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Post invitado: The Sexy Plant, la muerte anunciada de los pesticidas

Los pesticidas están condenados. La sociedad es cada vez más consciente del riesgo que supone la adición de potenciales contaminantes a los cultivos con tal de mantener las plagas a raya, y también sabe que estas sustancias pueden terminar en la comida que consumen cada día. Pero mantengamos la calma. Parece que algunos han encontrado la solución perfecta al problema: Libre de pesticidas, sin aditivos ni conservantes, GMO-free, todo estrictamente natural, la agricultura ecológica está dispuesta a salvarnos de los químicos y añadidos artificiales de los cultivos convencionales. Tras revisar su normativa ya os digo que tan free, no es, ¿pero podemos tenerla en cuenta como una solución al impacto de la agricultura actual?

Echemos un vistazo al marco legal. Según el reglamento europeo vigente relativo a la producción ecológica, la normativa de los fitosanitarios es mucho más laxa de lo que cabría esperar dado el ecologismo que dicen profesar:

El cobre, altamente tóxico y por supuesto no biodegradable, está autorizado como bactericida y fungicida. Puede aplicarse en forma de diversos compuestos (hidróxido de cobre, oxicloruro de cobre, óxido de cobre, caldo bordelés y sulfato tribásico de cobre) hasta alcanzar los 6kg anuales por hectárea, una cantidad que además puede excederse si se compensa en los próximos 5 años. Los problemas llegan con la nula selectividad de este metal, por lo que pueden verse afectadas especies no diana, y con su bioacumulación, pudiendo destruir el suelo cultivable y contaminar las aguas por filtración.

-Antiguo y actual logo de producción ecológica europea

-Antiguo y actual logo de producción ecológica europea

 

El caolín, el silicato de aluminio, es un repelente que también se utiliza en la agricultura convencional con un máximo anual de 4kg por hectárea, pero en los cultivos ecológicos ese límite se dispara hasta los 25-50kg por hectárea y año. Estas cantidades deben esparcirse por el cultivo en diversas deposiciones, no de golpe, para evitar saturar el terreno –aunque qué más da, si no es biodegradable–. Es decir, que además de no evitar su acumulación, su cultivo en tandas conlleva más movimiento del vehículo para depositarlo, o lo que es lo mismo, contamina más.

Al final, teniendo en cuenta la baja rentabilidad de los cultivos ecológicos en comparación con la agricultura tradicional, la industria se ve obligada a disparar los precios. Como resultado obtenemos una producción mucho más pequeña, mucho más cara y mucho más contaminante. ¿Dónde están todas esas ventajas que supuestamente tiene “lo natural”?

Mientras la industria ecológica sigue a lo suyo, la biotecnología continúa en su esfuerzo por encontrar alternativas eficaces que reduzcan tanto el impacto de la agricultura como su coste. Con este objetivo en mente apareció en 2014 The Sexy Plant, un proyecto desarrollado por estudiantes de la Universidad Politécnica de Valencia. La idea suena tan simple como efectiva: Se trata de plantas modificadas genéticamente para producir y liberar unas feromonas sexuales que atraen y confunden a los insectos, evitando así el ataque de las plagas. Conocedores del temor existente hacia los transgénicos, estos estudiantes prestaron especial atención a la seguridad de su producto. Las plantas sintéticas poseen un color distinto al de las originales, lo que permite su identificación inequívoca, y su producción de polen está inhabilitada, evitando así la posibilidad de que se propaguen de forma descontrolada.

El proyecto fue galardonado en el iGEM 2014 –concurso internacional de biología sintética del Instituto de Tecnología de Massachusetts– con una medalla de oro y con el premio especial a la mejor combinación de elementos genéticos funcionales, en ex aequo con el Imperial College de Londres, pero todavía continúan cosechando éxitos. A principios de septiembre, el mismo equipo consiguió colarse entre las 10 mejores ideas en la lucha contra el cambio climático durante la final del Climate Launchpad, la mayor competición europea de tecnologías limpias. De allí salieron con el premio del público bajo el brazo.

-El equipo de The Sexy Plant recibiendo sus galardones en el Climate Launchpad

-El equipo de The Sexy Plant recibiendo sus galardones en el Climate Launchpad

Todos estos logros no son de extrañar. Según las previsiones que expusieron durante el Climate Launchpad, The Sexy Plant alcanzaría unos 2€ por unidad, lo que vienen a ser unos 60€ por hectárea; este precio supondría un ahorro del 40% respecto a sus competidores. De la misma forma han calculado una reducción de hasta 183 toneladas de emisiones de CO2 en tres años respecto a las que producen los métodos de control de plagas actuales. Por el momento, el prototipo será testado en los cultivos de arroz de Valencia, desde donde esperan poder expandirse al resto de España e Italia, los dos mayores productores europeos de este cereal. Esta alternativa limpia, eficaz y económica es un ejemplo de la dirección que está tomando la investigación biotecnológica y su compromiso con el medio ambiente, a pesar de los esfuerzos de muchos colectivos ecologistas por demonizarle.

Ahora mismo, la agricultura ecológica está muy lejos de conseguir los objetivos que profesa, y tanto la normativa vigente como sus datos de producción actuales impiden tenerlos en cuenta como una posible solución. A los pesticidas les está llegando su hora, y todo indica que serán los transgénicos los que dicten su sentencia.

 

SOBRE LA AUTORA

Andrea Casas

Iba para ambientóloga pero me quedé en periodista.

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Daniela

Daniela

Born and raised in Mexico City, Daniela has finally decided to abdicate her post as an armchair skeptic and start doing some skeptical activism. She is currently living in Spain after having lived in the US, Brazil and Italy. You can also find her blogging in Spanish at esceptica.org.

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