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TBT: ¿Cuáles Diez Mandamientos?

El Caso de Kim Davis, la funcionaria del juzgado de Kentucky que ya todo el mundo conoce, y que se reunió la semana pasada con el Papa buena onda, me hizo recordar esta entrada de 2011, donde hablamos de cómo los cristianos no conocen su texto sagrado y, además, eligen qué reglas seguir y cuáles no según extraños criterios.

Los cristianos dicen regirse por leyes morales trascendentes e inmutables. Conocida por el común de la gente es esa lista o “perfecta guía moral” llamada Los Diez Mandamientos, que paso a enumerar a continuación:

1. No tendrás dioses ajenos delante de mí.
2. No te harás esculturas.
3. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano.
4. Acordarte has del día de reposo.
5. Honra a tu padre y a tu madre: porque tus días se alarguen en la tierra.
6. No matarás.
7. No cometerás adulterio.
8. No hurtarás.
9. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
10. No codiciarás la casa de tu prójimo… la mujer… su siervo… su criada… su buey… su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

En esta oportunidad quiero saltarme, y dejar para otra ocasión, los reparos que podamos tener con esta lista divina de 10 cosas especiales que el Dios cristiano no quiere que hagamos. Lo que quiero puntualizar hoy, es que, según el relato bíblico, esta lista tan alabada y citada hasta nuestros días (incluso en estados laicos) como una tan perfecta guía moral, en realidad no es el juego adecuado de mandamientos. Pero ¿Cómo es esto siquiera posible? ¿Cómo es que una de las piedras angulares de la fe cristiana esté manchada por un error? Si te das el tiempo de tomar tu Biblia y abrirla podrás notar lo siguiente:

Si revisamos la historia de donde surgen los Diez Mandamientos en la fuente original (Éxodo) podemos encontrar que la lista anteriormente enumerada fue reemplazada por otra bastante distinta.
El famoso listado que todo el mundo conoce es el que aparece en Éxodo 20.
Según el relato, Moisés asciende a la cumbre del monte Sinaí para que Dios le dicte los mandamientos, el problema que muchos olvidan o que ni si quiera conocen, es que luego de cumplida la misión, Moisés baja del monte y se encuentra a su gente adorando al Becerro de Oro. Esto causa la ira del patriarca, la que descarga en las tablas de piedra, que se hacen añicos contra el suelo. Es así como Moisés debe subir una segunda vez el mentado monte para recibir otra vez de la misma “boca” de Dios las tablas de la ley. Esto es relatado en Éxodo 34 como sigue:

“Y Jehová dijo á Moisés: Alístate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste. Apercíbete, pues, para mañana, y sube por la mañana al monte de Sinaí… De modo que Moisés obedeció. Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches: no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras de la alianza, las diez palabras”.

Luego de esta segunda entrevista donde Dios se supone que dictaría “las mismas palabras” Moisés volvió a su pueblo con un juego totalmente nuevo de mandamientos:

1. No te has de inclinar á dios ajeno.
2. No harás dioses de fundición para ti.
3. La fiesta de los ázimos guardarás.
4. Seis días trabajarás, mas en el séptimo día cesarás.
5. Te harás la fiesta de las semanas.
6. Tres veces en el año será visto todo varón tuyo delante del Señoreador Jehová.
7. No ofrecerás con leudo (pan con levadura) la sangre de mi sacrificio.
8. Ni quedará de la noche para la mañana el sacrificio de la fiesta de la pascua.
9. La primicia de los primeros frutos de tu tierra meterás en la casa de Jehová tu Dios.
10. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.

Tal como se pregunta Dan Barker en su libro “Perder la Fe en la Fe” (y que es el libro donde yo, ex cristiana, por primera vez me di cuenta de la verdad del relato) me pregunto ¿Qué pasó entre la primera y la segunda visita? ¿Acaso Dios cambió de opinión y ahora es más importante la manera como cocinamos un cabrito que la codicia? Pero, para serles honesta en realidad no me lo pregunto, porque se que la Biblia es un compendio de escritos revisados y editados una y mil veces por hombres. Solo quería señalar que, a veces, nuestras convicciones están fundadas sobre bases de dudosa firmeza.

En la imagen de cabecera se lee “Dios odia los camarones” y también el stroganoff.

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Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

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