Escepticismo

¡Johnny, la gente está muy loca!: Pakistán y sus premios Nobel

Pakistan tenía, hasta este año, solo un premio Nobel. Se lo adjudicó Abdus Salam en 1979 en el campo de la física, por su contribución (en conjunto con dos físicos estadounidenses) a la teoría del modelo electrodébil. Ese año, Abdus Salam no solo hacía historia para su propio país, sino que también para todo el mundo islámico, ya que se convertía en el primer musulmán en ganar un premio Nobel en ciencias. Pero Abdus no era el tipo correcto de musulmán, pertenecía a la secta minoritaria y perseguida Ahmadía, fundada en India a finales del siglo XIX y que ha sido oficialmente proscrita en Pakistán. Cuando enterraron al Doctor Salam en su natal provincia de Punyab, en su lápida se leía “primer musulmán en ganar un premio Nobel”, la frase fue borrada.

“A lo largo de la historia de Pakistán, los ahmadis han sufrido persecuciones que, en ocasiones, han conducido a graves derramamientos de sangre. La situación empeoró para ellos cuando el golpe militar de 1977 puso en el poder a Zia-ul Haq, el cual emprendió una política de islamización e impuso severas restricciones a los ahmadis. En 1984 se estableció una legislación dirigida explícitamente contra los supuestos herejes. A partir de entonces, los ahmadis ya no podían llamarse a sí mismos musulmanes, y decenas de ellos fueron acusados y condenados a severas penas de acuerdo con el Código Penal pakistaní. Así pues, los ahmadis pueden ser puestos en prisión e incluso sentenciados a muerte por el solo hecho de ejercer su derecho a la libertad de culto.” – Ibn Warraq en “Por qué no soy Musulmán”

Dr. Abdus Salam

Dr. Abdus Salam

Por eso, la premiación del Dr. Salam no fue recibida con aclamación ni honores unánimes, y hoy su nombre ha sido borrado de los textos escolares. Este tibio recibimiento, aunque en grado mayor, es algo que tiene en común con Malala Yousufzai, la laureada de este año con el Premio Nobel de la paz, y un nuevo récord para Pakistán al ser la persona más joven en ganar un Nobel en la Historia. Lo otro que tienen en común es que ambos recibieron su premio en el auto-exilio. Ni Malala ni Abdus son del tipo de musulmán correcto.

Me interesé en este tema por algo que me pasó hace unos meses, cuando tomé parte en un hilo de discusión sobre el extremismo islámico. Entre los participantes había un científico pakistaní, cuya primera intervención consistió en decirnos que la realidad era mucho más compleja de lo que los medios occidentales querían hacernos creer y que en realidad todo esto del extremismo y la Jihad era una conspiración de Israel en conjunto con EEUU para difamar al Islam y dominar el mundo. Me pregunto si el gobierno Israelí habrá inventado la máquina del tiempo y enviado a un par de agentes del Mossad al pasado a escribir el Corán, o a provocar el ya milenario conflicto sunita-chiita, o la misma minoría Ahmadía. No niego que la realidad es compleja y que los gobiernos poderosos juegan en el tablero del mundo, y que las sospechas han estado a veces en concordancia con la realidad, pero extrañé aunque fuera un poco de balance en las afirmaciones de mi interlocutor, tan reacio a reconocer alguna falencia en el mundo musulmán.

Según Ibn Warraq en “Por qué no soy musulmán”, Pakistán, como otros estados islámicos, ha construido su identidad en torno a la religión y al nacionalismo y se ha vuelto reaccionario e intolerante a lo no pakistaní y a lo considerado como no islámico.

Por desgracia, al conquistar muchos países musulmanes su independencia después de la segunda guerra mundial, inevitablemente se relacionó el islamismo con el nacionalismo, lo cual significó que toda crítica al islamismo se considerara una traición al recién independizado país: un acto antipatriótico, un apoyo al colonialismo y el imperialismo.”

