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Posts desde Skepchick: Cómo simular lo que no sabes en una cata

Actualmente estoy en la etapa final de preparación para un curso de vinos y el consiguiente examen de certificación que, si apruebo, me dará un Nivel 3 WSET de sumiller y por tanto estaré cualificada para impresionar a mis padres. Con este fin he reunido a un grupo de estudio semanal en los últimos meses, y es tan raro como sería de esperar de un grupo de personas cuya idea de divertirse consiste en pasar el rato en la parte de atrás de una tienda de vinos revisando etiquetas y buscando en un mapa regiones desconocidas.

Tenemos una sesión de revisión esta semana, e invité a que vinieran a algunos amigos no muy metidos en el mundillo del vino, prometiéndoles que sería una noche especialmente divertida y sencilla, sin estar dedicada a ningún tema sobre vinos en particular. Me hicieron, de una manera un tanto diferente, la pregunta que probablemente más me han hecho en mis siete años de obsesión vinícola.

“¿Puedes enseñarnos algunos términos de enología, para que parezca que sabemos de lo que estamos hablando?”

Una cata de vinos puede ser un asunto confuso e intimidatorio para los novatos; me imagino que provoca las mismas emociones que siento yo cuando me invitan a un hackaton de programadores. La gente en general parece saber que se supone que debes hacer girar el vino y olerlo, pero no saben lo que estás buscando, y en cuanto a lo que hay que decir sobre él – ahí la cosa se pone como para echarse a temblar.

Yo animo a todo el mundo a que aprendan más sobre vinos, y he tratado de hacer algunos conceptos más accesibles a través de mis posts sobre vinos en esta web, pero no espero que los demás se vuelvan tan obsesos como lo soy yo. Si no estás interesado en ir más allá en tus conocimientos sobre el vino porque eres una de esas personas, al igual que el típico personaje de telecomedia que prefiere idear una treta antes que admitir no saber algo, resulta que hay unas pocas estrategias realmente buenas para simular lo que no sabes en una cata a ciegas.

1. Repetir la última palabra que otro ha dicho acerca de un vino, y añadirle un adjetivo más

Esta es cortesía de un amigo sumiller. Cuando la persona a tu lado dice: “Mmm. Muy robusto”, tú di: “Sí. Robusto y oscuro”. O, asintiendo con la cabeza: “Robusto y atrevido”. Realmente no importa esa segunda palabra. Estás de acuerdo con alguien, y eso hará que los demás se sientan como que saben de qué demonios están hablando, que es lo único que uno quiere en estas situaciones. Mira si puedes conseguir que la cosa circule por el salón como una charla enológica que hace la ola o que forma un ciempiés humano.

2. Hacer muchos ruidos

Sorber, mascar y escupir el vino no es solo una gran manera de airearlo y cubrir tu paladar; tiene también el doble mágico objetivo de intimidar a la gente con tu evidente compromiso con esa experiencia sensorial, a la vez que indica que claramente estás ocupado y no puedes hablar en ese momento. Denota también una cierta grosería.

3. Aprender un término sobre vino largo y cómo pronunciarlo

Cuando hice la entrevista para mi primer trabajo como vendedora de vino tenía pasión por el vino, pero enormes lagunas en mis conocimientos, y estaba haciendo un gran trabajo ocultándolas hasta que el que iba a ser mi jefe me pidió que nombrara algunos de mis vinos favoritos de España. Podría haber nombrado cincuenta bodegas sudafricanas u oscuros embotellados de Long Island, en cambio no sabía casi nada de la región que suministraba a la tienda más productos que ninguna otra en el mundo. Solo tenía una palabra en mi cabeza asociada con el vino español, y aunque no sabía ni lo que significaba ni su papel en la industria del vino, me lancé y la dejé caer con confianza.

“Bierzo”, dije arqueando las cejas, como si fuera una entendida que acabara de escribir una entrada en mi diario sobre el tema. “Me encantan los vinos del Bierzo”.

Mi entrevistador se recostó en su silla y, por un instante, temí haberme traicionado a mí misma.

“¡Uau, realmente eres una friki del vino!”, exclamó con aprobación, y se lanzó a un tratado con sus ideas sobre la posición del Bierzo en el mercado internacional del vino que duró varios minutos, mientras yo suspiraba con alivio. Ese se convertiría en uno de los mejores trabajos que he tenido.

Con esta anécdota para levantar el ánimo, simplemente practicad una frase del tipo: “Me recuerda a un Trockenbeerenauslese” o “¿Hay Auxerrois en esto?” Y nadie os molestará.

4. Muestra aversión

Que algo te guste es para aficionados. Si haces muecas de disgusto y escupes el vino en una escupidera como si fuera leche agria, la gente asumirá que estás acostumbrado a una calidad tan alta en tus libaciones que no puedes soportar esa porquería. Tal vez te echen de la bodega, pero tu estatus como connoisseur quedará intacto.

5. Toma notas

Lleva un cuaderno moleskine a sus catas y garabatea con entusiasmo en él mientras bebes, y que todos a tu alrededor vean que estás demasiado ocupado y absorto en tus pensamientos para ser molestado. La letra de “Alice’s Restaurant” funciona si necesitas volumen. Si alguien te pregunta qué estás escribiendo, simplemente mira profundamente en su alma y murmura de manera sombría, como supuestamente hizo Don Periñón: “Estoy saboreando las estrellas.”

Para aquellos de vosotros que queráis aprender un poco sobre vinos y no os importe admitir que sois novatos, os contaré un secreto de los frikis del vino: nos encantan los puntos de vista de los profanos. Nos sentamos juntos y hablamos de los propietarios y los catálogos y la acidez, y a veces nos sentimos como expulsados del disfrute real de una deliciosa copa de vino, por no hablar del valor social de compartir una botella con amigos. Es francamente refrescante estar con gente que simplemente dice: “¡Está bueno!” o “no me gusta”, porque nos da pistas sobre los intereses del consumidor medio de vino y es una reacción deliciosamente franca.

Lo mejor de todo es que los que no son unos frikis del vino hacen las mejores preguntas y tienen las mejores notas de cata. Me encanta cuando me llevo a amigos a catas de vino y detectan sutiles notas de sabor en un vino antes que yo – porque todos vamos a una cata con expectativas y experiencias completamente diferentes. Y es rodeada de no-frikis del vino que recibo preguntas como “¿Cómo compararías este vino frente a otros vinos blancos?”. Preguntas que son totalmente geniales porque me retan a poner en contexto mis ideas preconcebidas.

SOBRE LA AUTORA

Julia BurkeJulia Burke es una escritora y periodista free lance con interés por la justicia social y pasión por el vino, la cerveza y la comida. Un compañero de trabajo la describió hace poco como “un sarcástico rayo de sol”. Síguela en Twitter o en Google+, o pásate por su web en Stellenbauchery.

 

Puedes encontrar el post original en inglés aquí.

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Posts desde Skepchick es la sección en la que semanalmente traeremos traducido un interesante artículo publicado originalmente en alguno de los blogs de la Red Skepchick: Mad Art Lab, Teen Skepchick, Queereka, Skepchick.se, Skepchick.no, School of Doubt, Grounded Parents, Skeptability y, por supuesto, Skepchick.

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Ex-superhéroe atropellado. Escéptico, nihilista, ingeniero naval. Pensativo, vivo sin vivir en mí, buscando respuestas en los posos de mis Crunchy Nuts.

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