Feminismo

La Prostitución, el Matrimonio y Bertrand Russell

¿Qué pueden tener en común la prostitución, el matrimonio y Bertrand Russell?

Según un texto escrito por Russell el año 1936 y publicado en el libro “Por qué no soy cristiano” y que a continuación cito, el matrimonio, al menos en la época en que el autor vivió, sería una especie legalizada de prostitución:

“…habría que hacer todo lo posible para que las relaciones sexuales no tuvieran una mancha económica. En la actualidad, las esposas, como las prostitutas, viven de la venta de sus encantos sexuales; e incluso en las relaciones libres temporales, se espera que el hombre asuma todos los gastos. El resultado es que hay una mezcla sucia del dinero con el sexo, y que frecuentemente los motivos de las mujeres tienen un elemento mercenario.

El sexo, incluso cuando la Iglesia lo bendice, no debe ser una profesión. Es justo que la mujer reciba su pago por cuidar de la casa, cocinar y atender a los hijos, pero no únicamente por tener relaciones sexuales con un hombre. Tampoco la mujer que ha amado y ha sido amada por un hombre debe vivir de la pensión para alimentos, cuando el amor ha terminado.

Una mujer, como un hombre, debe trabajar para ganarse la vida, y una mujer ociosa no es intrínsecamente más digna de respeto que un gigolo.” Este fragmento se encuentra en el cap. 11 “Nuestra Ética Sexual”.

Russell quizás estaba en lo cierto al describir el matrimonio en esos términos en la década del 30. Pero, ¿qué pasa hoy en día? Al menos en gran parte de las sociedades modernas el matrimonio es un arreglo igualitario entre dos personas (ni si quiera es necesario que sean hombre y mujer) Pero, lo que no está tan claro, es en qué medida subsisten hoy en día arreglos sutiles entre hombres y mujeres como resabio de la antigua vocación mercenaria de la mujer con el sexo. Un ejemplo de ello podría ser la idea de que el hombre debe tener pequeñas deferencias hacia la mujer (¿para asegurar sus favores?), tales como abrir la puerta del automóvil, dejarla pasar primero, no dejarla hacer esfuerzo físico aunque sea capaz de ello, pagar la cuenta del restaurante, regalarle joyas o perfumes costosos, etc… ¿Cuál es el origen de estos detalles tan comunes en las citas amorosas? ¿Por qué son los varones los que deben abrir la puerta, etc? Lo dejo abierto a debate.

Mi punto es que muchas veces no nos detenemos a analizar los significados profundos ocultos en las cosas más cotidianas y comunes. Esas que se dan por sentado, pero que cuando reparamos en ellas de verdad y les damos una segunda mirada pueden desvelarnos ideas muy interesantes. Me pasó hace poco con un chiste que me envió un amigo a mi correo electrónico, el cual transcribo a continuación:

“TAKETA” – Estimulante Femenino!

Un científico chino descubre “Viagra” femenino.
El producto es conocido en China por el nombre de “TAKETA”.
Transcripción de la entrevista:
Periodista: que sucede cuando da TAKETA a su mujer?
Chino: Mujel queda alegle, caliñosa y bondadoóóósa. Besa y ablaza el día enteloo y nochee entela. No da sosiego, ella quiele tlansal cuantas veces tu aguantal, te llama mi amol, mi vida, te adolo, te amo!
Periodista: Ese producto es tan fantástico?
Chino: SI ! SI ! SI !… Galantizado ! funciona muuyyyy… bienn ! No falla nunca!
Periodista. El nombre del producto es solo… “TAKETA” ?
Chino: nombre científico completo es TAKETA DE CLÉDITO”!!!

Quizás a muchos este chiste les pueda resultar gracioso. A mi, personalmente, me violenta bastante. Primero por el estereotipo racista, pero sobre todo por lo misógino. Me violenta el hecho de que chistes como este llevan implícito en ellos la idea de que la mujer se prostituye en diversos formatos. Que acepta favores de variada naturaleza a cambio de sexo. Ahora bien, analizando la Historia podemos observar que la mujer ha tendido a cumplir un rol mercenario con el sexo, ya que por mucho tiempo esta fue su única moneda de cambio: Sin educación y sin libertad para trabajar su opción fue ser lo suficientemente bonita, joven y sana para ser elegida por un varón importante que la protegiera.

