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TBT: ¿Y ahora qué hacemos?

En Noviembre de 2011, cuando fue escrito el siguiente post, la población humana se empinaba por los 7.000 millones. Hoy, casi cinco años después, ya va en 7.450. ¿Qué vamos a hacer para alimentar a todas estas bocas?


Con la novedad de que ya somos 7.000 millones. ¿Y ahora? ¿Cómo le damos de comer a tanto cristiano? Y musulmán y ateo y mormón y pastafarian (bueno, estos últimos supongo que no tienen problema).

Cuando yo nací la población mundial rondaba los 4.000, y eso fue hace sólo 23 33 (ejem)…muy pocos años. Si alcanzo mi esperanza de vida, ya habremos pasado los 9.000 millones. Me mareo nomás de pensarlo: durante mi vida, la población mundial más que se duplicará.

Ahora que nació la pequeña Danica Camacho todos los medios hablan sobre crecimiento demográfico y los problemas de sobrepoblación. Los titulares preguntan alarmados ¿Tenemos planeta para tanta gente? Mañana seguramente se olvidará y la primera plana volverá a ser compartida por el fútbol y el drama político de turno. Por suerte (es un decir, porque de azar no tiene nada), mucha gente viene pensando en soluciones alimentarias de tiempo atrás. Algunas podrían ser la carne de laboratorio o los huertos verticales (en este artículo de Amazings encontrarás algunas otras), pero de la que vengo yo a hablar hoy es de la entomofagia.

Por si no estás muy puesto con las etimologías grecolatinas del español, “entomofagia” es la palabra que se utiliza para que la gente mantenga el desayuno en el estómago mientras se habla de comer insectos.

Los insectos ya se consumen (voluntariamente) en una gran cantidad de países – 80% según este artículo. Y, de acuerdo a la FAO, hay unas 1.700 especies de insectos comestibles que representan una buena fuente de proteínas, grasas, carbohidratos, calcio, vitaminas y minerales. (Aquí puedes ver el valor nutrimental de varios bichos).

Además de su valor nutritivo, cambiar la carne de mamífero por insectos tiene ventajas importantes: al ser muy eficientes en la conversión de nutrientes, necesitan consumir menos para producir la misma cantidad de comida. Además, emiten muchos menos gases invernadero por kilo (10 veces menos metano y 100 veces menos óxido nitroso).

Todo esto suena muy bien, pero no hemos hablado de la gran desventaja: el factor “blaaagh”. Y es un factor importante. Los insectos no son ni más ni menos asquerosos que otras cosas que ya nos estamos comiendo. ¿Has visto bien una almeja o un camarón? ¿Seguro? Fíjate bien. La diferencia entre comer un camarón y un escorpión es que a uno estamos acostumbrados y al otro no.

Introducir un nuevo alimento a la lista de los que son socialmente aceptables no es fácil y por eso, vengo a proponer soluciones:

Apelar a las ganas de aventura
Una forma común de iniciación a la entomofagia es cuando, de viaje por exóticos lugares, te ofrecen un bicho pinchado en un palo para comer. Estás ahí para conocer nuevas culturas, ¡claro que vas a aprovechar la oportunidad para experimentar y tomar una foto! (si crees que los locales se están riendo de ti, no temas, no es producto de tu imaginación). Aprovechemos esto para ofrecer el mismo subidón de adrenalina sin pisar el aeropuerto: restaurantes temáticos de consumo de insectos. Para mayor autenticidad, se puede exigir que los comensales vistan estrictamente de Coronel Tapioca. Por un sobreprecio, los camareros se pueden reír de nosotros mientras comemos.

Mezclarlos con alcohol
Otra forma común de entomofagia (o por lo menos en el mundo según Hollywood), es “beberse” el gusano de la botella. Algunas botellas de mezcal (nunca de tequila*) tenían un gusano que les daba un sabor un poco diferente, pero ahora casi todo el mezcal de exportación lleva un gusano. ¿Por qué? Porque mola. Una vez pasada la mitad de la botella, pocos sabrán qué están comiendo. ¡El alcohol rompe barreras! Pongamos más bichos en las bebidas, por ejemplo, mojitos con jumiles. Como anécdota, la primera vez que comí gusanos fue en forma de sal de gusano: una mezcla de gusano frito y molido, con sal y chile en polvo, que se sirve con el mezcal.
* Si tu botella de tequila viene con gusano, te están viendo la cara de turista.

Enseñarlos desde chiquitos
Los niños no tienen problemas en comerse cualquier cosa. Igual levantan un caramelo de la calle que lamen un asiento del metro que se meten a la boca un puñado de tierra. Aprovechemos esta falta de escrúpulos para introducir nuevos alimentos a su dieta. Por ejemplo, helado de cigarra o grillos cubiertos de chocolate.

Mentir con todos los dientes
En la próxima cena que hagas en casa, mezcla los trocitos de bacon de la ensalada con trocitos de grillo frito, o usa harina de insectos para preparar los postres. Al día siguiente (es muy importante que no sea en tu casa) cuenta casualmente a tus invitados que últimamente has incluido insectos en toda tu comida. Si te siguen hablando, pueden empezar un club de entomofagia. Puedes encontrar recetas aquí, aquí, aquí o aquí.

Nouvelle insecte cuisine
Sigue el ejemplo de Starbucks y haz del producto un asunto de moda. Ya sabes, hormigas orgánicas, recolectadas por una comunidad indígena en los Andes, y vendidas por comercio solidario, para beneficiar a los niños refugiados, víctimas de minas anti-persona. Cúbrelas de chocolate blanco, mermelada de kiwi o de jalea real, para seguir con el tema de los insectos, y ya está. Listo para venderlas en tres tamaños: grasso, hauter, y cuarenta y dos, o cualquier otra combinación de palabras sin relación clara al tamaño real que se te ocurra.

Mañana, pasado, o la próxima semana, el tema de la sobrepoblación volverá a desaparecer de los titulares, pero seguirán su trabajo los científicos dedicados a buscar soluciones viables a la alimentación mundial. Quizá podemos ayudarlos intercambiando el insecticida y el matamoscas, por la cacerola y la pimienta, y viendo con más ojos de amor a aquella arañita en la pared.

Imagen: keithmander.com


SOBRE LA AUTORA:

Daniela (@Mexkeptic)

Mexicana de nacimiento y trotamundos por adopción, Daniela finalmente ha decidido dejar de ver los toros desde la barrera y hacer algo por avanzar la causa escéptica. Si no lo logra, le echará la culpa a alguien más. Actualmente vive en Madrid.
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Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

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