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Este no es un típico post navideño

Ya estamos en diciembre, en menos de veinte días se acercan esas fechas entrañables, felices, mágicas… y deprimentes, estresantes, consumistas, irracionales.

Independientemente de los sentimientos que te produzcan dichas fechas, la mayoría de nosotros las aprovecha como excusa para pasar un tiempo con la familia: con los padres, abuelos, tíos a los que ves una vez en varios años, los pequeños de la familia.

Y todo va bien con la familia, hasta que te metes de lleno en conversaciones de las que te encantaría prescindir.

Como escéptico o ateo, siempre hay algún tema incómodo en el que no puedes dar rienda suelta a tus argumentaciones; bien porque el interlocutor se va a enfadar (recuerda que son familia, y quieres que sigan hablándote), bien porque no te entiende o no te quiere entender, o bien porque es mayor que tú y lo soluciona con un “tú qué sabrás, mocoso”.

En este post os contaremos las situaciones más comunes a las que nos podemos enfrentar.

Pero cuidado: mantente relajado durante toda la conversación, no te enfades por muy absurdos que sean los argumentos de la otra parte o habrás perdido; ten en cuenta que no todo el mundo sabe de todo y que hasta tú (sí, tú, señor escéptico) te puedes equivocar, acepta tus errores; si es el otro el que se enfada y quiere finalizar la conversación, enhorabuena, le has hecho dudar y sus creencias se tambalean.

Vamos allá con la guía científico-escéptico-atea para no morir de una úlcera en estas fiestas:

Situación número 1: el abuelo cascarrabias o antes se vivía mejor.

Es un clásico, sobre todo en temas como la medicina: “antes estábamos todos más sanos, no había tantas enfermedades raras”, “en mis tiempos no había tanto cáncer”. O con la comida: “cuando yo era joven la fruta era más sabrosa”, “ahora toda la comida está tratada con un montón de aditivos que nos hacen daño”.

Hace unos años no estábamos más sanos, simplemente había medios menos avanzados para el diagnóstico de enfermedades, por eso las más raras no se detectaban… y la gente moría sin saber por qué. En la actualidad la esperanza de vida está en torno a los 78 años, hace 50 años estaba entre los 50 y los 65. ¿Seguro que estábamos más sanos?

La fruta y la verdura no eran más sabrosas que ahora. La explicación está en que hace años se tendía a comer más fruta y verdura de temporada, debido a que la logística y los métodos de cultivo estaban menos desarrollados que ahora. No es lo mismo recoger una manzana a 10 kilómetros de donde se va a consumir, que recogerla a 10000 kilómetros. Cuanto mayor sea la distancia al punto de consumo mayor riesgo habrá de que la fruta se estropee, con lo cual se recoge antes de que madure, se almacena en cámaras de conservación y finalmente madura por el camino.

Por otra parte, estos avances nos han permitido disfrutar de frutas no autóctonas que, de otra forma, no podríamos probar.

Sin los aditivos alimentarios la comida se estropearía mucho antes, podríamos enfermar comiéndola, no tendría ese color tan apetitoso, o su sabor no sería tan intenso.

También puedes poner ejemplos de aditivos alimentarios que a nadie le parecen malos: la sal, que lleva utilizándose como conservante durante miles de años, el pimentón, el vinagre, alcohol… Muchos de los aditivos actuales no son más que compuestos derivados de los anteriores.

Situación número 2: la tía creyente o se están perdiendo los valores.

Otro caso típico: las discusiones sobre religión. También suelen coincidir con el qué daño hace y similares.

En este caso lo más aconsejable es armarse de paciencia

“La falta de fe está provocando que se pierdan los valores morales”:

Ser ateo no implica carecer de valores. De hecho, mi argumento preferido para estos casos es el de que un ateo hace el bien porque así lo desea, no por el miedo al fuego eterno del infierno.

Otro posible golpe a esta afirmación es que la mayoría de los presos se declara creyente en algún tipo de doctrina religiosa, mientras que son pocos los encarcelados que se declaran abiertamente ateos.

Situación número 3: el primo paranoico o todo es una conspiración.

“El gobierno nos fumiga para que enfermemos”, “el 11 de septiembre lo organizó el gobierno de Estados Unidos”, “las vacunas provocan autismo”, “las grandes corporaciones energéticas bloquean el desarrollo de la energía libre (de punto cero, fusión fría, puede adquirir diferentes nombres)”.

