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TBT: Retroceso al mañana, parte 1: En defensa de la familia

El Throwback Thursday de hoy es un post de agosto del 2011, que contaba por esa época qué tienen en común la Iglesía Católica (específicamente en Argentina) y el libro distópico de George Orwell, 1984.


1984 es una novela que no se puede leer impunemente. Las tácticas de manipulación que George Orwell destila y desnuda en ella quedan alojadas en la conciencia, y uno empieza a reconocerlas por doquier. No en vano se considera a ésta una de las grandes obras del siglo XX.

La sociedad oceánica se apoya en definitiva sobre la creencia de que el Gran Hermano es omnipotente y de que el Partido es infalible. Pero como en realidad el Gran Hermano no es omnipotente y el Partido no es infalible, se requiere una incesante flexibilidad para enfrentarse con los hechos. La palabra clave de todo esto es negroblanco.

Como tantas palabras neolingüísticas, ésta tiene dos significados contradictorios. Aplicada a un contrario, significa la costumbre de asegurar descaradamente que lo negro es blanco en contradicción con la realidad de los hechos. Aplicada a un miembro del Partido significa la buena y leal voluntad de afirmar que lo negro es blanco cuando la disciplina del Partido lo exija. Pero también se designa con esa palabra la facultad de creer que lo negro es blanco, más aún, de saber que lo negro es blanco y olvidar que alguna vez se creyó lo contrario. Esto exige una continua alteración del pasado, posible gracias al sistema de pensamiento que abarca todo lo demás y que se conoce con el nombre de doblepensar.

George Orwell, 1984

La guerra es paz. La libertad es esclavitud. La ignorancia es fuerza.

Sí, ya sé que es tópico citar a 1984. Pero no puedo dejar de notar ciertas similitudes y paralelos. El mundo de la ficción de Orwell es una versión hiperbólica de la Unión Soviética bajo el dominio de Stalin. En el mundo actual, ¿hay alguna institución más orwelliana que la que se declaraba enemiga jurada del comunismo?

Debemos siempre tener, para en todo acertar, que lo blanco que yo veo creer que es negro, si la Iglesia jerárquica así lo determina.

Ignacio de Loyola, Ejercicios espirituales

La sumisión es dignidad. La obediencia es moralidad. La fe es razón.

En 1984, el Ministerio de la Verdad reescribe la historia según las conveniencias del momento, y en el Ministerio del Amor se torturan disidentes. Mientras tanto, en el mundo real, una agrupación católica dedicada a resistir cambios sociales y propiciar la vuelta a tiempos anteriores se llama Fundación Argentina del Mañana.

Un nombre más apropiado sería “Partido Teócrata Regresista”, si fuera un partido. El programa cómico Cha cha cha la llamó “Fundación Argentina del Bisoñé” y “Cámara Argentina de Infladores de Pelotas”. Quizá lo más adecuado, sin embargo, sería “Sagrada Orden de los Caballeros de la Mordaza”.

Pero dejemos la mordacidad de lado por un momento y dejemos que estas personas se presenten por sí mismas:

La Fundación Argentina del Mañana fue constituida en noviembre de 1989 como entidad sin fines de lucro y al servicio del bien común, teniendo por objetivo la defensa de los valores de la familia particularmente frente a los múltiples factores de disolución que la amenazan y de aquellos principios e instituciones de derecho natural y en conformidad con la Ley de Dios, que hacen a la esencia misma de la Argentina como Nación.

“¿Quiénes somos”

Da miedito, ¿no?

Esta fundación no forma parte del organigrama del Vaticano, pero hace gala de felicitaciones y beneplácitos por parte de nuncios apostólicos y prelados varios. Con tales antecedentes, es fácil imaginarse cuál es la familia que estas personas defienden: la constituida por un paterfamilias temeroso de Dios y una matrona obediente que han recibido de un sacerdote la habilitación para producir legalmente catecúmenos que, con el tiempo, habrán de convertirse ellos mismos en paterfamilias o en matronas, según cuál sea su carga genética. Éste es el orden natural que garantiza la perpetuación de la especie cristiana. ¿Otros modelos de familia? Oh, por supuesto que no. Ésos son parte de las amenazas de las que hay que defenderse.

¿Y cómo es que defienden este statu quo patriarcalista? Pues mediante el tradicional método de exigir la prohibición de todo lo que no les gusta. Y lo que no les gusta es mucho. Tanto, que la lista detallada ocuparía todo un sitio web (ellos tienen varios). Pero lo resumen en unas palabras muy pintorescas: “terrorismo de blasfemias”.

Quedarse de brazos cruzados, es fácil.

La protesta, por el contrario, exige esfuerzo y participación. El punto de partida es el Ver y el Juzgar con claridad, lo que determinar el Actuar. La sistemática acción desarrollada por la Fundación Argentina del Mañana (FAM) y sus adherentes ha logrado, precisamente, detener lo que parecía una avalancha irreversible: el “terrorismo de blasfemias”.

“La publicidad blasfema en retroceso”

Uno de los blancos más notorios de esta agrupación fue, a mediados de los ’90, el ya mencionado Cha cha cha, contra el cual apuntaron sus cañones con motivo de este segmento protagonizado por el actor Fabio Alberti.

Diego Capusotto, que también integraba el elenco del programa, resume el tema en una entrevista en la revista Noticias: “La Fundación Argentina del Mañana (una institución católica que seguro tenía su sede en la Avenida del Libertador) hizo valer su influencia con los anunciantes y presionó para que sacáramos a Peperino. Pero años después volvimos con el personaje, porque la gente le tenía afecto.”

Éste es el mayor mal de la censura. No que alguien dictamine qué puede o no puede decir una persona en particular, algo que ya es en sí mismo liberticida (por usar un término al que suelen ser afectas las asociaciones de este tipo). Lo peor es que ese alguien decide qué es lo que todos los demás pueden o no pueden oír. Grupúsculos como éste se arrogan la representación de mayorías que no los han elegido y, sin ninguna consulta, emprenden acciones en su nombre. La familia que defienden es, en definitiva, la que los tiene a ellos mismos como paterfamilias y al resto del mundo como niños a los que hay que proteger de influencias nocivas.

Para no hacer esta entrada más extensa, dejaré para una próxima ocasión un examen más detallado de este grupo, de sus puntos de vista y su cosmovisión. Una cosmovisión donde, como se imaginará, todo es blanco o negro, y cuál es cuál depende de lo que determina la iglesia jerárquica.


SOBRE EL AUTOR

Andrés

Andrés

Espécimen de Homo sapiens nacido en la Argentina del siglo XX. Bohemio de oficina, procrastinador multidisciplinario, autodidacta inconstante, cultor del nomadismo de sillón. En lo que encuentra un lugar cómodo donde la sociedad tenga a bien encasillarlo, se entretiene con cosas que se parecen un poco a la informática, a las artes y al humor.

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Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

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