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Charlatán del Mes: Vandana Shiva, los antitransgénicos y el feminismo anticientífico.

Corría octubre de 1999 cuando un ciclón azotó la costa este de India dejando 10 mil muertos y entre 10 y 15 millones de personas sin hogar.

Como normalmente se hace, la comunidad internacional se organizó para ayudar a los damnificados. Tal fue el caso de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), que envió alimento para ser distribuido entre las víctimas, y evitar así la inminente hambruna. Era una mezcla de maíz y soja altamente nutritiva gracias a mejoras genéticas hechas en laboratorio.

Inmediatamente la voz de una activista anti OGM (organismos genéticamente modificados) se hizo escuchar. Era la líder máxima del movimiento en India y exigía a las autoridades que retiraran inmediatamente todas las porciones donadas por la USAID, ya que, según ella, estaban siendo administradas a la población como parte de un oscuro experimento con OGM. Era Vandana Shiva.

Vandana Shiva nació en 1952 en el norte de India, viste el sari tradicional, es hinduista y se pinta un círculo rojo en la frente. Tiene una mirada y sonrisa muy de gurú oriental de exportación, y de hecho, se exporta. También es rica, lo que suma otro miembro más a la lista de gurúes indios que venden su pomada sabiduría ancestral a gente privilegiada en Occidente. Viaja por el mundo asistiendo a festivales anti OGM y anti globalización, dicta charlas en universidades estadounidenses por 40.000USD más pasajes en bussiness ida y vuelta desde Nueva Dehli (en inglés), y frecuentemente recibe doctorados honoris causa y otros galardones de organizaciones humanitarias y ecologistas.

¿Cuáles son sus credenciales? Según ella, es doctora en física cuántica. Lo cierto, es que estudios en física tiene solo de pre-grado y su Phd es en filosofía de la ciencia. En su tesis doctoral trata un tema de física cuántica, sí, pero desde un prisma filosófico. O sea, no es doctora en física y nunca ha trabajado como tal. Aunque en realidad, incluso si fuera doctora en física, seguiría sin tener credenciales para pontificar sobre biodiversidad, ingeniería genética, microbiología, toxicología, nutrición, agricultura, ciencias sociales o economía, como constantemente hace, porque la Dra. Shiva no tiene estudios en ninguna de esas áreas.

Lo curioso es que Shiva es anti-científica, desprecia a la ciencia por ser un “constructo machista” que se ha aliado con la industria y el capitalismo para subyugar a la naturaleza y a la mujer, pero aun así busca validarse con títulos científicos, llamándose a si misma doctora en física cuántica. Por ejemplo, respondiendo a un artículo en revista Nature (en inglés) donde se la critica, dice en clave Deepak Chopra:

Sí, soy ecologista y feminista. Pero también soy científica, un hecho que Natasha (Natasha Gilbert, la autora del artículo) evita mencionar intencionalmente. Como científica en física cuántica, he sido entrenada para observar la interconectividad y la inseparabilidad de los procesos, que en un sistema mecanicista y reduccionista son vistos como separados e inconexos.” (la traducción del original es mía)

Las ideas de Shiva son como una versión mística de las sandeces sostenidas por la posmoderna psicoanalista, socióloga, feminista y filósofa Luce Irigaray, quien dice, por ejemplo, que la ecuación E=Mc2 es sexuada, ya que privilegia la velocidad de la luz sobre otras velocidades igual de esenciales para la vida, porque es más rápida (¡?). También sostiene que el estudio de la mecánica de fluidos ha sido injustamente postergada porque los científicos, que son todos hombres, prefieren estudiar la mecánica de sólidos, sólidos como el pene, no como la vagina que es no-sólida y emite fluidos (me quiero matar). Y, bueno, el pene también emite fluidos, pero… este… no son fluidos femeninos.

​ Vandana Shiva forzada a usar un medio de transporte patriarcal. Si la ciencia fuera femenina, este taxi seria blandito y te arrullaría con canciones de cuna, y usaría amor universal como combustible.

 

 

 

Por su parte, Shiva es coautora del libro “Ecofeminismo”, donde se pone en duda a la ciencia como método universal e ideológicamente neutro de producción de conocimiento y descripción de la realidad y se sostiene que no es más que una proyección del dominio de los valores del hombre blanco occidental, ya que es él quien determina qué es conocimiento científico válido y qué no (pobres, su vudu-medicina ayurvédica no es aceptada en el club). El libro critica, por ejemplo, que el parto se haya medicalizado, subvalorando y relegando a las matronas y sus conocimientos ancestrales. No les importa que las cifras de muertes durante el parto hayan caído dramática y contundentemente gracias a la medicina moderna, y les molesta que el proceso de nacimiento requiera de tecnología y personal altamente calificado, dejando de ser algo “natural”, cosa que a mi, francamente, me parece fantástica.

