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Mi experiencia escéptica en Australia

Hace pocas semanas que he vuelto de ese maravilloso pais que es Australia. Por afortunadas circunstancias de la vida he tenido la ocasión de irme a vivir y trabajar durante unos meses a la tierra de los canguros y los koalas. Más concretamente a Sídney, una ciudad que me acogió con los brazos abiertos y que ha supuesto para mi una inolvidable experiencia en todos los sentidos.

Desde una visión escéptica y atea, Sídney no me pareció a primera vista un lugar muy diferente a Madrid. En general la vida transcurre sin demasiada actividad religiosa, sin excesiva superstición en el día a día de sus amables habitantes y pocas cosas llamaron mucho mi atención en este sentido. Al menos en un principio.  La mezcolanza étnica allí es más variopinta y heterogenea de lo que yo estaba acostumbrada, eso sí. La inmigración asiática es sin duda la más numerosa, y su población es la más importante (sobretodo en mi barrio, ya que tuve la fortuna de vivir en Chinatown),  junto con los blancos anglosajones, seguidos por los indúes. Esta variedad racial hace que las diferentes religiones o grupos de creencias también sean más numerosas y tolerantes. Cada cual hace y cree lo que quiere sin interferir en exceso con lo que hagan los demás. Hay iglesias de todo tipo, aunque no demasiadas, se pueden encontrar con facilidad lugares donde practiquen acupuntura o medicina oriental, así como otro tipo de pseudoterapias occidentales. Pero ninguno de estos aspectos eran dominantes. La gente que conocí no eran practicantes de ninguna religión en particular, y en general los templos estaban más vacíos que llenos (como en España, vaya). De modo que a grandes rasgos lo destacable es que, en comparación con España, vi más variedad y tolerancia en general. Pero no más escepticismo tampoco.

De las cosas que llamaron mi atención de manera puntual puedo nombrar una pequeña iglesia que tenía cerca de casa que tenía un gran espacio publicitario en su fachada en el que cada poco tiempo iban cambiando el cartel anunciador, a cual más descorcentante. Aquí unos ejemplos (pinchad en las imágenes para ampliarlas):

También me resultaba especialmente inquietante una tienda situada en la galería comercial que daba acceso a mi estación de metro, y frente a cuyo escaparate pasaba todas las mañanas. Una tienda dedicada exclusivamente a vender contenidos audiovisuales infantiles bíblicos. No conseguía salir de mi asombro ante los DVDs de Jesús manga, o las lecciones sobre la biblia en dibujos animados:

En esa misma galería había un establecimiento que ofrecía tratamientos pseudocientíficos de lo más magufo sin pudor alguno, y en la plaza contigua se encontraba la catedral de St. Andrew, que ofrecía en su programa de actividades, servicios curativos todos los miércoles.

También era curioso un tipo que se subía a un taburete por las tardes en la esquina del mercado a predicar al más puro estilo americano de “el mundo se va a acabar, arrepentíos” a voz en grito, mientras un chaval le acompañaba con una guitarra desafinada y un par de secuaces repartían entre los viandantes el siguiente panfleto salvador, con detalladas instrucciones para no acabar en el infierno:

Pero no todo fue negativo, ni mucho menos. Entre las curiosidades positivas destacaría que en los andenes del metro había grandes carteles anunciando libros ateos, o que el mismísimo Daniel Dennett dio un par de conferencias cientifico-escépticas en el Opera House (aún me tiro de los pelos por no haber podido asistir).

Una de las primeras cosas que hice tras asentarme un poco en mi nueva ciudad y mi nuevo trbajo, fue buscar información sobre el movimiento escéptico que ya sabía que por allí andaba peleando. Me puse en contacto con la asociación Australian Skeptics, interesándome por sus actividades y ofreciendo mi apoyo o ayuda en lo que yo pudiera ser útil. Para mi alegría me contestaron de inmadiato encantados, tanto el presidente esta asociación, responsables en gran medida del triunfo australiano contra la empresa que comercializa allí la famosa pulsera mágica Power Balance, entre otras cosas, así como el editor de la revista The Skeptic y los organizadores de la versión australiana del Escépticos en el Pub (Skeptics in the Pub) invitándome a asistir con ellos a las próximas ediciones. Y sin pensármelo dos veces para allá que me fui. Allí celebran el SitP el primer jueves de cada mes en un bar restaurante muy céntrico (en la misma plaza de la catedral) a las 6 de la tarde, la hora e la que es costumbre allí ya juntarse para cenar. Las reuniones no son demasiado multitudinarias, pero están muy bien organizadas. Me acogieron con simpatía y esa cálida amabilidad típica de los australianos. Cenamos, me preguntaron un montón de cosas, me hablaron un poco de sus actividades… La charla fue muy corta, a mi gusto, de a penas 15 minutos (acostumbrados a la hora y pico del EeeP de Madrid) pero muy interesante. Y tras el conferenciante, una sencilla ronda de preguntas, reparto de libros, anuncio de eventos y todos de nuevo a charlar y beber esas cervezas tan ricas que se gastan por allí. La verdad es que me sentí como en casa.

