SaludThrowback Thursday

TBT: Vacunas: el enemigo inexistente

Hoy, con algo de tristeza, compartimos un post de Septiembre de 2011 que trata el tema de la moda antivacunas. Lo que quiere decir que llevamos más de cuatro años combatiendo este potencialmente catastrófico sinsentido.

Acostumbrarse a una cosa implica, muchas veces, perder de vista lo que pasaba cuando no la teníamos. Estamos acostumbrados, muchos de nosotros, al agua potable, a los analgésicos, a los teléfonos móviles. Ahora mismo estáis leyendo esta entrada gracias a Internet, que en menos de una generación ha pasado a ser casi omnipresente. Podríamos volver a la era pre-internet, sí; pero a costa de muchas cosas.
Aun así, volver a la era pre-internet no sería ni de lejos tan traumático como quedarnos de repente sin vacunas. Y lo curioso es que mucha gente que probablemente no renunciaría a su móvil, a sus aspirinas, ni al agua potable que sale por su grifo, está pidiendo, a veces a gritos, que dejemos de vacunar a los niños. A pesar de cosas como la que muestra el gráfico de la imagen, que podéis ver completito aquí.
¿Por qué esta fiebre anti-vacunación?

Las razones son muchas y vienen de lejos; oponentes a la vacunación los ha habido desde siempre, incluso cuando se mostró su rotundo éxito. Recientemente, un subgrupo de oponentes a la vacunación tomaba como armas dos cosas, principalmente: un estudio mal hecho y sin validez de un señor, y una ex-modelo con un hijo autista que buscaba un culpable para su tragedia personal.

La ex-modelo, Jenny McCarthy, encontró ese culpable en la vacuna triple vírica, tras leer acerca del estudio que un tal Andrew Wakefield hizo, y que llegaba a la sorprendente conclusión de que las vacunas causaban autismo.
No hay sitio aquí para hablar en más detalle del tirón popular que pueden tener las opiniones de una ex-modelo sobre medicina; eso se llama argumento de autoridad y merece una entrada aparte, aunque podéis buscar más información en estas dos irreverentes, desternillantes e informativas entradas de Vicisitud y Sordidez. Ni tampoco sobre el estudio en sí de Wakefield; eso se llama estafa y, también, merece una entrada aparte.

Pero, por resumir: el estudio de Wakefield afirmaba que estudió a un grupo de niños que, tras recibir la vacuna triple vírica, fueron diagnosticados con autismo. Y sus conclusiones eran que había una relación directa entre la vacunación y el diagnóstico. En realidad, no es así: el estudio estaba mal hecho. La supuesta relación no era tal, porque sus sujetos de estudio no desarrollaron la enfermedad inmediatamente, sino al cabo de un número variable de semanas o incluso meses. Es más, en realidad sólo uno de sus sujetos fue diagnosticado de autismo; el resto no, aunque él afirmó que casi la mitad lo fue. Y además, las conclusiones de Wakefield no estaban apoyadas por los datos que él mismo publicaba.

Y todo esto no importó para nada a quienes creyeron a Wakefield. Y sigue sin importarles, porque apoyan a su ídolo a pesar del claro y contundente desenmascaramiento que tuvo lugar hace unos años al respecto.

No todos los oponentes al movimiento antivacunación creen que provoquen autismo. Los hay que piensan directamente que las vacunas son malas porque son, bueno, vacunas. O porque están llenas de “productos químicos”, y como todos sabemos la química, así a secas, es más mala que la tiña. Ya hemos reseñado aquí algún que otro libro que da argumentos contra la gente que cree que “natural” es sinónimo de “bueno”, pero aquí nos lee poca gente. Y aunque quienes creen que las vacunas provocan autismo son, de momento, minoría, los que creen que las vacunas son malas ya han ocasionado un par de brotes de sarampión, en España (en Granada y Sevilla, en concreto).

Hace nada ha salido publicado un estudio que analiza más de mil estudios previos sobre vacunas para determinar si realmente las vacunas causan problemas de salud mayores de los que curan (que no sería imposible). Yo no sabía mucho de cómo ni por qué se hacían estas cosas, pero después de leer el maravilloso libro Mala Ciencia de Ben Goldacre lo entiendo un poco más. El estudio cae definitivamente del lado pro-vacuna: sí que hay algunos casos, raros, de reacciones adversas (como con cualquier medicina), pero nada que suponga motivo alguno de alarma, lo cual no ha sorprendido a nadie. A los que hemos leído algo del tema, porque no había mucho motivo de preocupación a la luz de los datos. Y a los oponentes de probablemente uno de los mayores avances de la medicina, porque no van a dejar jamás que la realidad les estropee su pequeño mundo de miedos infundados.

SOBRE LA AUTORA

Daurmith (@Daurmith)

Daurmith empezó a jugar con esto de los blogs en 2001 y no ha parado desde entonces a pesar de las protestas. Pensó que así aprovecharía por fin los años que pasó estudiando biología molecular, y descubrió que le encanta hablar de la realidad tal como es; es más divertido. A pesar de la evidencia fotográfica, Daurmith no es un gato.

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Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

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