Lo mismo para la producción agrícola y su industrialización y despojo de “naturalidad”. Según Shiva, el hombre blanco viola a la naturaleza con su ingeniería genética, sus máquinas, sus pesticidas y su producción en masa así como viola a las mujeres. No comprende que gracias a la biotecnología somos capaces de alimentar a la población mundial y de generar especies mejoradas, más eficientes, cosa que sería imposible con la agricultura orgánica, sin fertilizantes ni pesticidas que ella propone.

Se diría que lo único que hay detrás de la ideología de Vandana Shiva es la mezcla de dos falacias muy comunes. La primera, es que lo natural es siempre más deseable que algo intervenido por el ser humano. No reconoce que las cosas que compramos para alimentarnos son todas especies que han sido modificadas para nuestro consumo y que no existen en forma salvaje. No existen mazorcas de maíz salvaje, ni vacas salvajes, ni trigo salvaje… La segunda, es la noción de que las tradiciones son siempre mejores que las innovaciones, que el conocimiento ancestral le gana al científico por antigüedad. Sin embargo, una idea equivocada sigue estando equivocada así pasen mil años, y una práctica puede ser siempre mejorada, corregida o desechada si se prueba errada.

Si no fuera por el advenimiento de la ciencia todavía nos estaríamos muriendo de enfermedades que han sido erradicadas, todavía habría niños desfigurados por la viruela o la polio y las tasas de mortalidad en madres e hijos en los partos seguirían siendo altísimas. También las de morbilidad y mortalidad infantil. La ciencia es patrimonio de toda la humanidad, resultado de generaciones de esfuerzo, pero en estos tiempos de bonanza demasiada gente la da por hecho y no se para a pensar en ella mientras revisa facebook desde su smartphone, bebe leche pasteurizada, compra lo que necesita en la esquina o simplemente camina tranquilamente por la calle gracias a que hay políticas públicas de vacunación que evitan pandemias.

A veces pienso en mi propia familia y en cuántos de nosotros estaríamos muertos si no existiera la medicina moderna, y creo que probablemente todos: mi madre y hermana en conjunto suman 6 partos, mi padre y yo padecimos enfermedades graves que no muchos años atrás hubiesen sido un ticket de ida hacia la tumba, y todos hemos estado enfermos u hospitalizados por cosas como apendicitis, que nos parecen tan comunes hoy en día pero que antes de la medicina moderna eran causa de muerte. Hagan el ejercicio con sus propias familias.

Hey, Vandana, sácate esos globalizados y patriarcales audífonos fabricados con combustibles fósiles y metales de algún país africano en guerra y escucha con la energía femenina de tu útero.

Volviendo al tema del “Ecofeminismo”, sus proponentes sitúan a la mujer y la naturaleza como entidades más o menos equivalentes, y como aliadas contra el patriarcado y el cientifismo. Incluso de manera mística relacionando el ciclo menstrual con el ciclo de la luna y diciendo que la mujer está unida a la naturaleza de una forma más profunda que el hombre. No se acuerdan de que la hembra humana no es la única mamífero que menstrúa y que los ciclos varían según especie, incluso entre mujeres (algo así como entre 24 y 36 días), sospecho que Vandana me diría que esas mujeres deberían asistir a una bendición del útero o una alineación de chakras.

La lucha anticiencia de la Dra. Shiva la ha llevado a oponerse, junto a Green Peace, a la distribución del Arroz Dorado, un arroz de patente liberada, y creado con fines humanitarios, y no por multinacionales, que ha sido genéticamente modificado para aportar cantidades excepcionalmente altas de betacaroteno, que ayudaría a evitar que, en países pobres donde la dieta básica es arroz, arroz y arroz, cientos de miles de niños al año queden ciegos o mueran por carencia de vitamina A. Shiva argumenta que el Arroz Dorado es un caballo de Troya para blanquear a la industria y penetrar más mercados, y que además es una medida absolutista y globalizadora que atentaría contra la biodiversidad y privaría a las madres del tercer mundo de seleccionar una dieta balanceada, y variada para sus hijos ¿Qué? ¿Arroz blanco de lunes a domingo?