Durante esa charla posterior los organizadores, Tim Mendham, Eran Segev y Jessica Singer, me contaron su próximos planes, como la organización de la mini-convención nacional de Escepticismo en Sídney, y me preguntaron muchas cosas sobre España y sobre cómo llevábamos las cosas por allí. Yo encantada respondía a su curiosidad, hasta que me preguntaron si no me importaría dar yo la charla del SitP del mes siguiente, y contarles a todos cómo van las cosas del escepticismo por España. Con un inicio de tembleque de rodillas acepté gustosa (y algo abrumada) la tarea encomendada, convirtiéndome así en la siguiente conferenciante oficial.

Y allá que me fui. Con los previsibles nervios escénicos me dispuse a dar por primera vez una charla en público en inglés. Después de una cálida presentación por parte del organizador Eran Segev, me lancé al toro. Les hablé de la visita del Papa, del Hospital Homeopático de Madrid, de nuestra ministra de sanidad y su Power Balance, del ESKepticamp, del reiki en los hospitales públicos, del suicidio homeopático, de nuestro Escépticos en el Pub, de la asociación de ateos y nuestra amada tetera, del programa de TV Escépticos, de Amazings y sus revistas y jornadas de divulgación… Y por supuesto de Escéptica. Aún no sé cómo demonios pude condensar todo eso en escasos 15 minutos, pero no se me dio del todo mal. La ronda de preguntas también fue muy interesante y, según me dijeron, de las más largas que han tenido. E incluso después de la charla Maynard, un locutor de radio muy popular de por allí que lleva el podcast The Skeptic Zone, se me acercó con un micrófono y me hizo una pequeña entrevista para su programa. En su episodio 160 podéis oír la charla completa, la ronda de preguntas y la entrevista.

La experiencia fue genial, tremendamente interesante y enriquecedora. Pero claro, yo les pedí que, ya que les había yo contado más o menos cómo iba el mundo escéptico por España, que ahora ellos nos tenían que contar a nosotros con detalle y desde dentro lo mismo sobre Australia. Y encantados se comprometieron a escribirnos un artículo sobre el tema que con mucho gusto aquí en Escéptica traduciremos y compartiremos con vosotros.

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Fugaces 05/12/11

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Infografista de profesión, escéptica de mente y científica de corazón. Estudié arquitectura pero el 3D y el diseño audiovisual me enamoraron rápidamente. ¿Mis pasiones? La ciencia, el cine y los zapatos de tacón. Pero ante todo la ciencia. En estos años de profesión he trabajado en diseño, animación 3D para cine, TV, publicidad... y he colaborado en cualquier proyecto o idea que me permitiera divulgar. Creadora de las iniciativas “Atheist World” y "Creareify", coordinadora de la Asociación de Ateos Españoles (A.A.E.), colaboradora de Amazins.es y miembro del Círculo Escéptico.

3 Comments

  1. December 6, 2011 at 11:11 am —

    Nueno, pues aunque se te ha echado muchísimo de menos, es un gozo saber que hasdejado bien alto el pabellón en las antípodas.

    Ya hace tiempo que no les veo, pero recuerdo a unos plastas cristoguitarrosos que se ponían en Sol con altavoces, en plan el número del predicador de Les Luthiers. Salía alguno de ellos, en general de aspecto granuliento, y empezaba a vocear como vivía en un mundo de corrupción y pornografía y sexo y sodomía y drogas y…¡pero un día Jesús vino a salvarle.. y ya no entendías más porque todos empezaban a cantar JesúsesbuenJesúsuesbuenoJesúsesbueno… Y unos metros más adelante aparecían los Hares con sus bandejas de pastelitos. Todo muy turísitico.

  2. December 23, 2011 at 2:14 am —

    […] Mi experiencia escéptica en Australia – Esceptica6 Dic 2011 … E incluso después de la charla Maynard, un locutor de radio muy popular de por allí que lleva el podcast The Skeptic Zone, se me acercó con … […]

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