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El Tramposo Cae al Pozo

Esta semana una corte Alemana ratificó la revocación del grado de doctor de Jan Hendrik Schön, apagando las últimas llamas de uno de los fraudes científicos más grandes de la historia. El asunto está así. En el 2002, el entonces Dr. Schön, investigador de los prestigiados Laboratorios Bell, era a sus treinta y un años de edad el niño prodigio del mundo de los electrónicos orgánicos. Schön empezó su acenso a la fama en el 2000, reportando una nueva manera de inyectar corrientes eléctricas intensas a cristales orgánicos, supuestamente logrando la fabricación de un transistor de efecto campo a partir de cristales de pentaceno.

De ahí en adelante el muchacho sería imparable … o casi imparable. Basándose en dicho descubrimiento, reportaría efectos sorprendentes en materiales orgánicos, como la superconductividad, el primer laser orgánico eléctrico, el primer transistor emisor de luz, e incluso reportaría la fabricación del transistor más pequeño del mundo, constituido por una sola molécula. En cuestión de dos o tres años, básicamente redescubriría todo lo que se había descubierto en la física del estado sólido en los últimos 60 años, pero aplicado a materiales orgánicos, como dijo Lydia Sohn, una de las primeras personas que señaló la posible manipulación de datos por parte de Schön.

Como se pueden imaginar, el chaval tenía un record de publicación envidiable: más de 90 artículos en los que aparecía como autor, con un ritmo de publicación de un artículo cada 8 días en el 2001…¡vaya máquina! Suficiente para crearle un gigantesco complejo de inferioridad a su compañero de banca. Y no estoy hablando de revistas de quinta, sin revisión por pares; Schön llegó a publicar 18 artículos en las revistas Science y Nature (aquí pueden ver un gráfico con el record de sus publicaciones). Para ponerlo en contexto, hay muchos investigadores reconocidos que pasan sus carreras sin lograr publicar una sola vez en una de estas revistas, y mucho menos tal número de artículos en un periodo tan corto de tiempo…quizá esta debió de ser la primera señal de que había gato encerrado.

Por supuesto, no pasó mucho tiempo para que otros investigadores trataran de replicar su trabajo, sin ningún éxito. Al ser contactado por estudiantes de los grupos de Dan Frisbie y Allen Goldman de la Universidad de Minnesota para pedir más detalles técnicos sobre su procedimiento, Schön amigablemente les daría pequeños tips y los alentaría a continuar con su trabajo…¡qué cabrón! ¿Se imaginan la cantidad de recursos y tiempo que le hizo perder a estudiantes y profesores?

Parte del éxito de Schön se basó en utilizar teorías existentes para fabricar sus datos experimentales a partir de ecuaciones, generando datos de gran calidad y con poco ruido experimental. Datos tan contundentes disuadían a los escépticos a preguntar más detalles de su metodología. Nadie se imaginó que podría estar simplemente cuchareando sus datos. Al fin y al cabo, uno de los pilares de la comunidad científica es la confianza en la honestidad de otros investigadores al reportar sus hallazgos. Aún así, me cuesta trabajo imaginar que Schön pudiera pensar que la confianza de otros lo dejaría seguir fabricando ciencia fantástica a tal ritmo. Después de todo, sus descubrimientos daban lugar a tecnología que se esperaba revolucionaría el mundo de la electrónica. ¿Cuánto tiempo más podría pasar antes de que la comunidad científica se cansara de tratar de replicar sus experimentos y cayera en cuenta de su engaño?

Bueno, en la práctica fue bastante más tiempo de lo que uno se imaginaría, entre otras cosas por lo difícil que es publicar datos negativos o fracasos en revistas científicas. Al no saber que tanta gente estaba teniendo problemas para replicar los experimentos de Schön, cada investigador asumía que había algo mal en su respectiva metodología. Sin embargo, para finales del 2001 varios científicos empezaban a dudar de la veracidad de sus resultados, e incluso Schön fue sujeto a cuestionamientos por sus superiores después de ser acusado públicamente de fraude por un investigador externo. Unos cuantos meses después, llegó el Waterloo para Schön. Lyn Loo, entonces una investigadora postdoctoral en los Laboratorios Bell, se dio cuenta que una gráfica publicada en un artículo en Nature estaba duplicada en otro artículo de la revista Science; lo alarmante es que estas gráficas supuestamente demostraban el comportamiento de dos dispositivos totalmente diferentes. A partir de ese momento todo se empezó a venir abajo para Schön.