Y eso no es todo, que ya es mucho, y que la inscribe como una de las grandes responsables de cientos de miles de muertes, sino que además ha mentido sobre suicidios masivos de agricultores en India por la introducción de algodón genéticamente modificado, y, aunque sus dichos se han desmentido con cifras en mano, ella no ha reculado. Acá les dejo un artículo en español que trata sobre las mentiras de la Dra. Shiva más ampliamente.

También niega que la Revolución Verde, que es el proceso de industrialización y de desarrollo tecnológico de la agricultura a nivel mundial a partir de 1940, haya realmente ayudado a mejorar la producción de alimento en los países del Tercer Mundo, especialmente en India, que se volvió autosustentable en producción de cereal en 1974 gracias a la introducción de una variedad modificada de trigo creada por Norman Borlaug, biólogo, ganador del premio Nobel de la Paz, padre de la Revolución Verde y llamado “El hombre que salvó mil millones de vidas” por sus descubrimientos y entrega de especies mejoradas para sembradío en América Latina, Asia y África.

Mientras Vandana Shiva y los activistas anti OGM de Occidente pueden darse el lujo de elegir productos orgánicos y ser veganos ultra selectivos y pachamámicos, los agricultores de India han recibido muy bien el algodón modificado y ni piensan en suicidarse, porque les rinde más por menos trabajo, les permite salir de la pobreza y alimentar a sus familias. Me pregunto si la Dra. Shiva cambiaría de opinión si tuviera ella misma que partirse el lomo con un azadón cultivando unas semillas “naturales”, no intervenidas, bien escuálidas, de baja producción, que se apesten o se quemen por alguna helada.

Para ilustrar su ignorancia, una anécdota que un amigo me contó obre la Dra. Shiva: Luego de participar en una protesta en Alvin, Texas, y mientras esperaba para partir a dar una conferencia en Houston contra la producción industrial de arroz, la Dra. observó un campo y exclamó:

– “Se ven tristes”, dijo. “Las plantas de arroz. Las nuestras en India se ven muy felices.”– “Lo que pasa”, le dijo el técnico arrocero, “es que eso no es arroz. Ese es nuestro campo de testeo y fue cosechado en agosto. Eso que usted ve es maleza.” (La traducción del original es mía) Acá, la anécdota y la protesta cubierta por el Houston Press (en inglés).

Está bien, de hecho es vital, luchar por un mundo en que no depredemos los recursos naturales y no contaminemos el ambiente, pero es justamente con tecnología y ciencia que podemos usar los recursos de manera más eficiente y sustentable. La respuesta es más tecnología y más ciencia, no menos. ¿Se imaginan tratar de alimentar a 7 mil millones de personas con productos orgánicos de bajo rendimiento fertilizados con estiercol? Sería inviable, además de ecológicamente no sustentable.

Gracias a las nuevas tecnologías cada vez se necesita menos suelo y menos agua para más y mejor producción, sino pregúntenle a Israel, que es prácticamente autosuficiente en producción de alimentos, cubriendo el 95% de sus requerimientos de manera local cultivando el desierto. Y si Vandana Shiva quiere luchar contra los que lucran con la naturaleza, la industria de los productos orgánicos es multimillonaria. Por otra parte, para combatir a los grandes monopolios no hay que volverse anticientífico.

En el año 2010, la revista Forbes eligió a la Dra. Shiva como una de las 7 feministas más influyentes del mundo, lo que me parece muy triste, porque esta charlatana perpetúa la idea no solo de que la ciencia no es cosa de mujeres, sino que está contra las mujeres, insultando a todas nuestras congéneres que tratan de hacer ciencia o que símplemente buscan tener un parto en un hospital con médicos y medicina de verdad. Como feminista me gustaría decirle ¡No me ayude tanto, comadre!

Mientras tanto, ella seguirá ganándose el pan orgánico yendo a dictar conferencias en aviones que vuelan gracias la machista ciencia, publicará libros y los venderá en su página web gracias a la machista ciencia y comerá quinoa orgánica gracias a que el resto del mundo puede acceder a productos genéticamente mejorados por la machista ciencia.

Para terminar, les dejo 2 videos. En el primero, Neil deGrasse Tyson habla sobre transgénicos, pero él es tan solo astrofísico y divulgador de la ciencia, no Phd en física cuántica como Vandana. En el segundo, una pequeña reseña del trabajo de Norman Borlaug, uno de esos hombres blancos que hacen ciencia para violar a la naturaleza y a la mujeres:


En la imagen de cabecera, Vandana Shiva abrazando un árbol, porque eso es lo que un verdadero ecologista hace.

