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Introducción a la pseudociencia: Psiconeuroendocrinoinmunología

No, no es un trabalenguas, ni una palabra sin sentido de una película infantil. La psiconeuroendocrinoinmunología es una de esas pseudociencias que apuestan por asentar sus bases sobre la ciencia, y a partir de ahí mezclar churras con merinas y acabar liándolo todo.

Vamos por pasos. La psiconeuroendocrinoinmunología usa en su nombre el de varias disciplinas, con base científica, que tratan temas relacionados con la salud: la psicología, que estudia la conducta y procesos mentales, la neurología, que estudia el sistema nervioso, la endocrinología, que estudia el sistema endocrino y las hormonas, y la inmunología, que estudia el sistema inmunitario y cómo el cuerpo se defiende de las agresiones.

Hasta aquí, bien. Si tomamos simplemente el nombre podemos pensar que la PNI es una ciencia que estudia las conexiones entre estos sistemas fisiológicos, conexiones que sabemos desde hace años que existen. Y de hecho así es como se presentan sus defensores. Sin embargo, a partir de estudios serios de cómo la respuesta al estrés puede influir en la respuesta inmunológica, por ejemplo, llegan a conclusiones delirantes y utilizan terapias sin base científica ninguna.

La conexión entre las malas condiciones ambientales y la enfermedad (vista como un fallo en los sistemas neuroendocrinos e inmunológicos) sabemos que existe desde hace tiempo. En 1936, Hans Selye presentó el síndrome general de adaptación, tras comprobar que daba igual qué sustancia inyectara a sus ratas de laboratorio, en todos los casos provocaba úlceras de estómago, involución del timo y aumento de las glándulas adrenales, incluso con el placebo. Por el simple hecho de manipular a la rata le provocaba lesiones varias, y siempre las mismas. Lo llamó síndrome general de adaptación, para describir los cambios que realiza el cuerpo para adaptarse a una situación nociva. Años más tarde acuñó el término estrés para referirse a esas situaciones nocivas, y vio que la respuesta al estrés era la misma fuera cual fuese el agente estresante: manipulación, hambre, frío, calor, irritantes… En los siguientes años, se continuó investigando y se descubrieron las hormonas y neurotransmisores relacionadas con la respuesta al estrés, y el eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, verdadero mediador de todos los efectos que había observado Selye (uno de sus alumnos, Roger Guillemin, obtuvo el Nobel de medicina en 1977 por el descubrimiento de hormonas hipotalámicas, entre otros estudios en el campo de la neuroendocrinología).

Además de la relación del estrés con la respuesta neuroendocrina e inmunológica, sabemos que hay varios tipos de estrés en cuanto a su origen, aunque todos deriven en una misma respuesta. Selye se refería en sus estudios a situaciones nocivas medibles (estrés térmico, falta de alimento, tiempo de manipulación, inyecciones dolorosas…) pero ahora sabemos que no sólo hay estrés físico, sino también social, provocado por aislamiento, por competencia social por recursos o agresividad desplazada. Este tipo de estrés puede verse en todas las especies animales, pero el ser humano somos los reyes, porque tenemos una capacidad única: la de anticiparse a los acontecimientos. No sólo sufrimos el estrés social cuando un individuo dominante nos pega la bronca, si no que somos capaces de empezar a sufrirlo pensando que va a pasar. Por ejemplo al llegar demasiado tarde a casa después de una noche de fiesta (sabiendo que tus padres te estarán esperando enfadados), o hacer algo mal en el trabajo que va a hacer que tu jefa te diga cuatro cosas desagradables, o perder ese cliente que llevas tiempo persiguiendo. Esa anticipación hace que alarguemos el estrés, cronificándolo.

Así que sí, la psiconeuroendocrinoinmunología tiene una base científica, unos mecanismos hormonales e inmunológicos bien estudiados, con unos desencadenantes (estresores) más o menos definidos.

Y aquí es donde damos el salto a la pseudociencia.

Porque a partir de lo anterior, deciden que si el estrés te puede enfermar… la calma y tranquilidad te pueden sanar. Y se quedan tan anchos. Y ya de paso añaden algunas otras pseudoterapias new-age con nombres ostentosos.

Los modernos psiconeuroendocrinoinmunólogos, lejos de escribir en revistas científicas revisadas por pares, lo hacen en páginas web en las que afirman cosas como:

La mayoría de las patologías tienen su origen en desequilibrios hormonales de algún tipo.

 

Las enfermedades son el resultado de un desequilibrio a nivel bio-psico-social-medioambiental y han de verse como un aviso del cuerpo de que hay que cambiar algo en nuestra vida. Nuestra mente se comunica con nuestras células, nuestras células se comunican entre sí y con nuestra mente.

Y de ahí pasan alegremente a hablar de:

Terapia neural: en la que ¡te inyectan procaína! en puntos donde el sistema nervioso “se bloquea” (y no, no hablan de pinzamientos de nervios) porque

Eliminando estos bloqueos que alteran el intercambio de información y elaboran estímulos irritativos a la red nerviosa, se pretende reactivar los mecanismos de regulación para que el propio organismo produzca sus propias reacciones autocurativas, desarrollen su actividad y le conduzcan a un nuevo orden mediante su propia fuerza vital. Por eso se complementa con medidas higiénico – naturistas.

Terapia regenerativa: que por lo que he visto va desde inyectar células madre fetales de bovino hasta esto (que no sé cómo describir):

El método es muy sencillo: la estimulación de los huesos activa el flujo de energía y la transporta por el cuerpo entero. Una vez activada la energía solida más profunda (los huesos), limpia todos los niveles dentro y fuera del cuerpo (aura), porque usa la energía “de reserva” del paciente, bloqueada y almacenada en los huesos, por lo cual no hay efectos secundarios.

Terapia neuroregenerativa: que es básicamente una acupuntura en la que te dejan dentro el trozo de aguja, llamándolo “acupuntura permanente”.

Nutrición ortomolecular: basada en la ingestión de cantidades muy altas, casi tóxicas, de micronutrientes como vitaminas o minerales.

Y sigue: iridología, dieta paleolítica, slowfood, hipersensibilidad química múltiple, radiaciones electromagnéticas, cristales de agua consciente, ozonoterapia, osteopatía avanzada, acupuntura … pero lo dejo ya o no acabaremos nunca.

Una de las cosas que más me molestan de las pseudoterapias es que se vistan de ciencia, porque no es fácil detectarlas. Y la PNI lo hace estupendamente.

 Foto de cabecera: interacciones sociales en ratones, usados en investigación neuroendocrina de verdad.

 

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Elara

Elara

Veterinaria, eterna doctoranda, lectora empedernida, rolera, gamer y friki hasta la médula. Intenté ser homeópata, acupuntora, naturista, lectora de manos, médium y católica, pero lo tuve que dejar porque no me creí nada. Y descubrí que lo que pasaba es que era escéptica.

1 Comment

  1. February 26, 2015 at 6:31 pm —

    Muy interesante. No sé si existe, pero parece que merecería la pena hacer una genealogía de este tipo de movimientos, porque parten de muchas bases comunes (o las adaptan a su manera). Probablemente ya conozcas (y si no, les conocerás pronto) a http://quemalpuedehacer.es/blog/2015/02/23/apoyo-queja-sobre-pseudociencia-bioneuroemocion/

    Hay un punto interesante en común con lo de la enfermación por estrés y sanación por relajación (ellos lo enredan hablando de conflicto psicológico que produce metilación epigenética, y desmetilación durante un periodo de “cuarentena” para conseguir remisiones espontáneas, pero viene a ser el mismo perro con distinto collar).

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