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Posts desde Skepchick: Crítica de la mentira del gluten

Dos temas parecen inspirar siempre conversaciones con cuerpo en el feed de mi Facebook: la dieta y la religión. En ambos temas tengo cierto conflicto: soy una judía atea que ha comido, en varios momentos, bajo en grasa, libre de carbohidratos, “comida saludable” y directamente del cubo de la basura (ese último episodio cortesía de la dieta South Beach). Así que estaba especialmente emocionada al ir a leer The Gluten Lie (“La mentira del gluten”), un libro sobre nuestra religiosa obsesión colectiva hacia lo que comemos.

El autor, Alan Levinovitz, profesor de religión y filosofía, utiliza la historia de las modas pasajeras relacionadas con el culto a la salud como telón de fondo para discutir lo que realmente sabemos sobre dietas y nutrición (spoiler: no tanto, en realidad). Mucho antes de la “comida saludable” o de la dieta Paleo, había antiguos monjes taoístas predicando una dieta libre de cereales para lograr una buena salud y una larga vida. En diversos momentos y lugares de la historia – a pesar de poca o ninguna evidencia empírica – colectivamente le hemos cogido manía al azúcar, la sal, los glutamatos, las grasas, los carbohidratos, los cereales, el gluten y el azúcar.

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Vamos a hablar primero sobre el gluten, probablemente el mejor ejemplo de relación conflictiva entre ciencia y nutrición en las dietas. La mayoría de la gente sabe que la enfermedad celíaca es una condición médica real que hace que las personas se enfermen si ingieren gluten. Pero ¿qué pasa con cualquier otra persona que coma sin gluten? Levinovitz muestra una visión crítica hacia las dietas de eliminación y auto-diagnóstico, aunque puntualiza que la ciencia no ha refutado la existencia de una sensibilidad al gluten de los no celíacos. La ciencia tiende a ser lenta, complicada y poco segura de sí misma. Desafortunadamente, hay personas que luchan con los síntomas reales que, o bien podría estar sufriendo una enfermedad que la ciencia aún tiene que identificar correctamente, o algún tipo de “efecto nocebo”. Esta última opción parece una buena manera de decir “estás loco” pero la verdad es que es simplemente un efecto secundario de ser humanos. Nuestro cerebro nos pueden engañar haciéndonos creer cualquier cosa.

Levinovitz muestra compasión por las personas atrapadas en esa red, y guarda toda su ira escéptica para los “falsos profetas” como el Dr. David Perlmutter y el Dr. William Davis, autores de Grain Brain (“Cereales inteligentes”) y Wheat Belly (“Tripa de trigo”) respectivamente. Levinovitz llama a sus libros “colecciones de especulaciones infundadas, datos especialmente seleccionados, e hipótesis con exceso de confianza”. Los devotos de estos libros los recomiendan con un celo religioso, a pesar de que no hay evidencias que apoyen las acusaciones salvajes sobre los cereales y el Alzheimer o que el pan de centeno tenga las mismas propiedades que la cocaína.

Y no son solo los cereales o el gluten. A lo largo de la historia, gurús del culto a la dieta han demonizado las grasas, la sal, los cereales, la carne, el azúcar y de nuevo el azúcar (y una vez tras otra), basándose bien en evidencias defectuosas, bien en ninguna evidencia en absoluto. En los últimos años, prácticamente nos han dado golpes en la cabeza con la seria advertencia de que el azúcar es un veneno tóxico extremadamente adictivo. Los padres son particularmente susceptibles a estas tonterías gracias a gurús como el Dr. Robert Lustig y el documental Fed Up (“Alimentado”). “El azúcar, se nos dice, es como los cigarrillos y la cocaína – y no hay un nivel “seguro” en el consumo de cocaína o de tabaco. Usted no daría a su hijos bourbon y cigarrillos por su cumpleaños, así que probablemente sea inteligente no darles para comer ese trozo de pastel tóxico”. ¿Pero hay algo de cierto en ello?

foto por la usuaria de flick Jeanny

foto por la usuaria de flick Jeanny

Levinovitz entrevista a verdaderos expertos en el campo, que nos dicen que la ciencia es complicada y, por desgracia, poco clara, pero la gente como Lustig están más que dispuestos a la selección de datos para atraer a su público particular.