¿Y ustedes qué opinan? ¿Ha sido el matrimonio en algún punto de la Historia una forma de prostitución? ¿Lo es hoy en día? ¿Qué signos podemos detectar en el diario vivir como indicadores de relaciones mercenarias?

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Lulú

Escéptica gracias a Google, pasó su infancia discutiendo con sus profesores de Historia y Religión. Ahora que encontró amigos de su misma especie, dedica sus horas libres al activismo escéptico y a discutir con profesores de Historía y Religión (cuando no está perdiendo el tiempo en google)

16 Comments

  1. November 3, 2011 at 10:23 am —

    Excelente texto, Lulú, pero ¿Porqué preguntas en pasado? Sigue siendo así. Si me permites, me autocitaré. Hablando sobre los problemas de aceptación social que encuentran las lesbianas, acuñé un término desagradable al oído, pero muy descriptivo: mercado de coños.

    “…¿A alguien le escandaliza el concepto mercado de coños? Pues es lo más natural del mundo. La familia tradicional, esa que la Iglesia defiende a capa y espada, se consolida, en la mayor parte del planeta (y en España hasta no hace mucho) cuando un hombre se compra un coño para su uso exclusivo, a ser posible con un útero para que críe a sus hijos. Eso no impide que él pueda seguir metiéndola fuera del matrimonio, porque es cosa de hombres, pero ¡ay de ella como deje que otro pene entre en su sagrado agujero!

    No pongáis esa cara. Ése es el modo en el que entienden el matrimonio demasiados millones de personas, y en nuestro civilizado país esa forma de pensar sigue estando muy extendida. Tras los asesinatos de mujeres a manos de su ex, no hay celos, inseguridad ni frustración por la desvalorización del rol masculino, sino la idea natural de que TU COÑO ME PERTENECE Y TE MATARÉ ANTES DE DEJAR QUE LO FOLLE OTRO…”

  2. November 3, 2011 at 10:43 am —

    Vaya, el enlace no aparece en mi nick. Si alguien quiere ver el contexto,
    http://episcophagus.blogspot.com/2011/07/de-amar-follar-y-lo-que-nos-gusta_20.html

    • November 4, 2011 at 6:45 pm —

      Hey! gracias por el link. Me parece que el mercado de coños sigue abierto en muchísimos más lugares de los que pensamos… Me gustaría leer o quizás escribir algo sobre la prostitución a secas y el arriendo de coños.

      Saludos!

  3. November 3, 2011 at 12:47 pm —

    Nunca me había planteado el tema desde este ángulo…

    En mi tierra y en la de mis ancestros la sociedad tiene un claro tinte matriarcal, creces entre la devoción y el respeto por las mujeres.

    Esto no implica que todos allí piensen como yo, pero si es esclarecedor el dato del Observatorio de la Violencia donde se indica que es una de las zonas de España con menos denuncias de violencia de género por cada 10.000 habitantes y hace años que no se registra una víctima mortal.

    Nunca he pensado en una mujer en los términos que se indican en el post, igual peco de pardillo, pero el hecho de hacer una regalo a una mujer, ya sea una pulsera cara o una grulla de papiroflexia que hayas realizado con tus propias manos, siempre me ha parecido una expresión del amor y el cariño que sientes por esa persona, no una manera de comprar sus favores sexuales.

    Lo de realizar esfuerzos físicos, en mi caso al menos, es porque la lógica me dicta que al ser más corpulento y fuerte, hay que repartir las cargas de manera equitativa, pero colaborando ambos… en cualquiera de los casos descritos no hay ninguna animosidad de comprar sexo a cambio de estas acciones, para mi son muestras de cariño y respeto.

