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Posts desde Skepchick: Conflictos con el ateísmo Parte I – De una mamá india-americana criada atea

Dios es un bravucón mezquino y agresivo, concentrado en vengarse de sus hijos por no estar a la altura de sus estándares imposibles.

 

¿Por qué debería querer ver hoy a Dios mejor que eso? Veo algo de Dios cada hora de las veinticuatro, y a cada momento. En las caras de los hombres y las mujeres veo a Dios, y en mi propia cara en el espejo; encuentro cartas de Dios caídas en la calle, y cada una está firmada por el nombre de Dios.

Estas citas contradictorias son del mismo hombre, el gran poeta y humanista Walt Whitman. Su trabajo me llega al corazón y a menudo refleja mi conflicto espiritual interior. A lo largo de su conocido “Briznas de hierba” se enfrenta a la espiritualidad, dios y la religión. Tal vez por eso me identifico tanto con su trabajo. (Esta es también la razón por la que me sienta fatal esa abominación que es también mi placer culpable: los tuits #HipsterWaltWhitman.)

Fui criada como atea. Esta es una experiencia bastante poco común para los estadounidenses de mi generación, aunque se está volviendo más común a medida que el número de padres ateos aumenta. Menos común es mi educación atea por padres inmigrantes que habían sido hindúes. Escribo esto porque últimamente he tenido frecuentes conversaciones sobre el tema. Recientemente me sentía espiritualmente vacía y tuiteé lo siguiente:

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Fui educada como una atea acérrima. De vez en cuando tengo ese deseo irracional de creer totalmente en un dios. Suena acogedor.

Los mensajes directos que recibí en respuesta fueron sorprendentes, sobre todo por lo que se maravillaban al verme como un raro espécimen de treintañera criada como atea. Digo sorprendente porque, desde mi punto de vista, haber sido criada como atea parece el menos anómalo de todos los aspectos atípicos de mi educación. Sin embargo, siempre respondo a las preguntas abiertamente, tanto si la persona que pregunta es religiosa como atea o cualquier cosa entremedias.

He aquí una historia abreviada de mi educación atea

Mis padres se trasladaron a los EEUU desde la India unos años antes de que yo naciera. Mi padre, un brillante biólogo molecular, fue criado hindú en la India, y de joven se identificaba a sí mismo como ateo. A medida que tenía más conocimientos científicos, no podía conciliar eso con la creencia en dioses. Mi mamá también fue criada como hindú y parecía relativamente secular aunque ella no era tan explícita ni tan franca sobre sus creencias.

No recuerdo haber pensado mucho acerca de Dios, el cielo, el infierno, o el más allá cuando era muy pequeña. Pero como todos los padres saben, los niños no viven en una burbuja de creer/no creer cautelosamente reventada por sus padres. A medida que empecé a hacer amigos y a leer ávidamente, mi mente en desarrollo ponderó las preguntas que todos los niños se hacen. Recuerdo haberle preguntado a mi papá sobre el cielo, Dios y el más allá a una edad temprana. Él me explicó que la vida es simplemente un fenómeno bioquímico y neurológico, y que la muerte termina ese proceso. Le pregunté qué sucede después de que el proceso haya terminado. Él respondió que la muerte es como “dormir sin sueños.” El cuerpo se descompone y es consumido por gusanos y microorganismos, y eso es el círculo de la vida. Estimado y querido pequeño universo, estaba aterrorizada. He pasado el resto de mi vida desde entonces pensando en eso. Como nota al margen, recuerdo claramente tener miedo de la oscuridad poco después de ello. Mi madre me dio un pequeño tapiz con representaciones de dioses hindúes. Dijo algo en el sentido de que “aunque estos dioses no son reales, ¿por qué no lo pones bajo la almohada? Podría darte un poco de consuelo”. Sabía que era muy cariñoso por su parte, pero yo tenía mis dudas. Aún así, dormí con la tela debajo de mi almohada durante meses, aferrándose a una brizna de esperanza de que solo tal vez esos dioses podían protegerme.

