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¿Recuerdas cuando eras científico?

¿Te puedes imaginar un científico en pañales? No, no me refiero al sonado caso de aquella astronauta que se enfundo en senda prenda desechable y manejo 1500 km para despacharse a una rival de amores. Me refiero a un artículo publicado recientemente en la revista Cognition que investiga la capacidad innata de los niños de diseñar experimentos para aprender de su entorno. Aunque existe bastante evidencia que demuestra que el razonamiento causal de los niños es bastante sofisticado, en dicho estudio Schulz y colaboradores exploran a detalle la capacidad de niños de cuatro a cinco años de reconocer e incluso inventar acciones que los ayuden a aislar variables para obtener información, así como los científicos tratamos de diseñar experimentos para examinar el efecto de diferentes variables de manera separada.

El experimento, aunque sencillo, es un poco complicado de explicar, así que permítanme describirlo con detalle. Este consiste en darles a los niños un juguete que se ilumina y toca una canción cuando una cuenta entra en contacto con su superficie. Las cuentas son claramente distinguibles entre sí y vienen en tres modalidades: individuales, en pares separables y en pares inseparables (pegadas). Primero se les presentan cuatro cuentas individuales y se les demuestra como accionar el juguete poniendo la cuenta encima de él. A un grupo de niños se les enseña que todas las cuentas hacen funcionar a la máquina. En el segundo grupo, sólo dos de las cuatro cuentas logran accionar el juguete. Después se les dan dos pares de cuentas, un par separable y el otro inseparable, y se les demuestra a ambos grupos que los dos pares activan el juguete al ponerlos sobre su superficie. Finalmente, se les deja jugar por su cuenta con los dos pares de cuentas.

¿Por qué darles pares de cuentas? Para averiguar si los niños tratarían de separar las cuentas con el objetivo de saber cuál de ellas hace funcionar el juguete. Los resultados demuestran que los niños del segundo grupo, los que creían que no todas las cuentas activaban el juguete, buscaban separar el par de cuentas y probar su eficacia individualmente. Es decir, los niños demostraron poder discernir entre información ambigua e información precisa, y en los casos en que podían adquirir mayor información, los chamaquitos selectivamente realizaron las acciones que los ayudarían a aislar las variables relevantes de manera eficaz.

¿Y qué paso con el par de cuentas inseparables? Originalmente se introdujo como un tipo de control para saber si los pequeños explorarían más las propiedades del par de cuentas del que pueden obtener mayor información, es decir, del par separable. Sin embargo, los chavales fueron un paso mas allá e impresionaron a los señores científicos al observar que varios de ellos trataban de examinar cada una de las cuentas individualmente orientando al par de manera vertical, a pesar de que los investigadores solamente les enseñaron a colocarlos horizontalmente. Esto es evidencia de que los niños, como buenos científicos, trataron de ingeniar un método que los ayudara a aislar las variables relevantes.

Los resultados de este estudio demuestran un vínculo entre el desarrollo cognitivo y el método científico, donde los juegos exploratorios son un tipo de precursor de la ciencia. Entre tantas noticias de charlatanería y sinrazón, es refrescante y esperanzador tener evidencia de que llegamos al mundo con madera de científicos; ahora solo falta tener un mejor plan para proteger a esas pequeñas mentes inquisitivas.

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lucy

lucy

Nacida en México, Luciana siempre ha tenido interés por temas científicos, al grado de tener la osadía de navegar el circuito académico durante la última década. Sin visos de lanzar el ancla en un área específica, ha metido mano en temas que van de materiales, a nanotecnología y últimamente en biotecnología. La vida no corre prisa, y entre inmersiones a las obscuras aguas del trabajo experimental, esta rata de laboratorio tratará de subir a la superficie para tomar un poco de oxígeno y perspectiva al escribir para escéptica.

3 Comments

  1. July 29, 2011 at 8:22 am —

    La pregunta es qué pasa después. ¿Cómo perdemos ese interés? ¿Es la educación? ¿La falta de estímulos apropiados?

  2. July 29, 2011 at 11:12 pm —

    Yo creo que se pierde mucho terreno al no saber como estimular la curiosidad de los niños. En este estudio queda claro que solamente los niños a los que se les presentaba información ambigua trataban de manipular el sistema para tratar de aislar la relación entre causa y efecto. A los niños que se les daba la información peladita y en la boca (como se dice en México) jugaban de manera indiscriminada. En mi experiencia particular, el sistema educativo pone demasiado énfasis en saturar de información a los niños, y muy poco en tratar de desarrollar sus capacidades cognitivas retándoles a resolver problemas donde tengan que utilizar el método científico y su capacidad de raciocinio para llegar a la solución. Los conceptos aprendidos de esta manera rara vez se olvidan, y las habilidades que desarrollas te sirven para todo tipo de situaciones.

  3. Jose Luis
    July 30, 2011 at 11:16 am —

    He conocido algunos experimentos similares y es difícil resumirlos, lo has explicado muy bien.

    En cuanto a la practica creo que hay un par de enfoques clave en el trato con los niños: “Yo no lo se ¿tu como crees que …?” y “explícamelo con tus palabras”

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