    Lo se, vivo en otro plano de la realidad, que mucha gente sigue pensando de la manera descrita en el post, o como dice José Antonio, o eres mía o de nadie más…

    ¿Problema de fondo de la educación que recibimos? ¿La religión mal entendida?

  4. November 3, 2011 at 2:16 pm —

    Es un artículo muy interesante, y espero que no os moleste que entre a participar en la discusión.

    Por un lado, creo que esos “arreglos” como por ejemplo abrir la puerta y dejar pasar antes a la mujer, han evolucionado de la misma manera que ha evolucionado el decir “Jesús” a una persona cuando estornuda: A menudo es un acto reflejo, y en ningún momento se nos pasa por la cabeza que si no lo decimos se escapará el alma de la persona que ha estornudado. Creo que este ejemplo se puede extrapolar en la mayoría de los casos a estos arreglos o “detalles” convencionales que se tiene de cara a la mujer.

    Por otro lado, en cuanto al matrimonio como forma de prostitución, sinceramente no sé qué decir, pero considero que desde la antigüedad, si un hombre se ha casado no ha sido únicamente por el sexo, ni tampoco considero que el sexo haya sido la única arma de la mujer. Además de la cópula, la mujer tenía en su mano el cuidado de la casa, el de los hijos, y demás menesteres que tradicionalmente han sido femeninos.

    Y ya para terminar, parece que concebimos el sexo como algo solo placentero para el hombre en la historia. Si bien es indiscutible que a día de hoy las nuevas generaciones disfrutan del sexo por igual porque se entienden y lo entienden como algo natural, creo también que ha sido en épocas muy determinadas donde ha habido una ofuscante represión sexual, y ésta, aunque más con respecto a las mujeres, ha sido para ambos sexos… Con lo que considero que siempre se ha disfrutado del sexo tanto de un lado como del otro, por lo que no sé hasta qué punto éste ha podido ser una moneda de cambio tan específica dentro del matrimonio.

    • November 4, 2011 at 6:51 pm —

      Hola Bronte, justamente la idea es que quien quiera entre a comentar.
      Cuando dices que son gestos que han “evolucionado”, bueno, algo así es lo que quería plantear: Cuál es el origen de esos gestos?

      Muchas gracias por tu comentario y le dare un par de vueltas masa lo que indicas.

  5. November 3, 2011 at 2:32 pm —

    Hay algunos que explican que la monogamia surgió como un acto económico. El hombre, cansado de repartir sus atenciones y bienes entre distintas mujeres (a saber, con las que follaba de vez en cuando y con la que tenía hijos y un hogar feliz) inventó el matrimonio para matar a dos pájaros de un tiro: ahora, en lugar de dos o más, tiene una sola mujer que satisface sus necesidades sexuales, perpetua su apellido y además le espera con la comida lista cuando vuelve de sus labores masculinas.

  6. November 3, 2011 at 6:17 pm —

    Hay dos aspectos que me gustaría reseñar, por un lado, no es lo mismo si consideramos el matrimonio como institución civil de origen romano o la “familia” en sentido extenso y algunas de las formas que adopta y no hablo sólo de las poco extendidas o en desuso sino de algunas de sus formas modernas (recogidas por Marvin Harris) en las cuales la presencia del “hombre” es irrelevante para su mantenimiento y estoy pensando en el núcleo familiar compuesto por la madre y sus hijos con presencia esporádica y temporal de compañeros sentimentales de la madre que pueden ser, eventualmente, padres de nuevos hijos.

    Por otro lado, es importante considerar quien gana y que gana en un matrimonio. Si nos remontamos a nuestros orígenes podemos pensar que la monogamia puede ser considerada un recurso útil para la supervivencia de la descendencia (sobre todo para la mujer) en el que intervendrían dos factores, por un lado la ventaja que supone para la madre la ayuda de un hombre durante el embarazo y, al menos, el primer año de vida de la descendencia; aunque por otro, y en sentido contrario, la supervivencia de las abuelas durante un largo periodo tras la perdida de la fertilidad hace que esta “ayuda de un hombre” pierda parte de su carácter de necesaria.

