Religión y espiritualidadThrowback Thursday

TBT: Religión social

El ¿Qué hace un escéptico cuando va a un bautizo? A veces explota en una nube de herejía, otras, escribe un post reflexionando (no sin gracia) sobre lo extrañas que son las costumbres humanas. Ese es nuestro Throwback Thursday de hoy:

Hace unos días, un acontecimiento familiar me llevó a una de esas embajadas de la Edad Media que suelen encontrarse en las ciudades de Occidente. Era un edificio cavernoso en cuyo interior había una temperatura varios grados por debajo a la del exterior, en un día que no era tan cálido como para que eso resultara del todo agradable.

La ceremonia se llevó a cabo del modo habitual. Varias niñas de corta edad fueron untadas con sustancias varias para protegerlas de malas influencias y exonerarlas de responsabilidad por las faltas de un ancestro mítico. Las pequeñas respondieron a las manipulaciones del modo esperable: con llantos, pataleos y gritos de “¡Quema! ¡Quema! ¡Fssssssss!” (Nota: esta parte del relato puede incluir licencias narrativas.) Entre una unción y la siguiente, el sacerdote explicaba la responsabilidad de educarlas como buenas cristianas igual que se le enseña a ser buenas personas. Debo admitir que fue refrescante oír a un cura reconocer que ser una buena persona y ser un buen cristiano no son la misma cosa.

Al final, padres y padrinos se llevaron de recuerdo un poco de agua bendita. En botellitas de plástico. Este último detalle puede parecer un anticlímax estético, una moderna irrupción de lo profano en medio de la liturgia; pero no olvidemos que era precisamente agua bendita lo que dispensaba la primer máquina expendedora de que se tenga noticia, inventada hace dos mil años por Herón de Alejandría.

Pero no todo fue tan prosaico. En la fiesta se sirvió una tarta de mousse de chocolate que transportaba a las puertas del Cielo. También, fuerza es decirlo, la arquitectura del templo, con sus arcos, columnas y vitrales, ofrecía una visión admirable. (Y todo eso lo hicieron seres humanos sin ninguna ayuda divina. ¿No es maravilloso?) Y, por supuesto, estaban las niñas, deliciosas criaturitas; angelitos sin alas, pero con existencia comprobable, que eran, a fin de cuentas, la verdadera causa de que toda esa gente estuviera allí reunida.

Y es que creo que aquí se aplica el mismo principio que comentaba Ángela en un Tercer Grado anterior con respecto a los funerales: el creyente típico pasa por estas ceremonias porque no se detiene a pensar seriamente que podría ser de otro modo. Lo que hay detrás de estos ritos de iniciación forzosos no es necesariamente convicción religiosa, sino más bien tradición: así es como siempre se ha hecho, y obrar de otro modo requeriría aplicar fuerza para vencer una inercia de siglos. Al final, lo sagrado y lo profano se confunden y todo bautismo o casamiento acaba por ser un acontecimiento social más, aunque tenga lugar en una iglesia y lo presida un sacerdote.

Visto lo cual me permito repetir, para un público distinto, una pregunta que ya he hecho en otra ocasión:

¿Cuál es su opinión, estimados lectores de Escéptica? ¿Ven ustedes estas ocasiones más como acontecimientos sociales o como ceremonias religiosas? ¿Asisten? ¿Comentan algo al respecto? ¿Cuál suele ser su actitud en el lugar?

SOBRE EL AUTOR:

Andrés (@adiplotti)

Espécimen de Homo sapiens nacido en la Argentina del siglo XX. Bohemio de oficina, procrastinador multidisciplinario, autodidacta inconstante, cultor del nomadismo de sillón. En lo que encuentra un lugar cómodo donde la sociedad tenga a bien encasillarlo, se entretiene con cosas que se parecen un poco a la informática, a las artes y al humor.

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Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

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