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Posts desde Skepchick: Vacunando a los bebés más pequeños

Mis hijos tenían treinta y dos semanas de gestación cuando el doctor dijo: “Parece que es hora de ponerles las vacunas de los dos meses.”

Retrocedí con sorpresa: técnicamente tenían los dos meses, pero eran bebés micro-prematuros. Si hubieran sido bebés nacidos a término, a ellos todavía les quedarían dos meses por nacer y eran muy pequeños.

Pesaban apenas 1,3 kilos. Estaban conectados a cables y tubos, y recibían tratamiento para varias condiciones que amenazaban sus vidas. Los médicos habían pospuesto procedimientos y cirugías hasta que estuvieran más saludables y más grandes.

No me malinterpreten. Estoy firmemente a favor de la vacunación. Pero, por dios, mis hijos ni siquiera se suponía que debían haber nacido todavía. Ellos eran pequeños y médicamente frágiles. Tenía que haber un error.

Le pregunté por qué no esperábamos hasta que tuvieran los dos meses de edad corregida (cinco meses reales), y el médico explicó que necesitaban sus vacunas a tiempo por todas las razones que causaban mi vacilación.

Debido a que eran médicamente frágiles, las enfermedades que otros niños podrían sobrevivir, los mataría. Porque a que las enfermedades de la infancia no esperarían hasta que tuvieran cinco meses de edad o alcanzaran un cierto tamaño. Porque, no importa cuánto tratáramos de protegerlos durante los próximos años, podrían entrar en contacto con personas no vacunadas, y tenerlos al día con el calendario de vacunación les daba la mejor oportunidad posible.

Mi bebé de 2 meses con un chupete para prematuros  (foto por deek, todos los derechos reservados)

Mi bebé de 2 meses con un chupete para prematuros (foto por deek, todos los derechos reservados)

Tenía miedo. Si alguien iba a tener una reacción a las vacunas, serían los bebés más pequeños y más enfermos. Pero el médico nunca había visto una reacción adversa a la vacuna. Otros médicos y enfermeras hicieron eco de este sentimiento: nadie había visto personalmente un bebé con problemas debido a las vacunas en la unidad de cuidados intensivos neonatal, y tampoco conocían a alguien que lo hubiera visto, y tenían datos para respaldar su afirmación de que vacunar a tiempo era lo mejor, incluso para los bebés de la UCIN.

Busqué estudios o artículos serios, revisados por pares, que sugirieran que vacunar a bebés prematuros era un error. Pero no encontré ninguno – sólo la hipérbole y alarmismo del movimiento anti-vacunas. (Sin embargo, este artículo del NIH fue muy útil)

Por lo tanto, mis pequeños bebés de 1,3 kilos recibieron sus primeras vacunas a tiempo a pesar de estar demasiado enfermos para someterse a cirugía, demasiado débiles para respirar o comer por su cuenta, y demasiado jóvenes para haber nacido.

Y estuvieron muy bien.

No tengo paciencia para la excusa de “demasiado pequeños para las vacunas”.

"Doy mi consentimiento para que me sujeten y me inyecten por la fuerza varias cepas de virus, conservantes, adyuvantes de metales pesados. Dijo ningún bebé nunca" - meme antivacunas.

“Doy mi consentimiento para que me sujeten y me inyecten por la fuerza varias cepas de virus, conservantes, adyuvantes de metales pesados. Dijo ningún bebé nunca” – meme antivacunas.

Todo esto es para decir que no tengo paciencia para el argumento de que los bebés de dos meses sanos, nacidos a término, son demasiado pequeños o demasiado frágiles para recibir una vacuna que podría salvar sus vidas. Sobre todo teniendo en cuenta que el peso promedio de un bebé de dos meses de edad en Estados Unidos es de 4,5 kilos, más de tres veces más de lo que los míos pesaban cuando les pusieron sus vacunas.

Pequeños bebés muy prematuros son vacunados de forma segura todos los días porque no hay lugar para argumentos infundados y anticientíficos al tomar decisiones médicas para bebés que viven tan cerca de la línea entre la vida y la muerte.

Tengo cero paciencia para la trivialización casual de enfermedades graves.

niño infectado con el virus haemophilus Influenzae de la página de ASP

niño infectado con el virus haemophilus Influenzae de la página de ASP

Me alucina que alguien con la suerte de tener un hijo que nunca ha pasado por la unidad de cuidados intensivos pueda omitir hacer la única cosa sencilla que podría mantener a su bebé sano y fuera del hospital. Estos padres nunca han tenido que ver a su niño luchar por respirar, o visto una sonda que sale desde la cabeza de su bebé porque los médicos se quedaron sin venas accesibles, o tenido que sentarse al lado de ellos sin esperanza, o escuchado cómo suenan las alarmas cuando el latido de corazón de su hijo disminuye o detiene.

Sin embargo, repetidamente toman la decisión deliberada de evitar una probada protección contra ese futuro oscuro.

Así que, aunque por su naturaleza la historia de la vacunación de mis bebés no es científica, y no debería tener mayor peso que cualquier otro tipo de evidencia anecdótica a la hora de tomar decisiones, la comparto a menudo con la esperanza de tranquilizar a nuevos padres que van a llevar a su bebé de 4,5 kilos a vacunar, o para contrarrestar las historias de horror en los sitios anti-vacunas.

Pero a menudo las conversaciones con los anti-vacunas se desvían a locos lodazales lógicos. Me alejo frustrada, sin poder hablar, porque no hay manera de hacer que algunas personas vean lo extraño de su elección desde la perspectiva de alguien que ha tenido un hijo gravemente enfermo.

En serio. Cuando tienes la suerte de tener un bebé sano en tus brazos, ¿por qué dejar que investigaciones desacreditadas, el alarmismo, o historias de un amigo de un amigo, sean los factores decisivos para poner la salud y la vida de ese niño en situación de riesgo en lugar de la gran mar de investigación científica?

¿Por qué tomar su salud por sentado? No tengo paciencia para esto.

 

Imagen de cabecera: Christine Szeto en flickr. Todos los memes circulan ampliamente, pero se da crédito cuando es posible.

SOBRE LA AUTORA
07db1580d6d4029b566717abaf8f4831Deek

Deek colecciona fotos de letreros con pésima ortografía o gramática, pensando que los negocios deberían ser capaces de corregirlo. Fue profesora por más de una década y vive con su esposo, hijos gemelos y dos gatos en el noreste americano, donde pasa una buena cantidad de tiempo perdida en el bosque. Escribe sobre sus experiencias como madre de microprematuros en la UCIN y sobre maternidad escéptica.

Puedes encontrar el post original en inglés AQUI
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Daniela

Daniela

Born and raised in Mexico City, Daniela has finally decided to abdicate her post as an armchair skeptic and start doing some skeptical activism. She is currently living in Spain after having lived in the US, Brazil and Italy. You can also find her blogging in Spanish at esceptica.org.

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