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Lulú

"Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google) Es miembro entusiasta de la Asociación Escéptica de Chile."

7 Comments

  1. September 25, 2014 at 12:10 pm —

    Esta mujer mujer toca todos los palos, es el Leonardo da Vinci de las supercherías.

    • September 27, 2014 at 7:36 pm —

      Jajaja 😀 una charlatana de amplio espectro

  2. September 25, 2014 at 7:02 pm —

    Lo único que hacen es alimentar el capitalismo verde. Buen artículo!

  3. November 15, 2014 at 3:38 pm —

    He estado en las sedes de Monsanto en EE UU, reunida con funcionarios de la institución, tienen claro a dónde van con lo que hacen y he visitado sus laboratorios e invernadero.
    No sé a fondo el papel de Vandana Shiva pero, sólo 2 cosas:
    1.Sabes que los agricultores, empresas, cuando usan semillas genéticamente modificadas, estas plantaciones si bien crecen más grandes, fuertes, etc NO VUELVEN A REPRODUCIRSE, teniendo que el agricultor comprar o depender de Monsanto para su nueva producción?
    2.Qué pasa con un país que quiere ser sostenible a través de su agricultura, por ejemplo Bolivia, Perú, etc, que quiere exportar quinoa orgánica a otro país y generar ingresos a partir de ello. Que pasa si Monsanto por ejemplo decide comprar esa quinoa, modificarla genéticamente para sembrarla en sus propios invernaderos y producirla en otro lugar del planeta por ejemplo la sabana africana, lugar del que no es original, aparte de generar todo un cambio brutal en ese ecosistema, en un 2×3 se tumba al negocio local del país porque esos cultivos están mejor preparados. Ese es el negocio de Monsanto que creo que debes ser más cuidadosa en defender. No sé quien es Vandana Shiva, te hablo de los cultivos OGM que defiendes con tanto apasionamiento.
    Este es mi blog en diario La República de Lima.
    http://larepublica.pe/blogs/piedra-viajera/
    Galia

    • November 23, 2014 at 4:53 pm —

      Hola Galia, gracias por pasar a comentar. En cuanto a tus observaciones:

      En primer lugar, Transgénicos no es sinónimo de Monstanto. Es una tecnología que ha ayudado a alimentar a los 7 mil millones de personas que habitan el planeta, cosa que la llamada agricultura orgánica no podría lograr con su bajo rendimiento. No te puedes oponer a todo un campo de la biotecnología por las supuestas malas prácticas de una compañia, por lo demás, no es cierto que Monstanto venda semillas estériles, eso es un mito:

      http://elefectorayleigh.wordpress.com/2012/10/26/el-no-negocio-de-los-transgenicos/

      La agricultura orgánica no es más sostenible, por el contrario, tiene menor rendimiento, es más vulnerable a las condiciones ambientales y necesita de más pesticidas. Su negocio se sostiene en el miedo irracional de los consumidores a las tecnologías, pero los hechos muestran que estos productos no tienen ninguna ventaja por sobre los convencionales y qué son incluso menos seguros:

      http://jmmulet.naukas.com/2013/11/27/esta-justificado-lo-mucho-que-nos-cuesta-la-agricultura-ecologica/
      http://jmmulet.naukas.com/2014/09/30/es-la-comida-ecologica-mejor-para-la-salud-va-ser-que/

      Por lo demás “acricultura orgánica” no significa nada concreto, es más bien un nombre marketero que vende porque la gente lo asocia a algo más saludable y eco-friendly, pero lo cierto es que gracias a la tecnología y el mejoramiento de variedades es posible mayor rendimiento en menor superficie plantada, con uso de menos recursos naturales y el uso de menos pesticidas. Si Bolivia quiere convertir su producción de quinoa en orgánica, va a terminar con un producto boutique carísimo, por el que solo podrán pagar los consumidores ricos del primer mundo y sin ningún valor real agregado más que el nombre.

      Saludos.

  4. May 15, 2016 at 7:22 pm —

    Hola Lulú, creo que sería mas justo si el titular fuera “… y el Pseudofeminismo Anticientífico.”
    Muchas científicas compañeras en lucha agradeceran desgranar a este tipo de personas del feminismo real. Por lo demás gran articulo, Saludos!

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