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Titanic, Futility y las “demasiadas coincidencias”

Hoy quiero compartir con ustedes una historia de coincidencias. Es más bien el lado B de una historia que, supongo, todos ustedes conocen.

Hace algunas semanas, por alguna misteriosa razón, conversando con mi hermana salió el tema de la tragedia del Titanic, a lo que mi padre, fanático de Julio Verne, agregó que había sido anticipada en una novela del francés.

De Julio Verne no voy a hablar, porque eso daría para un post -o probablemente, un blog- completo. De quien si me voy a referir es Morgan Robertson, quien, según descubrimos con mi hermana tras una búsqueda de Google, escribió un libro llamado “Futility”.

¿Cuál es la gracia de este libro? Se trata de un barco grandioso, el más grande de todos los tiempos, llamado Titán, el que era insumergible. Llevaba a bordo todos los lujos del momento, como un hotel de primera clase. En su viaje inagural, el Titán choca con un iceberg en su ruta por el Atlántico, quedando confinado para siempre en las profundidades del mar.

¿Suena conocido, no?

Pero claro, el misterio no se queda sólo en la trama similar. Además de esto, están las coincidencias en las descripciones de ambos barcos: el tamaño, el peso, el número de pasajeros, la velocidad, todos son muy parecidos en ambos casos. También coinciden la fecha, el lugar del impacto. Aquí pueden ver una tabla comparativa de ambas naves.

El punto es que “Futility” fue publicado 14 años antes del accidente del Titanic.

Según mi hermana, todo esto era demasiada coincidencia y tenía que haber algo misterioso de por medio. Le propuse que le diéramos una mirada más crítica al asunto.

Consideremos en primer lugar que el libro fue publicado en 1898, 14 años antes del desastre del Titanic. 14 años, sobretodo en esa época, no era un período demasiado largo como para grandes avances tecnológicos en el desarrollo de barcos. El barco más grande de todos los tiempos en 1912, posiblemente fuera bastante parecido al de 1898. Si tenemos en cuenta además que Robertson fue oficial de la marina mercante estadounidense, no es extraño que haya sabido bastante de este tipo de embarcaciones (de hecho, se cree que fue el inventor del periscopio). Por lo mismo, similitudes en números como la cantidad de mástiles, propulsores o compartimientos no debería por qué resultar tan sorpendente.

Sobre las circunstancias del accidente también podemos hacer una mirada crítica. Tanto el Titán como el Titanic parten del puerto de Southampton, en el Reino Unido, hacia Nueva York, lo cual puede parecer otra extraña coinidencia si no fuese porque Southampton era la estación de emigración oficial hacia Estados Unidos y Canadá desde 1840. Durante estos años, los barcos más lujosos salían desde este puerto, camino a Norteamérica, por lo que en verdad, más que coincidencia, era la usanza de la época.

Es claro que hay dejos de coincidencia en esta historia – como la fecha en que ocurrieron los accidentes (el real y el imaginario), en el mes de Abril. ¿Quizás sea un buen mes para ese tramo de navegación? Es primavera en el hemisferio norte, asi que puede serlo. No tengo la suficiente información como para afirmarlo, pero me parece algo lógico.

Otra cosa en la que supuestamente Robertson “profetizó”, fue en el hecho de que al Titán le faltaron botes salvavidas para todos los pasajeros, causando así la muerte de la mayoría de estos. Quedaron 13 sobrevivientes, mientras que en el Titanic fueron alrededor de 700.

¿A qué voy con todo esto? Más allá de compartir una historia curiosa, la idea es mostrar que muchas de estas historias llenas de demasiadas coincidencias muchas veces no lo son tanto. Es cosa de pensar con un poco más de cuidado, de mirar con un poco más de detención y de estar dispuesto a pasar un tiempito googleando, para darse cuenta que la mayoría ya tienen una explicación bastante lógica.

¿Se pueden explicar lógicamente todas las similitudes del Titán con el Titanic? Probablemente no. La idea no es que las coincidencias no existan. Las coincidencias si existen, pero no son más que eso: cosas que ocurren al mismo tiempo o bajo las mismas circunstancias, pero que no por eso deben tener alguna explicación profética o sobrenatural.

En mi casa me acusaron de que le quitaba la magia a las cosas; yo sigo encontrando tan fascinantes como ellos las coincidencias del libro de Robertson con los hechos del accidente real, sólo que encuentro la realidad, el por qué se dan esas coincidencias, mucho más intersante y fascinante.

Y por si se quedaron con las ganas de misterio: lea hacia el final de este artículo para ver cómo Titán y Titanic salvaron a otro barco de sufrir su misma fortuna, gracias a alguien muy cuidadoso y, posiblemente, también muy asustadizo.

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Fran

Fran

Chilena, estudiante de astronomía; amante de la ciencia, el pensamiento crítico y la literatura. Me gusta difundir la ciencia y la razón, por sobre todas las cosas.

3 Comments

  1. November 16, 2011 at 12:03 pm —

    Hablando de casualidades, Verne también tiene una novela sobre un barco gigantesco que al final naufraga, llamada Una Ciudad FLotante. Uno de los pasajeros viaja con la esperanza de ver como se hunde, porque sostiene que un buque de ese tamaño forzosamente sufrirá un accidente y se hundirá.

    Como bien dices, son simples casualidades y era el comienzo de la era del cuanto más grande, mejor.

    Hablando del titanic, resulta muy recomendable la lectura de los textos que el polaco J. Conrad, marino además de escritor, publicó acerca de esa catástrofe y sus razones.

  2. November 16, 2011 at 7:34 pm —

    Profetizar la falta de botes no tenía mucho misterio, ningún barco de la época los tenía. Si miras las fotos verás que aún así se veía muy lleno de botes, eran prácticamente una línea continua en la cubierta superior, era difícil meter mas. En la actualidad se cubren todas las plazas con botes (pocos, puedes verlo en las fotos de cruceros) y balsas salvavidas, que van plegadas en una especies de bidones, ocupan menos sitio y si el barco se hunde sin arriarlas se abren ellas solitas

  3. November 17, 2011 at 5:49 pm —

    A mi en mi casa me dicen lo mismo por no creer en los platillos voladores o fantasmas, que soy fome, pero eso es cosa de cada uno, a mi me parece de lo más entretenido hacer de detective y encontrar la respuesta a todas estas cosas “sobrenaturales”.

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