ActivismoReligión y espiritualidad

No es lo mismo

Espero que se me disculpe si arranco esta entrada con una autocita gráfica. Tengo como disculpa que lo hago por una buena causa (o, al menos, con una buena excusa): reproduzco esta viñeta para recomendar el texto que la inspiró. “The Islamic Inquisition” (“La inquisición islámica”) es una charla que la activista Maryam Namazie dio el pasado mes de junio en la Conferencia Mundial de Ateísmo que tuvo lugar en Dublín, y su lectura ilumina ciertas ideas y puntos de vista que no se tienen en cuenta con la debida asiduidad en la discusión del tema.

La ponencia empieza, como su título anticipa, trazando un paralelo entre el Islam actual y el cristianismo de siglos anteriores, en que era una de las principales fuerzas políticas y sociales de Occidente. Namazie argumenta que una sociedad justa sólo es posible cuando esa fuerza ha sido severamente restringida. Me permito traducir:

La religión en general y el Islam en particular sólo se pueden considerar progresistas y reformados (al menos nominalmente, si eso es posible) cuando han quedado relegados a un rincón, fuera del espacio público; cuando se los obliga a ocuparse de comedores comunitarios en vez de cortes o asambleas islámicas.

Si se mira al cristianismo, por ejemplo, lo que ha cambiado no son sus postulados, dogmas y principios; no se ha vuelto más humanitario desde los días de la inquisición y la quema de brujas. Lo que ha cambiado es su influencia social y política en la sociedad actual, en la vida de la gente, en su relación con el estado, la ley y el sistema educativo. La medida en que se ha socavado y debilitado es la misma medida en que la gente ha podido librarse de las garras de la religión para tener vidas más felices y una sociedad mejor. Los valores humanos progresistas se han logrado en contra del cristianismo y la religión.

Nadie dirá que Namazie no expone claramente lo que piensa. Continúa siempre en el mismo vehemente tono humanitario que no nos permite olvidar que el fin último ha de ser el bienestar de las personas, no el de las creencias. En este contexto, señala una distinción que, pese a ser central, con demasiada facilidad se pierde de vista (especialmente de la vista de quienes denostan a Ruhollah Jomeini mientras ensalzan a Isabel I de Castilla, pero no sólo de la de ellos): la distinción entre el Islam, el islamismo y los musulmanes.

En esta clasificación, el Islam es una religión (“no peor que ninguna otra”, en palabras de la propia Namazie). Al islamismo, por otra parte, lo define como “un movimiento político de ultraderecha que tiene el poder del estado en muchos lugares”, fundado ideológicamente en el Islam y la Sharia. Y, por otra parte, están los musulmantes, seres humanos, personas de carne y hueso en vez de conceptos abstractos o fines políticos.

La charla entera no tiene desperdicio, pero si de ella tuviéramos que quedarnos con una sola idea, creo que debería ser esta crucial diferencia. No se puede hacer en ella exagerado hincapié. No hace mucho, un comentarista (anónimo, si es que este dato es útil) me reprochaba que hubiera dibujado un musulmán como víctima de violencia en vez de como su perpetrador; aunque, visto el contexto, es posible que esto fuera sólo un signo más de la envidia de la fatwa que manifestaba. Envidia que surge de esta misma confusión entre Islam, islamismo y musulmanes. Namazie lo deja bien claro (las negritas son mías):

Los musulmanes, o aquéllos a quienes se rotula como tales, son las primeras víctimas del islamismo y están en la primera línea de la resistencia.

Esta pereza mental para distinguir personas de creencias e ideologías puede tener consecuencias nefastas aun cuando va acompañada de las mejores intenciones. Namazie se refiere a la institución en el Reino Unido de cortes islámicas en un esfuerzo “multicultural” que enmascara (quizá inadvertidamente, pero no por ello de modo menos eficaz) un racismo y una exclusión no muy diferentes de los que pretende combatir:

Tanto la extrema derecha como la izquierda pro-islamista sostienen que el islamismo es la cultura de la gente y que ésta no se merece otra cosa, imponiendo a innumerables personas los elementos más reaccionarios de la cultura y la religión, que son las de la clase dominante: imanes parásitos y “líderes comunitarios” autonombrados.

Espero que se me disculpe si cierro esta entrada con una autocita gráfica. Tengo como disculpa que ya me dejo de incordiar.

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Andrés

Andrés

Espécimen de Homo sapiens nacido en la Argentina del siglo XX. Bohemio de oficina, procrastinador multidisciplinario, autodidacta inconstante, cultor del nomadismo de sillón. En lo que encuentra un lugar cómodo donde la sociedad tenga a bien encasillarlo, se entretiene con cosas que se parecen un poco a la informática, a las artes y al humor.

4 Comments

  1. October 28, 2011 at 9:54 pm —

    Aquí se encuentra el artículo “La Inquisición Islámica” de Maryam Namazie en español: http://bit.ly/kaPYQ6

  2. […] He ahí el resultado de siglos de tradición escolástica, el fruto de largas y eruditas discusiones sobre dialéctica y apologética, el destilado de tomos y más tomos de razón tomista: “Si no fuera tan civilizado, te mataría”. El motivo por el que la mayoría de los ataques contra la religión se centran en la fe cristiana es su docilidad, y no, como podría pensarse, su desmesurado poder político, económico y social, ni mucho menos la manera en que lo usa. Somos unos abusones que nos aprovechamos de un blanco fácil e indefenso. De buena gana nos darían ellos una lección de tolerancia si su don de gentes no les impidiera degollarnos como harían esos bárbaros del desierto. […]

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