    Personalmente creo que puede haber un poco de todo y mezclado en distintas proporciones en cada matrimonio, que según creo, no deja de ser una asociación en la que se espera un intercambio de favores en la medida en que los asociados estén dispuestos a hacerlo y por los motivos que cada uno de ellos crea pertinentes. El problema está cuando la legislación o la moral común pretenden forzar a una de las partes a mantener una participación prefijada de deberes en este contrato contra su voluntad o más allá de lo que es su voluntad hacer.

    • November 4, 2011 at 6:56 pm —

      Me interesa discutir las posibles causas biológicas de nuestros arreglos sociales, de hecho, me gustaría leer algo al respecto que me puedas recomendar. Ahora, rescatando tu último parrafo, claro que para la mujer durante mucho tiempo la única posibilidad era el matrimonio en figura subordinada o bien ser casta y cuidar a los debiles a los menores de edad y/o a los ancianos.

      • November 5, 2011 at 12:27 pm —

        Me abruma un poco tu petición ya que no se si soy la persona indicada para recomendarte pero he intentado hacer memoria y he recordado algunos libros donde se pueden encontrar expuestos los argumentos que he esbozado:

        1) Una buena descripción sobe los distintos tipos de familias desde una perspectiva actual (bueno de 1983) la puedes encontrar en “Antropología Cultural” de Marvin Harris (es un clásico) creo que te puede interesar especialmente el capitulo 7 “La organización de la vida domestica”

        2) Sobre la “hipótesis de la abuela” puedes encontrar fácilmente mucha información yo he comprobado que está descrita en “El Collar del Neandertal” de Juan Luis Arsuaga en el capitulo 7 “Un regalo envenenado”.

        3) Sobre el, también muy conocido, argumento de las diferencias en ventajas de estrategias reproductivas en hombres y mujeres lo puedes encontrar en “La especie elegida” también de Arsuaga y en el capitulo 11 “la inteligencia social”

        Otros dos libros que creo que pueden interesarte son: “Cerebro de hombre, cerebro de mujer” de Hugo Liaño, mira el capitulo “la conducta sexual de los homínidos” y siguientes. “Anatomía de la agresividad humana” de Adolf Tobeña, mira “Las mieles hormonales de la victoria”.

        Todos ellos contienen referencias a bibliografía adicional y creo que será sencillo poder ojearlos en una biblioteca y decidir si te interesa su contenido o sus referencias; lamento no poder ofrecerte bibliografía más concreta pero no tengo anotaciones especificas sobre este asunto y mi memoria no es especialmente buena.

        • November 6, 2011 at 1:45 pm —

          Muchas gracias, voy a investigar tus sugerencias 🙂

  7. November 5, 2011 at 2:41 am —

    Excelente post, un buen análisis, excepto, a mi parecer, por esto: “no nos detenemos a analizar los significados profundos ocultos”. ¿Analizar los “significados profundos ocultos”? Perdón, pero eso casi me suena a psicoanálisis.

    Una acción es una acción, y punto. Si alguien reacciona ante esa acción pensando o diciendo algo en particular, no es a causa del “significado” de la acción, es por cómo aprendió esa persona a reaccionar. Lo explico de forma simple: si los actos sociales (habla, gestos, costumbres, etc…) tienen significado, cómo se mide el significado? dónde está el significado? qué es un significado? Simplemente, se trata de actos específicos, que en una comunidad se enseña a asociar con otros actos. (B. F. Skinner, en su libro “Conducta Verbal” da una explicación más acabada de por qué la idea de “significado” no ha de usarse en la ciencia).

