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¡Dioses!: Shu

El aire es una mezcla de gases que por su composición permiten y sustentan la vida en la Tierra. Dada su importancia, no es de extrañar que en las mitologías que han precedido al sistema de creencias moderno se le haya adorado como a un dios. Como en el caso de Shu.

 

Shu es el dios egipcio del aire atmosférico y la luz. Es el responsable de los fenómenos atmosféricos que no causan mal alguno. Gracias a él, los rayos del sol llegan a nosotros y nos calientan y secan; permite el viento y es el aliento vital de todo ser vivo.

 

Su padre fue el dios creador Atum-Ra, quien tuvo gemelos: Shu y su hermana Tefnut (humedad). La historia de su nacimiento es más o menos así: Atum tenía en muy alta estima a su mano derecha, tanto que le encantaba masturbarse; pero para la creación de sus hijos no solo se frotó hasta que salieron los pequeños, sino que puso su semilla en su propia boca, la insufló de vida y ¡puf! gemelos. Me pregunto si también habrá un mito de cómo Atum se arrancó unas pocas costillas para lograr tal proeza.

 

La parte rara de la historia no termina ahí, ya que Tefnut no solo es su hermana sino que también es su esposa (dice el mito que al ser gemelos son dos partes de una misma alma), con quien a su vez tiene dos hijos: Nut (la diosa del cielo) y Geb (el dios de la Tierra).

 

Nut y Geb también tienen una especie de relación incestuosa, pero esta vez papá Shu tiene que mediar porque estarían abrazados por toda la eternidad y eso solo desataría el caos en el universo. Es por eso que Shu siempre debe estar entre Nut (el cielo) y Geb (la Tierra) y se le representa sujetando a su hija, mientras que su hijo está reclinado por debajo de él.

 

Otra de las proezas de Shu es proteger a Ra (el sol) de la serpiente Apep. Apep o Apophis es el espíritu del mal, que amenaza con destruir a Ra mientras viaja por el inframundo (o mientras en la Tierra reina la oscuridad de la noche).

 

Como dios protector, Shu es el encargado de sujetar la escalera que utilizan las almas de los difuntos para subir al cielo. Pero también tiene un lado oscuro, ya que está presente en el juicio de las almas y azuza a los espíritus encargados de torturar a los que no han sido buenos en vida.

 

Siendo dios del viento, los marineros y pescadores se encomendaban a él para que sus viajes fueran propicios, ya que Shu proporcionaba el viento necesario para accionar sus velas.

 

Se creía que sus huesos estaban formados por la misma materia que las nubes y que éstas salían de allí.

 

No hay constancia de que Shu tuviese un templo propio o una ciudad de la que fuese patrón, pero sí que era respetado y venerado en todo Egipto.

Se le representa como a un hombre tocado con varias plumas de avestruz y sosteniendo un cetro. O bien rodilla en tierra y sosteniendo el cielo con sus manos. Cuando se le ve junto a sus esposa-hermana Tefnut, ambos se representan como humanos con cabeza de león (ambos son guerreros porque tienen la misión de proteger a su padre).

 

Lo que nos demuestra el dios de hoy es que se puede mejorar el mito de la concepción virginal, solo es necesario añadirle un poco de onanismo y mucha imaginación.

 

Para saber más sobre Shu, en inglés.

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silvialba

silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

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