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Charlatán del mes: el movimiento anti vacunas

Este mes me ha resultado muy complicado escoger a un solo charlatán, sobre todo porque el Papa Francisco está empeñado en acaparar el título.

 

Pero dejando de lado a las malvadas personas trans* nucleares que conspiran para destruir el mundo, hablemos de un problema real: el movimiento anti vacunas.

 

Una enfermedad se considera erradicada cuando no se registra ni un solo caso en todo el mundo. La viruela, por ejemplo, se consideró erradicada en 1980, sabiendo que desde 1978 no hubo más casos registrados hasta el día de hoy.

Pero la viruela no desapareció por arte de magia, sino que es la consecuencia de uno de los logros científicos más importantes del siglo XX. Una gran campaña de vacunación respaldada por la OMS y a nivel mundial acabó con la enfermedad, que en los años 50 afectaba a más de 2 millones de personas al año matándolas o dejándolas desfiguradas de por vida.

 

Actualmente la OMS también se propone erradicar enfermedades como el sarampión, la rubeola o la varicela, promoviendo la vacunación con calendarios de inoculaciones que nos permitirían desarrollar una resistencia inmune a estos virus. Y aquí es donde aparecen nuestros charlatanes del mes: el movimiento anti vacunas.

 

El movimiento anti vacunas se caracteriza por negarse a acatar los calendarios de vacunaciones para sí mismos o para sus hijos, poniendo así en riesgo la inmunidad de grupo y haciendo más difícil si cabe la erradicación de enfermedades que pueden ser graves o mortales.

 

Así, el movimiento anti vacunas hace gala de una ignorancia voluntaria, una especie de desobediencia civil, pero no basada en la evidencia. O basada en chorradas, directamente, como en los “estudios” donde se supone que hay una demostración de que las vacunas causan autismo.

 

Pero no confundamos el movimiento anti vacunas, que normalmente forma parte de la clase media o alta, con medios suficientes como para dar por hecha su buena salud, con colectivos marginados que por falta de medios o educación no pueden acceder a los calendarios de vacunación y, por tanto, constituyen también un posible foco de contagios.

 

No, los anti vacunas no son víctimas, son verdugos. Negándose a vacunarse o a hacerlo con sus hijos, están logrando que la inmunidad de grupo descienda por debajo de niveles que se consideran seguros. Un niño de clase media o alta sin vacunar no supone a simple vista un riesgo para la salud pública o para sí mismo, pero ¿qué ocurre si son miles los no vacunados? Pues la noticia es reciente: brote de sarampión en Disneyland, con más de 100 afectados en varios estados. Y todo comenzó con una sola persona infectada.

 

El sarampión se consideró erradicado en EEUU desde el año 2000, pero la vacunación sigue siendo necesaria dado que en el resto del mundo se siguen dando casos de la enfermedad, por lo tanto no está erradicada sino solo controlada en una determinada zona.

 

Los síntomas del sarampión son de sobra conocidos: fiebre y erupción de la piel. Los primeros 2 o 3 días aparece la fiebre y podemos sentirnos como durante un catarro, luego aparecerán las manchas en la piel acompañadas de picor, primero detrás de las orejas y extendiéndose por el resto del cuerpo. La infección es posible desde los primeros síntomas hasta unos días después de la aparición del sarpullido.

 

Visto así, puede parecernos que la enfermedad en sí no es grave, sino solamente molesta; pero las complicaciones son más comunes de lo que podríamos pensar y el sarampión podría venir acompañado de diarrea, neumonía o encefalitis. Los adultos son más propensos a las complicaciones. La tasa de mortalidad es de 1 entre 1000, aumentando con la malnutrición y un sistema de salud deficitario a un 10%.

 

Haber contraído y curado la enfermedad inmuniza, pero esa no es excusa para hacer fiestas en las que los niños se contagien y la pasen (párrafo superior, parte de las complicaciones).

 

Aunque la tasa de complicaciones no es alta, la enfermedad es tan contagiosa que, de darse un gran brote, se estima que el número de personas que sufrirían esas complicaciones entre la población no inmune saturarían rápidamente los recursos hospitalarios disponibles (eso donde los haya). No sé por qué se empeñan en Hollywood en hacer películas de contagios con enfermedades inventadas, si el sarampión parece igual de terrorífico.

 

Para evitar este escenario apocalíptico, lo mejor es administrar a nuestros hijos la vacuna triple vírica a partir de los 18 meses, y el recuerdo a los cuatro o cinco años. No eres mal padre o madre si vacunas a tus hijos, pero sí lo eres si no lo haces y desatas un apocalipsis zombie de sarampión. Piénsalo.

 

Como mujer adulta con todas sus vacunas en regla, pero que no ha pasado el sarampión, también te pido que pienses un poquito en mí cuando decidas no vacunar a tu prole. Con mi afición a los dulces no sería capaz de sobrevivir a un apocalipsis zombie ni cinco minutos. Hazlo por los dulces.

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silvialba

silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

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