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¿Existió la estrella de Belén?

No es necesario ser cristiano para conocer la supuesta historia del nacimiento de Jesús: el virginal embarazo de María, el nacimiento del niño Jesús en un pesebre de Belén, y la misteriosa estrella que guió a los reyes magos hacia este. Asumo que muchos de ustedes, como yo, crecieron escuchando esta historia cada navidad (e incluso creyéndola).

Si, cuando niña la creía. Pero pasaron los años, y las dudas pudieron más. Hoy, personalmente, dudo muchísimo de bastantes aspectos de esta historia.

Sin embargo, hay uno del que no dudo tanto, y es la aparición de la estrella de Belén.

Repasemos un poco el cuento: al nacer Jesús en Belén, tres reyes magos del Oriente ven una estrella excepcionalmente brillante aparecer por el Oeste. En el evangelio de San Mateo se da la siguiente descripción:

Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. […] Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén […] Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; […] Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.” (Mateo 2, 1-12).

Según el evangelio apócrifo de Santiago:

“Una estrella indescriptiblemente grande apareció de entre estas estrellas y las deslumbró de tal manera que ya no lucían y así supimos que un Rey había nacido en Israel.”

Y por último, San Ignacio de Antioquía escribió:

“…un astro brillaba en el cielo más que todos los restantes, su situación era inexplicable, y su novedad causaba asombro. Los demás astros, junto con el Sol y la Luna, formaban un coro en torno a este nuevo astro, que los superaba a todos por su resplandor. La gente se preguntaba de dónde vendría este nuevo objeto, diferente de todos los demás.”

Asi que, si algo tenemos claro, es que un nuevo astro muy brillante apareció en esa época. Todas las descripciones calzan en eso, tanto fuera como dentro de la Biblia. El punto es, que no es improbable que algún fenómeno astronómico poco común haya ocurrido en esa fecha, ya que se cuenta con varios registros.

Pero, si se trata de un evento astronómico, difícil que haya sido simplemente una estrella brillante que decidió aparecer para guíar a unos reyes. La verdad es que probablemente nunca sepamos con exactitud qué fue lo que ocurrió. ¿Las buenas noticias? La ciencia entrega una serie de teorías, serías y todas bastante factibles, de lo que podría haber sido esa estrella que estuvo, según relata la leyenda, en el lugar correcto y el momento adecuado:

Una opción que surge de inmediato es una supernova. Existen varias referencias de supernovas que han sido observables a ojo desnudo desde tiempos inmemoriales. Los chinos poseen registros desde año 185 de observaciones de supernovas, varias de las cuales hoy en día han sido confirmadas por observaciones espaciales. Tycho Brahe observó una en 1572, Johannes Kepler en 1604 y así, han sido vistas y registradas a lo largo de la historia. Las supernovas resultan excepcionalmente brillantes, aparecen de pronto y son de corta duración, lo que las hace buenas candidatas a estrella de Belén.

Otra teoría barajada por la ciencia corresponde a una conjunción planetaria, en particular Júpiter-Saturno. Una conjunción planetaria corresponde al fenómeno cuando dos objetos celestes (en este caso particular, dos planetas) se encuentran en la misma longitud celeste, un análogo a la longitud terrestre pero proyectado sobre el cielo. Kepler determinó que entre los años 5 y 7 a.c. hubo varias conjunciones Júpiter-Saturno, lo que corresponde a un hecho poco común. Además, estas habrían sido predichas por astrónomos persas en sus almanaques. ¿Huele a reyes magos, no? El problema es que este fenómeno correspondería a dos planetas ubicados de cierta forma, y no a un objeto particularmente brillante como tal…

Un tercer fenómeno candidato a estrella de Belén corresponde a un eclipse de Júpiter. Si nos ponemos realistas dentro de lo que la biblia nos permite, el viaje de los tres reyes magos por esos años debe haber sido, como menos, un poco largo. Además, se señala que la estrella guió a los reyes hasta Belén, es decir, que fuese lo que fuese, debería haberse movido. Y es aquí donde Júpiter parece buena opción: el planeta empieza a retroceder en el cielo en agosto, deteniéndose alrededor del 20 de diciembre para luego reiniciar su movimiento. En este punto, se calcula, ocurrió un eclipse: la Luna se interpuso entre la Tierra y Júpiter y este dejó de ser visible. ¿El problema? Esta ocultación, de haber ocurrido, según los cálculos habría ocurrido cerca del Sol, lo cual la habría hecho casi imperceptible. Además, las fechas calzarían con el nacimiento de Jesús en diciembre, fecha de la cual tampoco se tiene certeza.

Y asi como estas hay varias teorías más: un cometa (incluso se ha dicho que podría haber sido el Halley), un meteorito, una aurora boreal… por ahora, todos no son más que especulaciones, y cuentan con sus pros y sus contras. Lo más interesante de todo, a mi parecer, es cómo la ciencia siempre se dedica a investigar sus respuestas, incluso en cosas como, en este caso, ¡que ni siquiera estamos seguros de que ocurrieron!

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Fran

Fran

Chilena, estudiante de astronomía; amante de la ciencia, el pensamiento crítico y la literatura. Me gusta difundir la ciencia y la razón, por sobre todas las cosas.

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