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Medicina alternativa, medicina que mata

Por un momento, solo por un momento, me he imaginado despertando en otro siglo que no es el nuestro. Una época en la que la medicina era un terreno abonado de supersticiones y remedios caseros de dudosa utilidad, una época en la que la ciencia moderna no era más que un germen diminuto en la cabeza de un sabio.

Pero no, definitivamente me he despertado en 2015 y la medicina se nutre de la ciencia moderna y de la investigación más puntera. Enfermedades que aterraban a nuestros abuelos ahora se han convertido en pequeños cultivos en laboratorios, preservados para la posteridad como un recuerdo de tiempos más duros. Gracias a las vacunas no he tenido que sufrir el sarampión, ni la varicela y mis alergias se han reducido a leves molestias en primavera. La responsabilidad de mis médicos, aquellos que aconsejaron a mis padres, lo han hecho posible.

Pero otros no han tenido la misma suerte, ya que charlatanes disfrazados con bata blanca (o ni eso) han embaucado a sus padres para que no se fíen de una medicina que cura y previene, una medicina que salva vidas. A cambio les han prometido remedios naturales o mágicos, que se pagan a precio superior al del oro y que no tienen ningún efecto beneficioso más que para el que cobra por ellos.

No tengo hijos y no puedo ni siquiera imaginarme el dolor de unos padres que pierden al suyo; pero me apena y me indigna al mismo tiempo que una muerte como la del pequeño de Olot haya podido ser evitada de una manera tan sencilla. Un pequeño pinchazo, unos lloros y una chuchería después y este niño habría cumplido muchos más de seis años.

Los responsables de la muerte de este pequeño no han sido las toxinas que provocan la enfermedad, sino todos aquellos que no hacen nada para evitar la infección.

Señalo con el dedo a todos los antivacunas que se pasean por medios de comunicación desinformando a padres temerosos de hacer lo mejor por sus hijos y con ellos a todos los periodistas que lo permiten y dan la misma validez a los argumentos de estos iluminados que a los datos científicos que refutan su impostura.

Señalo también a los vendedores de humo, irresponsables que se lucran con el sufrimiento ajeno y que venden muerte a precios desorbitados.

Y señalo finalmente a los médicos que, sabiendo que lo que recetan no es más que placebo, se han subido al carro de lo alternativo bien por desidia o por seguir el lucrativo ejemplo de otros que lo hacen sin conocimiento.

Todos ustedes, sinvergüenzas, son los responsables de esta muerte. Todos ustedes deberían vivir con la culpa de haber arrebatado una vida de una forma tan cruel, deberían estar en la cárcel con asesinos de su misma condición.

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silvialba

silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

1 Comment

  1. June 29, 2015 at 6:34 pm —

    Es curioso como a veces formas de pensar opuestas acaban convergiendo totalmente.

    Hace un siglo unos padres católicos podían dejar que un hijo se quedase tullido o que muriese antes de aceptar un remedio contra la polio por herético.

    Hoy día un testigo de Jehová es capaz de rechazar una transfusión, aún a riesgo de su vida, por su fe.

    Lo curioso es, como gente en un polo de pensamiento completamente opuesto (que ve en la Iglesia a un ente adoctrinante) está igualmente condicionada contra la ciencia y la medicina. Sus demonios en este caso supongo que serán algo parecido a: “establishment corrupto, intereses económicos de las empresas farmacéuticas…” o cualquier otro tipo de explicación peregrina.

    Esto viene a demostrar que el tener acceso a mayores cantidades de información no ha hecho de por sí al ciudadano medio menos vulnerable a la ignorancia y la manipulación de lo que lo era algún iletrado hace un par de siglos, sobre todo cuando esta información es abundante, compleja y en muchos casos contradictoria.

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