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Devorando Palomitas: Jurassic World

Vivimos una época de nostalgia perpetua en el cine, echando un vistazo rápido a la cartelera podemos encontrarnos al menos dos películas que sean remakes o continuaciones de películas o sagas de los años 80 y 90 del siglo pasado. Es como si ahora toda tu generación (o la anterior) se dedicase a hacer el cine que vio cuando era niño o adolescente. Lo cual no es un problema en sí mismo si se afronta con originalidad y actualizando las tramas de entonces, cosa que no todos los directores/guionistas consiguen.

Jurassic World (2015) es heredera de aquel Parque Jurásico del 1993, suponemos que algo habrá cambiado en 22 años, ¿no?

[Atención: a partir de aquí habrá spoilers]

Como recordarán de hace 22 años, un excéntrico multimillonario apasionado de los dinosaurios quería abrir un parque temático dedicado a tan adorables animalitos, pero el plan salió mal por varias razones: algunos animales morían porque el ambiente en el que eran criados no era propicio, lo que en un principio iban a ser animales estériles resultó en una orgía de sexo jurásico con consecuencias terribles para la biodiversidad de la Isla Nublar y finalmente, está el pequeño problema de contener a animales que se comerían a una piara de cerdos entera de aperitivo. No es de extrañar que personal del parque muriera y el proyecto se acabase desechando.

No obstante, hubo a quien le quedaron ganas de volver a la isla, a ver si los pobres dinosaurios abandonados a su suerte seguían allí. E incluso una tercera vez trataron de llevarse al animal más grande y peligroso de todo el parque en un barco porque, ¿qué podría salir mal?

Sin embargo, aquí estamos 22 años después, con el parque abierto y operativo. Un destino vacacional perfecto: naturaleza, resorts de lujo y tiendas de souvenirs.

Por lo visto, ahora sí, la tecnología ha avanzado lo suficiente como para solventar los pequeños problemas que abortaron la apertura del parque hace dos décadas. Pero no ha avanzado lo suficiente como para que las cosas no salgan rematadamente mal.

Comenzamos la película acompañando a dos hermanos en su viaje a la isla del parque, el pequeño entusiasmado y el mayor con un pavo que no se sacudirá hasta bien avanzada la película. Por alguna razón que se me escapa (al parecer están en proceso de divorcio, pero eso no es excusa para ser un maldito irresponsable), sus padres los envían solos al encuentro de su tía, la jefa del parque. Ella mientras recibe inversores para una nueva atracción, es una mujer muy ocupada.

Y aquí justamente es donde las cosas empiezan a torcerse: la nueva atracción es nada más y nada menos que un dinosaurio híbrido y muy inteligente, que va a desatar el caos en el parque. Como ya ocurriera con el tiranosaurio en anteriores entregas, este nuevo Bichosaurus haztecaquitae se escapa y se dedica a matar a todo bicho viviente por diversión.

¡Pero sigue sin tener plumas, ni los rasgos que ahora sabemos que tenían algunas especies como los velocirraptores! ¡¿Por qué narices los dinosaurios siguen siendo como hace 20 años si ahora sabemos más cosas de ellos?! Muy sencillo: porque la gente que visita el parque (léase: el que paga) quiere ver a los dinosaurios de hace 20 años, lagartos enormes cargados de dientes ensangrentados. Salgan a la calle, pidan a unas pocas personas aleatorias que describan a un dinosaurio y a menos que se encuentren con unos cuantos paleontólogos a la salida de un congreso, no encontrarán ni una sola pluma entre las descripciones.

Los personajes:

Owen (Chris Pratt): es tan macho alfa, pero tan macho alfa, que es capaz de domar a los velocirraptores.

Claire (Bryce Dallas Howard): es una mujer muy badass, pero todo el sexismo que pudiéramos esperar de la película se proyecta en ella. Mujer en un alto cargo, sin sentimientos y fría (las mujeres en el poder solo pueden ser así); avergonzada de su anterior affair con el alfa (porque una mujer no puede sentir otra cosa que vergüenza por un rollo de una noche) y a quien su hermana recuerda en todo momento que tiene que tener hijos, porque es lo mejor del mundo (que no sepa la edad de sus sobrinos y que los pierda en un parque con un dinosaurio que mata por diversión no le debe de dar una pista sobre lo horrible que sería como madre). Y además, en toda la película camina y corre con unos tacones que calculo como de 8 centímetros; recuerdo perfectamente estar pensando en sus pobres pies en la última hora de película. ¡Si hasta es capaz de correr delante de un tiranosaurio en tacones sin que la pille y sin torcerse un pie! (Una escena bastante ridícula, por cierto).

Gray y Zach: los sobrinos de Claire. La típica pareja de hermanos en la que el mayor adolescente se avergüenza de su hermanito friki, pasan por un trauma (un dinosaurio enorme casi se los come) y se dan cuenta de lo mucho que se quieren y se van a proteger aunque sus padres se divorcien. Zach además deja a una novia que le declara su amor para mirar en el parque a toda adolescente mona fijamente, con algún propósito que no soy capaz a descifrar.

Y luego están los demás: el rico que muere de manera ridícula haciéndose el héroe, y los malos que quieren utilizar a los dinosaurios con otros fines menos ociosos e igualmente lucrativos.

En definitiva, la película aprueba con un notable bajo: efectos especiales chulos y dinosaurios que a pesar de no tener plumas dan mucho miedo; pero sigue perpetuando el estereotipo de científico loco, peligrosidad de la ingeniería genética y personajes altamente previsibles.

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silvialba

silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

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