Lydia Sohn y Paul McEuen, investigadores de la Universdad de Princenton y Cornell, respectivamente, se enteraron de los datos duplicados y se dieron a la tarea de encontrar más inconsistencias en sus resultados…¡y vaya que las encontraron! Al reportar los resultados de sus pesquisas a los Laboratorios Bell, esta institución se vio obligada a lanzar una investigación, llamando a un panel de expertos externos para llevarla acabo. Estos concluyeron que Schön había falsificado o fabricado datos en 16 instancias comprobables. Como Schön no tenía una bitácora de laboratorio y dijo haber borrado muchos de los datos originales porque su disco duro estaba lleno (¡que conveniente!), hubo muchos otros resultados reportados en los que fue imposible comprobar si hubo fraude.

Los laboratorios Bell despidieron inmediatamente a Schön y al parecer ahora se encuentra trabajando para una firma de ingeniería en Alemania. Schön demandó exitosamente a la Universidad de Konstanz cuando ésta revocó su título de doctorado, ya que nunca se pudieron comprobar irregularidades en su tesis doctoral. Durante la apelación, el juez concluyó que al violar los principios más básicos de la práctica de la investigación, Schön había demostrado no contar con la habilidad necesaria para poder realizar investigación científica de manera independiente, la cual se considera un requisito básico para otorgar un título de doctorado.

Como es de esperarse, muchos de sus artículos (28, de acuerdo a Wikipedia) fueron retractados. ¿Pero cómo es posible que los procesos de revisión de revistas tan prestigiadas como Nature o Science hayan fallado tan catastróficamente en primera instancia? Bueno, parte de la respuesta es que revistas de alto impacto como éstas, ponen gran énfasis en publicar artículos innovadores, cuyos resultados todavía no están perfectamente corroborados. De hecho, hace poco se publicó un artículo que demuestra una correlación positiva entre el factor de impacto de una revista y el número de retracciones de artículos. Aquí cabe mencionar que quizá las retracciones también son mayores en las revistas de alto impacto porque éstas se encuentran sujetas al escrutinio de más personas

La historia de Schön ha dado pie a muchas dudas sobre la efectividad del proceso de auto-corrección de la ciencia. Ciertamente, en este caso el proceso fue más tardado y mucho menos sistemático de lo esperado, y en el fondo dependió de la perseverancia de tan sólo un par de investigadores. Pero en mi opinión, quien piensa que esto demuestra una terrible falla del proceso científico, tiene una visión bastante ingenua del proceso científico. La ciencia está hecha por humanos, y por lo tanto esta sujeta a nuestras imperfecciones (tanto al hacer ciencia, como al corregirla), pero a la larga funciona. Y una vez que algo se comprueba manipulado, la reacción es instantánea. Así que, a pesar de que la palabra fé me provoca prurito, si he de tener fé en algo, ese algo es el proceso científico.

Nota: Al que quiera leer más sobre Schön y su fraude, les recomiendo el libro Plastic Fantastic de Eugenie Samuel Reich

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Fugaces 26/09/11

lucy

lucy

Nacida en México, Luciana siempre ha tenido interés por temas científicos, al grado de tener la osadía de navegar el circuito académico durante la última década. Sin visos de lanzar el ancla en un área específica, ha metido mano en temas que van de materiales, a nanotecnología y últimamente en biotecnología. La vida no corre prisa, y entre inmersiones a las obscuras aguas del trabajo experimental, esta rata de laboratorio tratará de subir a la superficie para tomar un poco de oxígeno y perspectiva al escribir para escéptica.

2 Comments

  1. September 23, 2011 at 12:18 pm —

    Es lo bueno del método científico. Que uno de sus pilares fundamentales es la búsqueda de errores mediante la replicación de experimentos. En este sentido, a la larga, es muy complicado que en ciencia se mantenga una mentira como verdad (salvo si la mentira es del todo irrelevante, en cuyo caso no es que importe mucho).

    Trabajo rodeado de científicos. Sorprendería ver cuántos doctores anteponen la máxima de ‘sigue al dinero’ para intentar desprestigiar al método, sin ser conscientes de que el método en sí, a la larga, es el que acaba eliminando las imperfecciones que se introducen a raíz de la naturaleza humana.

  2. September 26, 2011 at 12:23 am —

    Lucy tiene razon. En todas las actividades humanas hay individuos que buscan avanzar con trampas. Hay escandalos muy similares en el mundo de las finanzas, de las instituciones de caridad, de las iglesias, y en los gobiernos. No veo razon para esperar algo distinto de la actividad cientifica, tanto academica como privada.

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