¡Dioses!MitosReligión y espiritualidad

¡Dioses!: Lugh

Es hora ya de que abandonemos Egipto y sus impresionantes pirámides para viajar un poco más al norte y conocer otros dioses con historias igual de entretenidas.

Hoy vamos a viajar a tierras celtas, para descubrir al dios de todo y de nada a la vez. Lugh nos espera en Irlanda.

 

La cultura celta se desarrolló en Europa durante la Edad de Hierro, hablamos aproximadamente del siglo VI antes de nuestra era y su mitología era politeísta. Nuestro dios de hoy, Lugh, Lug o Lugus está presente en la mayoría de los pueblos celtas de Europa (en España incluso tenemos toponimia que le hace referencia: Lugo en Galicia o Lugones en Asturias). Pero es en la mitología celta del Norte de Europa donde encontramos una descripción más amplia de Lugh y de sus correrías como deidad.

 

El Lugh irlandés pertenece a la tribu de Dana, los dioses originales del lugar; aunque también pertenece a los Fomoré (dioses de la Muerte, el Mal y la Noche) por su abuelo materno Balor, dios de la sequía y las plagas. Al pertenecer a ambas facciones, se le considera el auténtico rey-dios de Irlanda.

 

Al hablar de los dioses celtas se recurre a la humanización de los mismos y a su identificación con determinados territorios y ciudades concretas debido a la posterior cristianización de su mitología. Los redactores cristianos que recogieron la tradición celta los redujeron a reyes y héroes históricos.

 

Pero a Lugh no se le puede considerar un dios supremo o padre de los dioses, como podrían ser Odín o Zeus. Lugh simplemente es un dios sin función porque las tiene todas a la vez. Por esta razón los romanos, durante su invasión a las tierras del norte, lo identificaron con Mercurio, ya que es el múltiple artesano de la mitología celta. También se le puede identificar con el Loki germánico por la relación entre ambos pueblos antes de la conquista romana; ambos tienen cosas en común, sobre todo la magia.

 

La historia de Lugh, de dónde viene, tiene elementos comunes a otras mitologías, como podrán comprobar a continuación:

 

Balor, rey de los Fomoré, quien tenía un ojo en la frente (el cual mataba a todo lo que miraba) y otro en la nuca, escuchó la profecía de un druida que sostenía que su nieto le mataría. Por supuesto Balor no quería que esto sucediera y para evitarlo encierra a su hija Ethniu en una torre, donde no pueda tener contacto con ningún hombre.

Una vez encerrada la pobre muchacha, Balor siguió con su vida de rey y en cierto momento se encaprichó con una vaca mágica que siempre daba leche, propiedad de Cian. Cian era miembro de la tribu de Dana de la que ya hablamos antes, tenía poderes mágicos y se podía transformar en cerdo (un súper poder muy útil ¿?) a su antojo. Balor, muy inteligente, también llevó a la vaca a la misma fortaleza donde estaba encerrada su hija, ya que allí nadie podría robarla. No obstante, Cian se valió de la magia para ir a buscar a su vaca lechera, lo que no sabía es que además iba a encontrar al amor de su vida (o al menos al revolcón de su vida, porque nada nos indica que se casaran y fueran felices).

Durante el encuentro entre Cian y Ethniu la cosa se pone tórrida y poco después ella da a luz a trillizos. ¡Casi nada, y todo por un revolcón!

 

Como los esfuerzos de Balor por que su hija muriese virgen no sirvieron de nada, ordenó ahogar a los bebés en un torbellino en el mar; pero con tal mala suerte del verdugo, que uno de ellos se le cayó en el puerto y fue rescatado y criado por el hermano de Cian (está claro que no estaba preparado para ser padre soltero). Ese bebé con suerte era Lugh, por supuesto, y según se convertía en un hombre hecho y derecho, fue desarrollando un talento sobrenatural para todas las artes y oficios conocidas por los celtas.

 

En cierto momento Lugh decide hacerse mochilero y viajar, y sus pasos le llevan hasta la ciudad de Tara, donde quiere sentar la cabeza y ganarse la vida honradamente. Pero el guardián de la puerta no le deja pasar a menos que tenga una habilidad que no esté ya cubierta por el resto de artesanos y artistas de la ciudad. Lugh, muy modesto él, le va enumerando todos los oficios en los que puede servir: forjador, hombre de armas, arpista, poeta, historiador, artesano, alquimista, … El ufano guardián le contesta que todos esos servicios los tienen cubiertos con los habitantes de la ciudad, pero Lugh le sorprende diciéndole que él es capaz de hacerlo todo y que no está especializado en nada en concreto.

Con todas estas habilidades, no es de extrañar que se uniera pronto a la corte y que le dieran un puesto de responsabilidad.

 

Por aquel entonces, la tribu de los Dana estaba oprimida por los malvados Fomoré y pronto comprendieron que Lugh podría ser el caudillo que les llevara a la victoria en la batalla. No tardaron en hacer los preparativos para la guerra.

 

Durante la batalla, y después de que Balor mate al rey de Tara, Lugh se encuentra cara a cara con su abuelo. ¿Recuerdan ese ojo mortífero de Balor? Pues lo abre para matar a su nieto, pero éste le lanza una piedra con su honda y se lo saca por la nuca (una buena escena para un blockbuster). Con Balor muerto y la profecía cumplida, ya poco más queda que contar de nuestro querido Lugh. A la muerte del rey de la tribu de los Dana, Lugh es nombrado rey tras la batalla y el resto de sus días reinó pacíficamente e impartiendo justicia por agravios varios.

 

Como decíamos al comenzar el post, Lugh es un dios común a todas las tribus celtas repartidas por Europa, por ello no es de extrañar que tenga un origen común y, quizá, según algunos historiadores, externo a la propia mitología celta. Esta afirmación se basa en que Lugh pasa a formar parte del panteón de dioses celtas una vez que este ya está formado y todos sus dioses con funciones definidas, mientras que Lugh no tiene ninguna de ellas y a la vez, todas ellas.

 

Su nombre, etimológicamente hablando, deriva de la raíz indoeuropea *leuk-, que significa luz; por lo que en un primer momento se le podría identificar con un dios de la luz (pero no del Sol, más bien la luz del relámpago).

 

Sea como sea, con la conquista romana del norte de Europa, Lugh pasó a ser Mercurio y más tarde, con la conversión al cristianismo del Imperio Romano, se convirtió en San Lorenzo.

 

Para finalizar, un toque irónico: los romanos intentaron aniquilar todo rastro de la mitología celta durante su conquista y que los conquistados adoptasen el culto a los dioses de Roma; pero sin su documentación sobre los dioses celtas hoy no podríamos estar escribiendo esto, ya que no sabríamos nada sobre ellos.

Si desean saber más sobre Lugh y la mitología celta en general les recomiendo la lectura de este (extenso) artículo sobre Lugh (en inglés, lo lamento).

 

Previous post

Fugaces: encuesta sobre violencia de género, aborto seguro y el secreto del cerebro

Next post

Fugaces: Abortos, almas y vuelos infernales

silvialba

silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

No Comment

Leave a reply