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Posts desde Skepchick: El feminismo necesita deportes de mujeres

¿Cómo es de divertido seguir deportes en Twitter? Me lo recordaron anoche durante los impresionantes primeros minutos del EEUU-Japón del Mundial, cuando mi timeline se convirtió en un mar de textos en mayúsculas y GIF surrealistas a cuento del partidazo de EEUU y el hat-trick inédito de Carli Lloyd. “Me encanta Twitter,” reía mi compañero mientras veíamos el partido con nuestras cervezas.

Entonces retuiteé una estadística acerca de que las jugadoras de la selección de fútbol de EEUU ganarán cuatro veces menos por ganar el Mundial que sus homólogos masculinos por haber llegado a dieciseisavos. Y mis notificaciones se dispararon.

“Tienes que entender el capitalismo”, sentenció un no habitual, nombrándome, al final de una serie de cuatro tuits seguidos.

“Las mujeres estaréis por detrás mientras no soltéis pasta para ver deportes de mujeres, lo siento”, dijo otro (este lo estoy parafraseando; lo bloqueé antes de pensar en tomar una captura de pantalla, después de darme cuenta de que la vida es corta y mi cerveza se estaba desbravando).

La causa del escándalo estaba clara: había destapado una desigualdad enorme, y esta – a diferencia de la brecha salarial en el mundo empresarial – provoca suficiente confusión pública y apatía como para haberse convertido en una piscina fecunda de euforia para los Derechos del Hombre. Cuando se trata de la igualdad de remuneración, en general, los activistas por los derechos de los hombres y otros trolls anti-feministas deben recurrir al negacionismo, pero tienen un ambiente más hospitalario cuando el tema es el deporte y pueden encogerse de hombros y sacar sus triunfos: los deportes de mujeres no generan tanto dinero.

Las feministas pueden reconocer inmediatamente esto como la falacia de eludir la carga de la prueba. Poner la presión sobre un grupo marginado para corregir la desigualdad ignora enormes sistemas de opresión y quita responsabilidad a los que la tienen: los grupos privilegiados que crearon estos sistemas. Pero tenemos que trabajar mejor para ayudar al público a entender qué hay que decir cuando los deportes de mujeres son simplemente despreciados por menos entretenidos.

Como escribió Maggie Mertens en un excelente artículo para The Atlantic: “Las desigualdades de género en el deporte son tan vastas como las que enfrentan las mujeres en las oficinas corporativas y en los platós, pero por alguna razón no logran incitar el mismo nivel de indignación”. Mertens cita cuatro puntos de Hollis Elkins al escribir sobre la separación entre las movilizaciones feministas y el deporte femenino en 1978, para explicar por qué:

Uno: Las deportistas eran percibidas como ya sea indiferentes, ya sea hostiles hacia el movimiento feminista. Dos: Las feministas no querían ser “doblemente señaladas” por “la sospecha de lesbianismo” que sufrían tanto las feministas como las deportistas. Tres: El deporte se veía como un reino donde los hombres demostraban su virilidad, lo que predisponía negativamente a muchas feministas contra el deporte en general. Y cuatro: El deporte se consideraba “frívolo”. No se veía como algo tan importante como el derecho al trabajo, el aborto y la igualdad salarial.

Las feministas de hoy en día deberían encontrar estas observaciones condenatorias.

No tenemos ninguna razón para esperar que las deportistas de hoy en día sean hostiles a la causa del feminismo. Luchadoras que están entre las mejores, como Fallon Fox y Ronda Rousey defienden abiertamente la igualdad. ¿Y cuántos corazones de chicas jóvenes se dispararon anoche después de ver el gol desde medio campo de Carli Lloyd, a los 15 minutos del inicio del partido? Recuerdo haber visto de niña a Mia Hamm y Lisa Leslie en la revista American Girl, impresionada por su fuerza y ​​talento; más tarde, idolatraba a las hermanas Williams (que siguen siendo diosas tras más de quince años de carrera).

El aspecto homofóbico de la aversión al activismo feminista en el deporte es una vergüenza. En este punto, creo que la mayoría de las feministas se han encontrado con suposiciones acerca de su sexualidad y su identidad de género, reflejando la heteronormatividad y el sexismo de oposición que impregna nuestra sociedad: Criticas el sexismo. ¿Odias a los hombres? ¿Eres lesbiana? Porque eso minaría tu argumento. Porque hay algo malo en las lesbianas porque no tienen relaciones sexuales con hombres.

