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No solo letras: El ladrón de cerebros

El libro que les voy a recomendar a continuación ha tardado varios años en llegar a mis manos, por diversos azares de la vida y a pesar de que el autor es uno de mis divulgadores de referencia. Pero esto no quiere decir que el libro sea prescindible, ni mucho menos.

 

Recuerdo que oí hablar de Pere Estupinyà hace varios años, cuando solo era una estudiante de primer año de carrera, allá por 2007, y todavía no sabía muy bien para qué servía eso de enseñar ciencia a la gente que no se quería labrar una carrera con ella o a través de ella. De hecho, seguí su blog: Apuntes científicos desde el MIT casi desde el principio. Me fascinaba la manera en que era capaz de transcribir todo ese conocimiento que iba adquiriendo gracias a su beca Knight de periodismo científico, sobre todo cuando yo no era capaz de asimilar ni el 50% del contenido de mis clases de primer año.

 

Estupinyà fue el primer divulgador al que yo conocí, luego vinieron muchos más.

 

En 2010 publicó su primer libro: El ladrón de cerebros. Pero hasta hace poco más de un mes no llegó a mis manos. No crean que no me arrepiento de no haberlo leído antes.

 

Con un estilo sencillo y amigable, Estupinyà es capaz de sumergirnos en los avances científicos de los últimos 10 años. Por muy arduo que sea el tema, consigue engancharnos con su tono cercano y entusiasta. Para él la ciencia es divertida, apasionante, en ocasiones asusta o emociona.

 

Pero no crean que porque el autor es químico solo toca este tema en su obra, ni mucho menos: tecnología, astronomía, física, ciencia de materiales, del clima, neurociencia, biología, ingeniería y, por supuesto, química son algunos de los temas de los que está empapado el libro de principio a fin.

 

El estilo de Estupinyà me gusta especialmente porque no se limita a escupir datos, leyes, o descubrimientos científicos, sino que va más allá y pone cada uno de los temas que trata en su propio contexto tanto científico como social. Y no solo eso, sino que con su propia exposición nos hace pensar sobre esas implicaciones sociales de la ciencia.

 

Una buena parte del libro está dedicada al cambio climático (en los años anteriores a la publicación del libro se dieron gran cantidad de descubrimientos en este campo). Éste probablemente sea uno de los temas más sociales en ciencia: el ser humano es el responsable, es el que se ocupa de estudiarlo y el que sufrirá las consecuencias (entre otros animales del planeta). El autor nos muestra la dificultad de transmitir el conocimiento científico a políticas efectivas contra el cambio climático, los fracasos en las cumbres climáticas y el mal llamado escepticismo del cambio climático, por esa misma dificultad.

 

Pero si tengo que quedarme con algo del libro será la entrevista a la astrónoma Vera Rubin, cuyas obsevaciones se toman como la primera evidencia experimental de la existencia de la materia oscura.

Cómo no, Rubin tuvo dificultades para poder hacer una carrera en astronomía: para empezar, trató de estudiar en Princeton, pero nunca dejaron que se matriculase porque las mujeres no podían graduarse en astronomía en aquel momento (ni hasta 1975); fue la primera mujer en poder acceder a las instalaciones del observatorio de Palomar, en California, ya que antes no se permitía el acceso a ninguna investigadora; a pesar de su gran trabajo y descubrimientos, en los medios solo era una “joven madre” que descubrió algo en un trabajo de hombres.

Como consecuencia de las constantes trabas a las que se vio sometida durante su carrera, Rubin sigue apoyando a las mujeres en ciencia, tanto a nivel público como laboral, insatisfecha con el bajo número de mujeres elegidas anualmente para la National Academy of Sciences.

En mi opinión, Estupinyà supo plasmar perfectamente el espíritu pionero y luchador de Rubin en su entrevista.

 

El ladrón de cerebros no se parece a ningún otro libro de divulgación que hayan podido leer en español, de hecho a mi me recuerda en ocasiones al estilo más dicharachero de Carl Sagan (salvando las distancias).

 

Si el libro cae en sus manos, no dejen de leerlo. No dejen pasar los años como hice yo, o se arrepentirán. Durante sus 456 páginas podrán empaparse de la ciencia más puntera de los últimos años.

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silvialba

silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

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