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TBT: Videntes y buitres

Hoy recordamos un capítulo especialmente vergonzoso de la magufería chilena, cuando en Septiembre de 2011 un avión con 21 personas a bordo capotó en las aguas del archipiélago de Juan Fernandez. Con el olor a tragedia fresca (que incluía el jugoso bono de contar entre las víctimas a una famosísima estrella de TV) una horda de videntes fue a disputarse la carroña.

Es fácil distinguirlos: unos revolotean en torno a tragedias, y las otras son aves carroñeras de extraordinaria integridad comparadas con los primeros.

¿Se me nota un poco enfadada? Lo siento. Será porque lo estoy. El motivo es esta noticia. Supongo que estaréis enterados del terrible accidente aéreo en Chile: un avión militar se precipitó al océano, con 21 personas a bordo.Es una tragedia con todas las de la ley. Se teme que todos los ocupantes hayan muerto, y este temor se va haciendo, desgraciadamente, más certero con cada hora que pasa.

El señor Andrés Allamand, ministro de Defensa, cree sin duda que está ayudando todo lo que puede cuando dice que están usando todas sus capacidades, “humanas y sobrehumanas”. Y esto último no lo dice porque quiera indicar, metafóricamente, el esfuerzo denodado de los equipos de búsqueda (los héroes anónimos y realmente auténticos de esta historia), sino porque, con el beneplácito de las autoridades, hay una vidente participando en las labores de rastreo.

Bueno, ¿y qué? Al fin y al cabo, daño no hará, ¿verdad? Todo lo que pueda hacerse, etcétera. Quién sabe, a lo mejor hay algo. Mira que si acierta…

Si os habéis sorprendido pensando alguna de estas cosas, permitid que os refresque la memoria: los videntes son esas personas que dicen saber cosas que nadie sabe (como dónde está un niño secuestrado o un cadáver largo tiempo perdido) y que nunca aciertan. El primero que acierte y que pueda demostrar que lo ha hecho por medios paranormales, tiene el milloncito de dólares de la Fundación Randi listo para recoger. Y puede donarlo a cualquier institución benéfica si siente que no está en eso de la videncia por el vil metal.

Y no aciertan nunca porque ni uno de ellos, ni uno solo, tiene poderes paranormales. Ni reciben información privilegiada del éter, de sus guías espirituales, ni de nadie. En el caso más favorable puedo admitir que crean hacerlo, y que sus vagas indicaciones (“cerca de una masa de agua”, “hay árboles en los alrededores”, y cosas así) sean tan generales que a posteriori, los desesperados por creer estas cosas retuerzan la vaguedad hasta hacer que parezca una predicción. Pero nada más. Lo triste es que haya que decirlo.

Pero una cosa es cierta: en momentos de tragedia personal, muchísima gente adopta la actitud del señor Allamand y recurre a lo que haga falta, incluyendo videntes. La desesperación es mala compañera de la lógica. Sin ir más lejos, los padres de Shawn Hornbeck, que poco después de la desaparición de su hijo consultaron a varios videntes, y finalmente acudieron a la famosa (en USA) Sylvia Browne, que en directo en un magazine televisivo les dijo que su hijo “ya no vive”. También describió al secuestrador: de piel oscura, más bien hispano, pelo largo y negro en rastas, muy alto.

Secuestrador de Shawn Hornbeck

Sí, vamos, clavadito

Pues, la verdad, no acabo yo de verle el parecido.

Además, y afortunadamente para los padres, la cruel “predicción” de Ms. Browne estaba tan equivocada como era posible estarlo, porque Shawn apareció vivo. Y este es sólo un ejemplo. Casos, o mejor, fracasos como el de Sylvia Browne los hay a docenas, pero esos no acaban en los periódicos. En el imaginario popular está hondamente arraigada la imagen del vidente que ayuda a la policía en sus pesquisas. Además, seguro que la cosa es así: vidente acude con pistas, nadie le cree, sobre todo el policía más guapo, que es el escéptico del grupo, hasta que la vidente (suele ser chica, y guapa) echa por tierra su escepticismo y el malo es capturado gracias a ella. El chico se salva por los pelos, también gracias a ella, y ambos se besan y viven felices para siempre, es de suponer que ganando la lotería todas las semanas.

Pero eso son series de la tele; volvamos a la realidad.

La realidad es que, pese a lo tremendamente fácil que sería probar, más allá de toda duda razonable, que un vidente tiene realmente acceso a conocimientos vedados al resto de los mortales, nunca se ha hecho. Jamás la intervención de un vidente ha llevado directamente a la captura de ningún criminal ni al hallazgo de ningún cuerpo. A poco que rasques en los ampliamente publicitados “éxitos” de la mayoría de los videntes que viven, justo es decirlo, del cuento, no encontrarás nada más que humo. Y lo que es peor, encontrarás una historia en la que no se hace caso al trabajo minucioso, paciente y muchas veces tedioso de los detectives, policías, fiscales, forenses, y efectivos de rescate que se han dejado el tiempo, la vista, y a veces la piel, para resolver casos que parecían a primera vista irresolubles.

La actitud de las familias (y de los ministros) que recurren a capacidades “sobrehumanas” en su deseo de no dejar piedra sin remover es comprensible, aunque errónea. La actitud del vidente que acude, cual buitre al olor de la carroña, para arañar unos minutos frente a los micrófonos merced a una tragedia como la del accidente de Chile, es despreciable. Aunque crean honradamente que tienen poderes. Que no los tienen, insisto. El que diga que sí debe recibir (de todos: escépticos, no escépticos, autoridades, familiares, periodistas, todos los que le oigan) la misma respuesta:

Hágalo, o cállese.

Ninguno lo ha hecho. Y aún estamos esperando a que alguno se calle. Incluyendo, increíblemente, a Sylvia Browne.

SOBRE LA AUTORA

Daurmith (@Daurmith)

Daurmith empezó a jugar con esto de los blogs en 2001 y no ha parado desde entonces a pesar de las protestas. Pensó que así aprovecharía por fin los años que pasó estudiando biología molecular, y descubrió que le encanta hablar de la realidad tal como es; es más divertido. A pesar de la evidencia fotográfica, Daurmith no es un gato.

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Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

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