cien veces más rápido que la evolución biológica.” Fragmento del segundo capítulo de la serie y libro “El ascenso del Hombre”.

Si decidimos dar la espalda a nuestra condición de criaturas que evolucionan culturalmente, que es, de hecho, parte de nuestra naturaleza, estamos despreciando nuestra escencia como especie. Es más, pienso que lo más valioso que puede recibir un ser humano es educación. Es ahí donde toda la odisea humana cuaja.

Sin embargo, valoro el pensamiento de Thoreau, su búsqueda de sentido, la forma en que se maravillaba en la contemplación de la naturaleza y cómo perseguía deshacerse de lo accesorio y vano. Acá les dejo una cita famosa de, precisamente, “Walden, la vida en los bosques”:

“Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida…para no darme cuenta, en el momento de morir, que no había vivido”.

Thoreau es, además, bastante más que solo un pensador mágico y un abraza árboles. Es uno de los fundadores de la literatura estadounidense, abolicionista acérrimo, naturalista y uno de los intelectuales de la desobediencia civil, que más tarde rescataría en su lucha gente como Ghandi. Luego de su experimento en la laguna Walden y de sus excursiones a tierras realmente salvajes, concluyó que debía haber un balance entre civilización y naturaleza.

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Christopher McCandless sobrevivió casi cuatro meses en Alaska viviendo en un bus transformado en refugio por cazadores. Y aunque la película lo muestra muriendo envenenado por comer bayas silvestres, cuando encontraron su cadaver pesaba 30kg. Todo indica que murió de inanición. Cerca del final dejó este mensaje:

“Atención posibles visitanes. S.O.S Necesito su ayuda. Estoy herido, cerca de morir y demasiado débil como para salir de aquí caminado por mi mismo. Estoy completamente solo, esto no es una broma. En el nombre de Dios, por favor quédense y sálvenme. Ando cerca recolectando bayas y debería volver esta tarde. Gracias. Chris McCandless, agosto ?”

Acá, una galería de imágenes de Christopher McCandless en Alaska y otros lugares, más fotos de sus escritos en su diario de viaje.


“¡Johnny, la gente está muy loca!” es una sección dedicada a exponer las más bizarras, ridículas y espantosas creencias y tradiciones que se le ocurren a la gente.

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Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

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