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Deidades hindúes

Debo recalcar que, en retrospectiva, sé que mi padre tenía la mejor de las intenciones. Todavía recuerdo el brillo en sus ojos mientras recordaba sus creencias. Es precisamente el mismo brillo que le iluminaba cuando compartía frecuentes conversaciones sobre temas maravillosos durante toda mi infancia y adolescencia. Divagábamos juntos durante horas sobre el universo infinito, la belleza y la simetría de la naturaleza, y los grandes descubrimientos científicos. Es obvio que cuando me explicaba la muerte simplemente creía que compartía su respeto hacia una verdad científica.

Sin embargo el hombre que me explicó la muerte era una versión mucho más joven de su actual yo mucho más sabio. Creo que, si hubiera sabido lo que sabe ahora, habría llevado esa conversación de manera muy diferente. Además, el mismo hombre que parecía pensar que esas ideas eran superiores a las de sus compañeros religiosos ha suavizado su postura. Ya no predica a los creyentes los errores de sus caminos como lo hizo una vez.

¿Qué he aprendido al haber sido criada como atea?

He llegado a la conclusión de que no puedo estar segura de que no exista el conocimiento más allá de la muerte. No puedo estar segura de si existe o no un poder superior en el universo. Aunque todavía me identifico como atea o agnóstica-atea dependiendo de mi estado de ánimo, planeo explicar mis creencias a mis hijos de una manera muy diferente a como lo hizo mi padre. Espero dar a mis hijos la capacidad de tener una mente abierta y decidir por sí mismos. Cuando nos pregunten les explicaremos algunas de las creencias comunes, incluida la nuestra. Dejaremos claro que ellos son libres de hacer preguntas o discutir el tema a medida que crecen. Mi marido, que se crió en un hogar no religioso y se considera “ateo, pero agnóstico/no religioso para los estándares ateos”, está de acuerdo.

En cuanto a la ética, nuestro enfoque será similar a cómo lo hicieron nuestros padres con nosotros. Me enseñaron principalmente que la noción del bien y el mal es probablemente instintiva/innata, y que la mayoría de los seres humanos debería encontrar visceralmente censurable dañar a otros. Mi padre a menudo contaba historias de colegas o amigos preguntando de dónde sacó su sentido de la moralidad sin religión. Yo compartía con lealtad su desconcierto.

Galaxia Andrómeda

Galaxia Andrómeda

Como hermana mayor y madre de dos hijos, veo que los niños de la misma familia pueden responder muy diferente ante circunstancias similares. Aunque yo nunca me identificaría con una religión en particular, sigo siendo incapaz de librarme de los efectos de la explicación de mi padre. El miedo infantil que se apoderó de mí entonces todavía me golpea en momentos inesperados. Al mismo tiempo, me imagino que mi padre le explicó a mi hermana una historia parecida, ella la consideró por un momento, y pasó a ver un episodio de Wishbone. (Esto es solo mi percepción. Solo ahora me doy cuenta de que nunca he hablado de esto con ella.) Por eso nos esforzaremos por tener en cuenta las diferencias de personalidad de nuestros hijos y discutir estos temas en consecuencia. Un buen amigo mío expresó muy bien lo que yo nunca haré, que es el intento de “interpretar el misterio” de una manera definitiva. Tendrán que hacerlo por sí mismos.

Manteneos a la escucha para la segunda parte de “Conflictos con el ateísmo”, en la que discutiré mi visión del complejo de superioridad ateo, y por qué nosotros, como ateos, no somos inmunes a la ignorancia.

Imagen de portada.

SOBRE LA AUTORA
KavinSKavin Senapathy es una agnóstica inquisitiva nacida y educada atea y viviendo en Madison, Wisconsin, con su marido nerd, una curiosa hija de 3 años, un hijo más pequeño, y un perrito. Sus intereses y pasatiempos fluctúan salvajemente, pero siempre consisten en la familia, leer y escribir, la poesía, el queso, el mundo de lo humano, la genética y la bioinformática, y Michael Jackson. Con raíces en el sur de la India, espera enseñar a sus hijos birraciales todo tipo de cosas sobre su herencia cultural. Las opiniones expresadas son de ella y no reflejan las de su empleador. A Kavin le encantan las redes sociales, por favor seguidla en Facebook y en Twitter @ksenapathy.
Puedes encontrar el post original en inglés aquí.

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Ex-superhéroe atropellado. Escéptico, nihilista, ingeniero naval. Pensativo, vivo sin vivir en mí, buscando respuestas en los posos de mis Crunchy Nuts.

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