Es ridículo y se ha hablado de ello extensamente, y esta desafortunada historia de lanzar mujeres queer bajo las ruedas es una razón para multiplicar nuestros esfuerzos como feministas modernas y abarcar a todas las deportistas.

Que el deporte es un refugio de la masculinidad tóxica es un punto importante – y uno que no puede ser resuelto por las feministas huyendo de la cultura deportiva. Los escritos del escritor y periodista Dave Zirin combinan un feroz interés por la justicia social con su amor por el deporte, y el resultado es todo menos diluido. Igual que el patriarcado perjudica a los hombres, el deporte necesita al feminismo – por las deportistas, pero también en general por la justicia social.

Y teniendo en cuenta la prevalencia de los trastornos alimentarios y la obsesión por el ejercicio entre los deportistas jóvenes y no profesionales, el mundo del fitness en general puede beneficiarse del feminismo tanto como las feministas pueden beneficiarse de modelos de fitness positivos.

¿Y es el deporte frívolo? Tal vez, pero no más que el entretenimiento – y las feministas no tienen problemas gastando sus teclados en Juego de Tronos y Nicki Minaj. El entretenimiento es un microcosmos de los valores culturales y del cambio que se pueden jugar en la cancha del mismo modo que en la pantalla, y así ha sido. El deporte ha sido el lugar de la lucha por la igualdad racial y, más recientemente, la igualdad LGBT, y el feminismo debe ir de la mano con estas luchas y elevar a esos deportistas suficientemente valientes para cambiar el sistema desde dentro. Podemos luchar contra la cultura de la violación en el fútbol sin borrar o despreciar a las deportistas a las que constantemente se desanima de continuar con su pasión.

El deporte es fuerza y fuerza de voluntad y disciplina y empuje. El deporte fomenta la diversidad. El deporte enseña compañerismo en un mundo donde a las mujeres se nos enseña a competir entre nosotras únicamente por hombres. Como feministas necesitamos el mundo del deporte y tenemos que apoyar a nuestras deportistas.

En un sentido lamentable, ese tuitero tenía razón: las mujeres debemos intensificar y apoyar los deportes de mujeres. Con nuestro dinero, sí, pero lo más importante, exigiendo y generando cobertura de sus partidos y sus estrellas en ascenso y sus luchas por la justicia. Estas deportistas necesitan atención de los medios para generar interés, y necesitan el dinero y el incentivo de espectadores para financiar y dar valor a su cobertura. Para lograr esto, tenemos que abrazar su causa sin reservas.

Debería indignarnos que las jugadores de fútbol jueguen en un campo inferior y que los medios apenas cubrieran su demanda simplemente por césped real. Y deberíamos tener algo que decir cuando la narrativa cultural dominante se encoge de hombros y dice: “El deporte femenino simplemente no da tantos ingresos”, tal como lo hacemos cuando dice que las mujeres no somos graciosas y las mujeres somos demasiado emocionales para dirigir y las mujeres no podemos ser científicas. Tenemos que verlo como el círculo vicioso que hemos estado luchando todo el tiempo. Dadnos los mismos recursos y, literal y figurativamente, un campo de juego igual y entonces mostraremos lo que tenemos.

Imagen de portada: Kevin C. Cox/Getty Images

SOBRE LA AUTORA

Julia BurkeJulia Burke es una escritora y periodista free lance con interés por la justicia social y pasión por el vino, la cerveza y la comida. Síguela en Twitter o en Google+, o pásate por su web en Stellenbauchery.

Puedes encontrar el post original en inglés aquí.

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Posts desde Skepchick es la sección en la que semanalmente traeremos traducido un interesante artículo publicado originalmente en alguno de los blogs de la Red Skepchick: Mad Art Lab, Teen Skepchick, Queereka, Skepchick.se, Skepchick.no, School of Doubt, Grounded Parents, Skeptability y, por supuesto, Skepchick.

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Ex-superhéroe atropellado. Escéptico, nihilista, ingeniero naval. Pensativo, vivo sin vivir en mí, buscando respuestas en los posos de mis Crunchy Nuts.

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