“Alimentado” cita la estadística de que uno de cada cinco niños negros de 2 a 19 es obeso, en comparación con aproximadamente uno de cada siete niños blancos. Sin embargo “Alimentado” [no menciona] que los niños blancos consumen sus calorías en forma de azúcares añadidos en mayor proporción de que los niños negros. Tampoco menciona que los ingresos familiares son irrelevantes en relación al consumo de azúcar. Esos hechos, aunque esenciales para entender la complicada relación entre el consumo de azúcar y la demografía de la población, nos distraen con un atractivo relato que pone el foco en que el azúcar hace daño a las minorías pobres.

La relación del azúcar con la obesidad, la diabetes y la adicción está en realidad lejos de haber sido establecida, pero eso lo han ignorado las hordas de padres deseosos de hacer del azúcar el malo de la película para poder conceder a sus elecciones dietéticas una especie de categoría de imperativo moral.

Perlmutter, Davis, Lustig, Food Babe y el Dr. Oz se pueden añadir a una larga lista histórica de gurús del culto que prostituyen la ciencia para mantener a sus seguidores enganchados. Levinovitz nos cuenta la sórdida historia del fallecido Dr. Walter Kempner, el médico de la “dieta del arroz” antiguamente asociado con la Universidad de Duke, quien al parecer inspiró la dieta extrema, los regalos lujosos y la esclavitud sexual. Food Babe y el Dr. Oz pueden ser mucho menos extremos, pero ellos también inspiran a seguidores devotos aprovechándose del analfabetismo científico y del miedo a “tóxicos” no conocidos.

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Según Levinovitz, esos constantes y cada vez mayores miedo y ansiedad son el daño real causado por nuestra obsesión religiosa con la comida. Para muchos de los que hacen alguna dieta de eliminación, una vez quitas uno de los ingredientes como el gluten pronto quieres eliminar otro, como la carne. O, mejor aún, alguna categoría indefinida como “alimentos procesados” de manera que te pasas el resto de tu vida obsesionado con la comida en lugar de simplemente disfrutar de ella.

En el último medio año o así he dejado de hacer dieta. Como lo que quiero, cuando quiero, y he perdido peso en el proceso. Hacia el final de “La mentira del gluten”, Levinovitz invita a los lectores a hacer algo similar: experimentar comiendo libres de ninguna “regla sobre categorías, calidad y cantidad de los alimentos”. Yo prefiero no haceros ninguna recomendación, más allá de simplemente aceptar lo que no sabemos. “Numerosos estudios sugieren que, aunque algunas personas pierden peso con éxito gracias a la dieta, en la mayoría de los casos el resultado de hacer dieta es terminar con un mayor peso que si no se hubiera hecho nada en absoluto”. No puedo decirte qué es lo mejor para ti. Solo puedo sentarme aquí y disfrutar de mi brie a las tres cremas.

“La mentira del gluten”, escrito por el Dr. Alan Levinovitz. Publicado por Regan Arts.

SOBRE LA AUTORA
jennyJenny Splitter es una escritora y una desbordada mamá de dos que vive en Washington DC. Pasa los glamurosos días tratando de escribir lo que puede, contando 1-2-3 de manera lenta pero amenazadora a sus hijos, jugando con el gluten y trabajando para erradicar el pelo de perro del planeta (o al menos de su casa). Puedes seguirla en Twitter y en Google+.

Puedes encontrar el post original en inglés aquí.

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Posts desde Skepchick es la sección en la que semanalmente traeremos traducido un interesante artículo publicado originalmente en alguno de los blogs de la Red Skepchick: Mad Art Lab, Teen Skepchick, Queereka, Skepchick.se, Skepchick.no, School of Doubt, Grounded Parents, Skeptability y, por supuesto, Skepchick.

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Ex-superhéroe atropellado. Escéptico, nihilista, ingeniero naval. Pensativo, vivo sin vivir en mí, buscando respuestas en los posos de mis Crunchy Nuts.

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