Este tipo de conspiraciones no se reducen a grupos de gorro de papel de aluminio, sino que se van extendiendo como leyendas urbanas.

Si el primo está convencido, poco podremos hacer, más que darle algún argumento de peso para que trate de aplicar la lógica.

Si el primo dice que lo ha oído por ahí, cuéntale tu versión y cómo aplicando la lógica y el sentido común se desmontan la mayoría de los argumentos.

Los chemtrails no son más que estelas de condensación de los aviones, agua o como mucho combustible, no son venenos ni virus.

El World Trade Center se derrumbó a causa de los impactos de los aviones, no hubo más explosivos que el combustible de las aeronaves.

Las vacunas no provocan autismo, ese estudio fue rápidamente refutado por irregularidades en la metodología. Si no vacunas a tus hijos dejarás que las enfermedades contagiosas se vuelvan a convertir en epidemias y que miles de personas mueran por no disponer de la inmunidad de grupo.

Y si de verdad existiese la energía libre, tendríamos que revisar las leyes de la termodinámica y el universo no funcionaría como lo hace.

Situación número 4: el cuñado ludópata o el anumerismo.

Todos tenemos ese pariente que se gasta un dineral en lotería de navidad, confiando en que le tocará.

Para estar bien cubierto, compra lotería en todos los sitios por donde pasa: la del viaje de fin de curso de los niños, la de las fiestas del pueblo, un décimo que le pide a un amigo que le traiga de la capital, la de la asociación de canto tirolés de la esquina, etc.

Su principal arma es el “¿Y si toca?”. Suelen quitársele las ganas de seguir jugando cuando le cuentas de qué va la estadística y cuál es la probabilidad de que le toque algún gordo.

Situación número 5: el sobrino que duda de la existencia de Papá Noel o los Reyes Magos.

Esta es mi favorita. Es el momento perfecto de ganarte al pequeño de la familia para tu causa.

Recuerda: los niños no son tontos. Nada de hablar despacio, ni en voz muy alta… y mucho menos utilizar diminutivos.

Si ya sabe que son sus padres los que compran los regalos y los ponen bajo el árbol, explícale que es una tradición y su origen (no el religioso, el de verdad).

Si no lo sabe, no le digas directamente que no existen. Si pregunta, contesta con sinceridad pero sin ser cruel. Él mismo se dará cuenta de qué cosas son posibles y cuáles no.

Recuerda de nuevo: los niños no son tontos, solo niños.

Espero que esta pequeña guía os sirva de algo. Yo intentaré tener paciencia… no siempre lo consigo.

Y si se os ocurren más situaciones familiares como las anteriores, contádnoslas en los comentarios.

La foto de cabecera del post está sacada de aquí, bajo licencia Creative Commons.

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silvialba

silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

3 Comments

  1. December 7, 2011 at 1:28 pm —

    Hace dos años, en la comida navideña, mi hermano mayor y yo sacamos el tema de las hostias que nos comíamos a diario en nuestro colegio, por cortesía de los curas del Sagrado COrazón. Creo que desde entonces mi madre ya está curada de espantos.

  2. December 9, 2011 at 10:17 am —

    […] Aunque todavía no tengo hijos, debo de aceptar que no tengo grandes conflictos internos con seguir el juego de Santa Claus con mis teóricos cachorritos. Quizá esto es porque en mi casa el aspecto religioso de la Navidad se mantenía a raya, y Santa Claus representó sólo una manera más de estimular mi imaginación que fue fácilmente descartada cuando cumplió su cometido. Incluso, creo que el ayudar a tus hijos/sobrinos/nietos a cuestionar la existencia de estos seres mágicos cuando ellos estén listos también puede transformarse en un ejercicio interesante sobre pensamiento crítico, como sugiere Silvia en su último post. […]

  3. December 12, 2011 at 6:10 pm —

    Falta la política, especialmente interesante este año que nos pilla con cambio de gobierno. Y sí, es un tema de escepticismo, al fin y al cabo los que defienden a capa y espada a un partido político concreto, es porque SE CREEN LO QUE DICEN LOS POLÍTICOS!!!

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