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Devorando Palomitas: Pandorum (2009)

Hola, hoy, Silvia ha permitido que me tome esta sección para contarles sobre una buena-mala película de ciencia ficción. Debo partir confesando que soy fan del sci-fi distópico y que generalmente recibo con entusiasmo las nuevas entregas. Eso quizás signifique que mis estándares no son muy altos que digamos. Otra aclaración, antes de seguir, es que he tratado de no incluir spoilers importantes en este comentario y ceñirme a lo que se adelanta en las sinopsis. De todas formas, hay aquí información que te puede arruinar los primeros minutos de filme.

La película parte a una escala muy pequeña: un hombre en una cámara de animación suspendida despierta. Desorientado, asustado, con pérdida importante de memoria, comienza a liberarse de los tubos, sondas y cosas gelatinosas que lo mantienen con vida para encontrarse solo en un cuarto vacío y oscuro. A las pocas horas otro hombre despierta de la misma manera y ambos comienzan a investigar por qué se encuentran solos en una nave que parece estar abandonada a su suerte y cuál es su papel en todo el asunto. De fondo se escucha un lejano chirrido y otros ruidos metálicos que parecen provenir de las entrañas de la nave.

Los primeros 20 minutos de la película son absorbentes. La atmósfera es alucinante, claustrofóbica, terrorífica. Hace tiempo que no veía un diseño escenográfico tan potente y cuidado. La historia también es muy atractiva, especula, a grandes rasgos, sobre los posibles escenarios que podrían presentarse en una nave tipo Arca de Noé viajando distancias siderales por centurias.

Resulta que La Tierra ha sucumbido al desastre ecológico y esta nave carga consigo una colonia de 60 mil seres humanos, todos ellos en estado de hibernación profunda vía criogenia. La tripulación, por su parte, se divide en varias cuadrillas que se van rotando cada cierta cantidad de años para despertar y hacerse cargo de la nave. Junto con ellos viajan, además, muestras de ADN de cada especie terrestre, las que serán vitales para cumplir la misión de colonizar el planeta habitable más cercano. El viaje debe durar un total 123 años.

Hasta ahí todo bien, el problema, en mi opinión, es que luego de un comienzo sugerente que me llenó de entusiasmo, la película cae en un pozo de estereotipos y se desinfla bastante, también pasa de la escala pequeña y bien cuidada a un festival de excesos y ridiculeces. Para qué hablar del test de Bechdel, que no pasa ni de lejos. Es más, el único personaje femenino es una especie de Mila Jovovich 2.0 que viste una camiseta que sujeta unos perfectos, turgentes y visibles senos que no pude evitar notar durante toda la película, cosa que me cabreó bastante. Ahí estaba yo, tratando de sumergirme en la fantasía oscura del destino de la humanidad a la deriva, cuando de pronto ¡Tetas! Al menos la chica está bien sucia y no se ha lavado el pelo en un mes. Y es científica, con pinta de modelo, pero científica.

No se qué puntaje darle, me parece que se hizo con reales ganas de mostrar una historia de ciencia ficción inteligente pero que algo pasó en el camino. Me he enterado de que originalmente estaba pensada para ser hecha con muy bajo presupuesto, pero captó el interés de productores más pesados y supongo que tuvieron que hacer concesiones. Pero esa es mi sospecha, nada más.

Pasando al tema central de la trama, la idea de salvar a la raza humana yendo a habitar otro planeta con condiciones similares a las terrestres, me parece que es una buena excusa para pensar en las reales posibilidades de que eso algún día suceda. Primero, encontrar un planeta que efectivamente tenga las propiedades de la Tierra ya es una empresa complicada, con incontables factores a considerar. Podemos decir que encontramos un planeta con las propiedades para la vida, pero eso no significa que vaya a ser amigable para sustentar nuestra vida.

Lo que se puede medir desde nuestros observatorios no es más que un panorama extremadamente general y vago de la realidad, como la existencia de ciertos elementos químicos, la distancia del mentado planeta a su estrella, la calidad de esa estrella, su órbita. Además, habría que primero enviar sondas y luego un equipo de exploración para investigar más en profundidad antes de lanzarse a la titánica tarea de construir una mega nave con miles de personas, más su sustento, y todo lo necesario por los cientos de años que tomaría el viaje, eso si es que tenemos la suerte de que el planeta esté así de cerca y no a miles, o cientos de miles de años luz.

Lo cierto es que, no ya el Universo, pero la Vía Láctea, es un lugar tan vasto que nuestra mente no puede si quiera llegar a imaginar los abismos de espacio y tiempo que nos separan de los posibles planetas candidatos. Nuestra Galaxia, que es una entre los cien mil millones de galaxias que se cree existen, tiene un diámetro de entre 100.000 y 120.000 años luz. Nosotros vivimos en un suburbio de las afueras llamado El Brazo de Orión. En resumen, esos planetas habitables por descubrir están tan, pero tan increiblemente lejos, que ya solo enviar una humilde sonda es imposible para nuestros medios actuales. Si tuviéramos mucha suerte, podríamos descubrir un planeta habitable en Alfa Centauri, el sistema estelar (binario) más cercano, a tan solo 4.37 años luz de distancia, pero hasta ahora se ha encontrado un solo planeta en el sistema y no es para nada acogedor. O quizás en Próxima Centauri, la estrella más cercana a nuestro sol, pero, por ser una enana roja, se piensa que es muy improbable que pueda sustentar vida.

¿Tendremos algún día la tecnología necesaria para mudarnos? ¿Podremos alcanzar velocidades cercanas a la de la luz y enviarnos congelados a otros sistemas solares? ¿Nos extinguiremos a bombazos atómicos antes de poder poner aunque sea una humilde colonia dentro del Sistema Solar?

Por otra parte, la gigantesca cadena de pequeños y grandes sucesos, coincidencias y accidentes que hicieron posible que existamos hoy de la forma como somos son irrepetibles, y nuestra misma esencia como especie está unida a todo lo que ha pasado en La Tierra y en el Sistema Solar. Nunca vamos a encontrar un planeta, ni un vecindario, igual a este. Y me parece que el día en que todo se pueda ir al carajo está mucho más cercano que el día en que pongamos pie en una nueva Tierra.

Les dejo el octavo episodio, “Viajes a través del espacio y el tiempo”, de la serie Cosmos original, donde Carl Sagan especula sobre las posibilidades de que la humanidad finalmente se transforme en una especie interestelar gracias a la tecnología. Pueden activar los subtítulos en español.

https://www.youtube.com/watch?v=FZj2yDzXqpA&list=PLD7F97A64E39FCF9A&index=8

De pronto pensé que una película mucho más interesante es la que uno ve cuando sale al jardín, mira hacia el cielo nocturno desde nuestro rincón en la galaxia y se acuerda de lo aislados que estamos y de lo increiblemente enorme que es el Universo. También, cuando no hay nada interesente en cartelera, siempre es una opción sentarse a mirar la estática:

“Si conectas la televisión a cualquier canal que tu aparato no capte, aproximadamente un 1% de los ruidos estáticos danzantes que veas se explican por ese viejo residuo del Big Bang. La próxima vez que te quejes de que no hay nada que ver, recuerda que siempre puedes echar un vistazo al nacimiento del universo.” – Bill Bryson, en “Una breve historia de casi todo”

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Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

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