Luego de mi experiencia comencé a reconocer posiciones similares en otros hilos, pero hasta el día en que Malala ganó el premio Nobel no le había dado mayor importancia. Y si bien la reacción oficial en Pakistán fue positiva, hubo muchos que despreciaron su logro y lo relacionaron con una conspiración de Occidente, Israel y/o India. En su pueblo natal no hubo celebraciones. Por ejemplo, el editor del Pakistán Observer dijo:

Ella es un tipo normal e inútil de niña. No tiene nada de especial en absoluto. Está vendiendo lo que Occidente quiere comprar” (la traducción del original es mía)

Otros comentarios llegaron tan lejos como sugerir que todo el asunto del disparo en la cabeza que sufrió Malala de parte de los Talibanes era un montaje de EEUU e India para difamar a Pakistán (en Pakistán hay una animadversión bastante generalizada contra India, país que es visto como un aliado de Occidente, y con el que han estado en guerra cuatro veces, la última en 1999, y mantienen una carrera armamentista nuclear), o que Malala es una espía de la CIA. Estas ideas encuentran sustento en el hecho de que el padre de Malala, Ziauddin Yousafzai, es diplomático en el Reino Unido y pertenece al partido político Awami, que aboga por la secularización de la sociedad pakistaní y que se alió con Ghandi para oponerse a la partición de India, que finalmente sucedió y dio origen al estado islámico de Pakistán en 1947. Ese mismo año, cuando Pakistán declaró su independencia, los miembros del partido fueron considerados traidores y espías trabajando para el gobierno indio. Hoy Malala comparte su premio con el indio (e hindú ¡Oh, horror!) Kailash Satyarthi.

"Señor Presidente, todavía creen que el Talibán atacó a Malala" Imagen que ha circulado entre los detractores pakistaníes de Malala

“Señor Presidente, todavía creen que el Talibán atacó a Malala” Imagen que ha circulado entre los detractores pakistaníes de Malala

En una sociedad tan ultra conservadora y paranoide como la pakistaní, controlada por mulás que predican la intolerancia a cualquier cosa no ortodoxa y donde los problemas tienden a achacarse a poderes externos y conspiraciones sionistas, tanto Malala como Abdus son figuras que no sirven a la construcción del héroe nacional, ya que no cumplen con el perfil de lo 100% pakistaní y musulmán. Peor aún, han sido validados en su diferencia por las potencias occidentales, que son, a sus ojos, decadentes e inferiores. ¿Cómo es posible que ningún pakistaní verdadero haya sido galardonado con un Nobel? Lo que pasa es que todo es una maniobra política de los enemigos de Pakistán. Al fin y al cabo, los Nobel son occidentales, así que mejor crean sus propios premios, sin juegos de azar ni mujerzuelas.

…Para que en el mundo musulmán pueda desarrollarse una democracia liberal que respete los derechos humanos internacionales, es necesario que se revalúen de un modo radical y crítico los fundamentos dogmáticos del islamismo, y se efectúe una autocrítica rigurosa que evite los reconfortantes engaños de un pasado glorioso, de una Edad de Oro con una victoria musulmana total en todos los ámbitos; y es necesario asimismo que se establezca la separación de la religión y el Estado y se adopte el laicismo. Pero es imposible esperar que se adopte el laicismo mientras éste sea visto como una «enfermedad» occidental. El mundo musulmán debe abandonar su injustificado e irracional temor y aversión hacia Occidente, que en última instancia son destructivos, a fin de reconocer los verdaderos valores de éste y comprender en profundidad las bases filosóficas del liberalismo y la democracia, así como todo lo que Occidente ha enseñado y puede aún enseñar…Es paradójico que los musulmanes suelan complacerse en señalar la influencia del islamismo en la conformación de la Europa moderna, cuando se trata de una civilización que ellos afirman despreciar. Los norteamericanos no habrían caminado sobre la Luna si no hubiera sido por las contribuciones árabes a las ciencias exactas, dicen por ejemplo. Y al mismo tiempo censuran a Occidente por ser superficial, materialista, decadente, irreligioso y científico. Este materialismo científico se contrasta con la supuesta espiritualidad superior de los musulmanes (aunque no queda muy claro por qué la ciega obediencia a un libro se considera espiritualidad). El solo hecho de hablar de la influencia del islamismo en Occidente revela un complejo de inferioridad, como si los únicos elementos valiosos de Occidente fueran los legados por el islamismo. Y, por supuesto, pone de manifiesto el sentimiento musulmán de fracaso e incompetencia actuales. – Ibn Warraq en “Por qué no soy Musulmán”)

Mientras tanto, en la República Islámica de Pakistán seguirán siendo virtuosos, espirituales y homogéneos, aunque sea vía ley anti blasfemia, para acallar a los diferentes.

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Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

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