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TBT: Martin Luther King Jr. VS Martín Lutero

El Throwback Thursday de hoy nos trae de vuelta un breve comentario sobre dos figuras históricas que comparten nombre y una triste ironía.

Martin Luther King Jr. Activista norteamericano por los derechos civiles de las minorías, practicante de la resistencia no violenta y premio Nobel de la paz, no nació con ese nombre. Fue después de un viaje a Alemania que su padre decidió cambiar su propio nombre y el de su hijo en honor al reformador y fundador de las iglesias protestantes, Martín Lutero.

¿Habrá sabido Luther King padre del nefasto legado racista de Lutero cuando adoptó su nombre? ¿Se habrá enterado años más tarde Martin Luther King Jr?

¡Ironías de la vida! El hombre símbolo de la lucha contra la segregación racial lleva puesto su nombre en honor al autor del primer tratado antisemita de la Historia Moderna.

Y es que pocos conocen este pequeño dato acerca del padre de las iglesias protestantes: efectivamente, Lutero escribió, en 1534, una terrible y nefasta obra titulada “De los judíos y sus mentiras”.

El libro abre con el siguiente párrafo:

“Ya me he convencido de no escribir más sobre los judíos o en contra de ellos. Pero desde que me enteré de que aquellos miserables y malditos no cesan de ser un engaño para ellos mismos y para nosotros los cristianos. Yo he publicado este pequeño libro para que yo pueda ser encontrado entre aquellos que se oponen a las actividades ponzoñosas de los judíos y como alguien que advierte a los cristianos para que no bajen la guardia contra ellos.”

“De los Judíos y sus mentiras”

Es decir, según sus propias palabras, esta no es la primera obra antisemita de Lutero. Además, nos indica que lo escribió para dejar claro que está en contra de las prácticas de los Judíos, cualesquiera que fueran.

Otros párrafos son de un calibre mucho más grueso. En ellos, insta a sus lectores a confiscar los bienes de los judíos, a quemar sus sinagogas, a arrancarles la lengua, a prohibir a los rabinos predicar so pena de muerte y a expulsarlos a Palestina. Los invito a leer fragmentos del capítulo 11:

“En primer lugar, debemos prender fuego a sus sinagogas o escuelas y enterrar y tapar con suciedad todo a lo que no prendamos fuego, para que ningún hombre vuelva a ver de ellos piedra o ceniza (…)

En segundo lugar, también aconsejo que sus casas sean arrasadas y destruidas. Porque en ellas persiguen los mismos fines que en sus sinagogas. En cambio, deberían ser alojados bajo un techo o en un granero, como los gitanos (N del A: tampoco era muy aficionado al pueblo Roma el padre del protestantismo). Esto les hará ver que ellos no son los amos en nuestro país, como se jactan, sino que están viviendo en el exilio y cautivos, como incesantemente se lamentan de nosotros ante Dios (…)

En tercer lugar, aconsejo que sus libros de plegarias y escritos talmúdicos, por medio de los cuales se enseñan la idolatría, las mentiras, maldiciones y blasfemias, les sean quitados.

En cuarto lugar, aconsejo que de ahora en adelante se les prohíba a los rabinos enseñar sobre el dolor de la perdida de la vida o extremidad (…)

En quinto lugar, que la protección en las carreteras sea abolida completamente para los judíos. No tienen nada que hacer en las afueras de las ciudades dado que no son señores, funcionarios, comerciantes, ni nada por el estilo. Que se queden en casa (…)

En sexto lugar, aconsejo que se les prohiba la usura, y que se les quite todo el dinero y todas las riquezas en plata y oro, y que luego todo esto sea guardado en lugar seguro. La razón para una medida como esta, como ya se dijo, es que no tienen otro medio de ganarse la vida que no sea la usura, por medio de la cual nos han hurtado y robado todo lo que poseen (…)

En séptimo lugar, recomiendo poner o un mayal o una hacha o una azada o una pala o una rueca o un huso en las manos de judíos y judías jóvenes y fuertes y dejar que coman el pan con el sudor de su rostro, como se le impuso a los hijos de Adán (Gén.3:19). Porque no es apropiado que nosotros, malditos goy, trabajemos sin descanso en el sudor de nuestros rostros mientras ellos, la santa gente, se pasen las horas haraganeando junto al hogar, dándose festines y expeliendo sus ventosidades, y, como si fuera poco, haciendo alarde con blasfemias de su señoría por encima de los cristianos por medio de nuestro sudor. No, debemos deshacernos de estos perezosos delincuentes por las asentaderas de sus pantalones.”

En fin, la realidad, como dicen, suele superar a la ficción: Un hombre afroamericano, que recibió la fe cristiana como herencia de quienes esclavizaron a sus antepasados, comienza una lucha contra el racismo usando las palabras y enseñanzas del mesías cristiano. Pero no solo eso, pertenece a una rama del cristianismo cuyo fundador es el responsable de un texto que luego fue usado por los nazis como justificación en los juicios de Nuremberg y, para cerrar el círculo, se llama como él.

Si yo hubiera sido Martin Luther King, Jr. me cambio el nombre.

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Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

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