    Ahora, pasando de mi digresión, quisiera apoyar una idea que Bronte ha puesto en discusión. El origen de las costumbres (por reprochable que sea) no es relevante para su funcionamiento actual. El que el dar un regalo a una mujer se haya originado como forma de comprar sexo, no implica que actualmente esa conducta se utilice con los mismos fines. Es parecido a lo que ocurre en biología evolutiva: en su origen, un órgano puede haber cumplido una función diferente. De la misma forma:
    – una fiesta católica que originalmente se acomodó para eclipsar una festividad pagana, ahora se usa para activar las ventas y dar regalos a los seres queridos (navidad, ejemplo random)
    – una consecuencia del dogma de que la mujer es más débil, ahora puede ser una muestra de amabilidad (ayudar a cargar cosas)
    – una forma de comprar sexo, ahora puede alegrarle el día a una mujer (dar un regalo)

    Claramente, en todos estos ejemplos, el efecto mismo del acto no depende del acto en sí, sino de cómo han aprendido a reaccionar las otras personas. Si a una mujer la ofende que la hagan pasar primero, por las razones que sea, ni modo, mejor no lo hago. Hay que recordar que no se pueden hacer generalizaciones sobre lo que ofende y lo que no; pues depende de cada uno.

    • November 8, 2011 at 6:54 pm —

      Tienes razón, sueno a psicoanalista… me refería a los orígenes históricos de costuumbres actuales. Lo que es yo, quizás tenga una fijación con las reminicencias decimonónicas caballerescas y las aborresco. Me interesó eso de que “significado” no debe usarse en ciencia, lo voy a investigar. Gracias por comentarlo.

  8. November 7, 2011 at 12:10 pm —

    Chapeau. Con todo lo que ello conlleva: ¡el matrimonio como oficio y sin un triste sindicato! Ello explica que durante siglos, las mujeres que no tenían otro modo de mantenerse, se viesen obligadas a soportar las situaciones que soportaban, desde maltratos a la privación de la libertad en todo tipo de sentidos.

    Las secuelas de esta historia son muchas. Algunas se han quedado en el mero “gesto” y, personalmente, creo que han perdido cualquier posible significado… vejatorio. Por ejemplo, nunca me ha molestado que me abran la puerta: a veces se la abro yo también a otros y quizás por eso, nunca lo había leído en clave de “género”. Pero otras costumbres son de traca. Me tocan especialmente los huevos esos locales donde las tetas entran gratis: para decorar, se entiende. O como cebo, quizás… En cualquier caso, no entiendo como una tía del siglo XXI se puede someter a una humillación así.

  9. November 8, 2011 at 7:18 pm —

    No digo que no se de a veces, pero creo que algunas veces se interpretan los gestos de forma muy exagerada y, sobre todo, en demasiada clave de género y sexo.

    Lo de abrir la puerta lo veo como un simple gesto de cortesía hacia cualquiera si cuadra. Y no digo que abra la puerta a todo el mundo cual botones, pero no creo que el criterio sea ser hombre o mujer. O los regalos. ¿Qué tiene de malo que le haga un regalo a una mujer? O ya puestos, si una me lo hace a mí, ¿tengo que interpretar que la recompensa esperada es un revolcón? ¿wtf? XD

    Y, sinceramente… los chistes son chistes. Que te guste el humor negro no quiere decir que te guste que se muera gente, y así con todo. Es como si nos quejamos de la imagen de Einstein con la lengua fuera porque ridiculiza a los científicos.

    Y ojo, que Rusell tenía más razón que un santo, pero era otra época. Ahora, aunque no esté del todo asentado, que lo estará, las mujeres no están para cuidar a los hijos y para echarle un polvo al marido. Trabajan, hacen su vida, y en muchos hogares las tareas se reparten entre los dos miembros de la pareja, sea de la orientación que sea.

    Que sí, hay comportamientos, como el que comenta puratura en los locales, que dan bastante asco. Pero otros muchos están superados, y tampoco hay que interpretar el mundo en clave de sexo, que Freud está un pelín pasado de moda XD.

  10. […] convencer por los hombres, es decir, que somos pasivas, bastiones a conquistar, o sujetos a timar. Que somos mercenarias. Y para mi es bastante comprensible que así haya sido, dado el alto precio a pagar que las mujeres […]

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