Medicina alternativa

La confusión y la jerga

Si no fuera escéptico, me habría convertido en creyente al sucederme esto. (Claro que, si fuera ya creyente, no tendría en qué convertirme. Qué suerte que el escepticismo me salva de tales paradojas.) Vagaba hace un par de días por la calle, debatiendo conmigo mismo sobre qué asunto de los ningunos que había considerado versaría este post, cuando un compromiso familiar me llevó a apartarme de mi ruta habitual y pasar ante esta fachada:

Podrá imaginar usted mi reacción. —¡No! —me dije—. ¿“Terapia de campos bio frecuenciales”? ¡Eso suena a pseudociencia! ¡En mi propia ciudad! ¡Ya no se respeta nada! —Y me alejé de allí con la indignación en la memoria de mi teléfono, mientras elevaba una plegaria silenciosa a Santa Coincidencia de los Azares, agradeciéndole que hubiera puesto un tema en mi camino.

Un rápido guglazo me reveló que TOB significa “Terapia Organizativa Biomolecular”. (Peligro: Flash con sonido del otro lado del enlace. Haga click con precaución.) “Ud. encontrará en muy corto plazo la respuesta que durante tanto tiempo buscó”, promete el sitio, aunque pronto llega el matiz: “no espere tratamientos mágicos”. Y, por supuesto, agrega: “ni tampoco la soberbia de la ciencia.”

Pero estamos hablando de medicina alternativa, una de cuyas máximas es “que no sepa tu mano derecha lo que cobra tu izquierda”, de manera que bajo el título “Tecnología” encontrará usted una extensa loa a la ciencia que un minuto antes se veía denostada. Aunque, claro está, se trata de ciencia alternativa, que es a la ciencia real lo que la medicina alternativa es a la medicina. No es más que un cuento narrado por un charlatán, lleno de confusión y jerga, que nada significa.

El autor muestra una gran habilidad para entretejer conceptos científicos legítimos que debe haber recogido de aquí y de allá (¡Hay una lista de referencias al pie! ¡Alabado sea!) con otros de su propia cosecha, fundiéndolos en un mazacote textual cuya lectura requiere una paciencia de ajedrecista, y su análisis, un martillo neumático. A medida que uno se adentra en este laberinto donde las ideas van a morir (o, al menos, a ser severamente apaleadas), se va encontrando con los sospechosos de siempre: “energía”, “vibraciones”, “cuántico”, “electromagnético”, “Einstein”… Es una pena, sin embargo, que la enciclopédica erudición del articulista no le alcance para saber que la gravedad y el magnetismo no son la misma cosa. O que la teoría del éter quedó desacreditada mucho antes de que su idolatrado Einstein peinara canas. (Y cuando se las peinaba, no era para salir en estas fotos vergonzosas en que suelen meterlo sin preguntarle.) Si de no saber se trata, no sabe ni siquiera cómo evitar que los non sequitur se le adhieran a todo lo que escribe como percebes al casco de un barco.

Ahora bien, ¿para qué sirve esto? Si me someto a la acción de sus aparatos para que me organicen las biomoléculas, me acomoden los cuantos y me arreglen el eje de rotación de la célula despolarizada, ¿qué se me cura? Pues bien, como todo tratamiento alternativo (“diferente”, le gusta decir a su director), éste sirve tanto para un barrido como para un fregado (barridos y fregado indoloros y no invasivos, por supuesto). Sin embargo, notará usted (ya desde la fachada) cierto énfasis en padecimientos como el reuma y la artrosis: enfermedades crónicas que, aún con tratamiento, tienen mayor probabilidad de empeorar que de mejorar y que van deteriorando paulatinamente la calidad de vida. Ésa es la realidad de la medicina alternativa. El director de TOB preferirá llamarlo “diferente”, pero lo cierto es que su negocio es igual a cualquier otro del ramo. Por más que advierta en contra de esperar tratamientos mágicos, eso es exactamente lo que vende: magia. Magia con un mal disfraz de ciencia. Y no es azar ni coincidencia que su estrategia de mercado se oriente a personas angustiadas por sufrimientos que no tienen cura: son éstas, después de todo, las más vulnerables a tales promesas vanas de curación.

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Andrés

Andrés

Espécimen de Homo sapiens nacido en la Argentina del siglo XX. Bohemio de oficina, procrastinador multidisciplinario, autodidacta inconstante, cultor del nomadismo de sillón. En lo que encuentra un lugar cómodo donde la sociedad tenga a bien encasillarlo, se entretiene con cosas que se parecen un poco a la informática, a las artes y al humor.

2 Comments

  1. November 5, 2011 at 2:13 am —

    La medicina alternativa no existe. Si un tratamiento funciona, es medicina. La gente debería saberlo ya pero esta gentuza que vive de la desesperación de las personas tienen la habilidad de convencer y camuflar con el lenguaje.

  2. September 24, 2013 at 10:21 pm —

    Mi mamá encontró esto en Mar del Plata y cuando me lo comentó me resultó seriamente dudoso. Encima, ni bien lo empezó también lo empezó a llevar a mi abuelo, y están pagando como $1000 por mes. A este tipo hay que escracharlo, es indignante cómo estafan a la gente.

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