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Tercer grado: año nuevo, mañas viejas

Estamos a punto de empezar un año más en el calendario gregoriano, posiblemente sobrecomidos, sobrebebidos, sobregastados, y ya hasta el copete de villancicos y rencillas familiares. Entre la serie de festividades que se celebran en esta época, los presentadores de tele nos dicen que el 31 de diciembre es el momento correcto para hacer un recuento de lo bueno y lo malo del año que termina, y de formular deseos para el año próximo. Obedientes que somos, echamos una miradita crítica a nuestra vida, y comúnmente contemplamos con desencanto las imperfecciones que nos aquejan. Vemos con preocupación el michelin que rodea la región media de nuestros cuerpos, o el moco de guajolote que cuelga de aquella parte donde anteriormente se encontraban nuestros bíceps (ver ilustración al final del post para entender a que me refiero con moco de guajolote). Pensamos con un poco de culpa en los libros que no leímos, y vemos la rapidez alarmante con la que nuestra cuenta de ahorros se vació después de la compra de los regalos navideños. Luego empezamos a evaluar cosas más serias, como el estado de nuestra carrera, nuestra salud, o nuestra vida amorosa, y comenzamos a coquetear con una incipiente depresión. Pero no hay que preocuparse porque esto se trata únicamente de una mirada fugaz. Nuestros gurús sentimentales televisivos nos imbuyen con la firme convicción de que el próximo año será mejor, si tan sólo lo deseamos de todo corazón (ese, señoras y señores, es el “secreto”…no se lo digan a nadie). Entonces, proseguimos a hacer una serie de resoluciones: este año sí que me voy a poner a hacer ejercicio, a penitas regrese de vacaciones; o este año seguro que me encuentro un chico/a guapetón/a con quien compartir mis tardes de domingo; el próximo año seguro que logro saldar todas mis tarjetas de crédito, y ya para enero dejo el cigarro para siempre. Así es como empezamos a contemplar el año nuevo llenos de grandes expectativas, tratando de ignorar la vocecita de la experiencia que nos dice que para febrero todas nuestras firmes resoluciones se disolverán.

Quizá es porque estamos conscientes de lo débil de nuestras resoluciones que nos apegamos desesperadamente a supersticiones y rituales que nos ayudan a renovar la esperanza en su cumplimiento. Como futbolista o jugador de póker, cada quien parece tener su marca particular de cábala que le ayuda a controlar lo incontrolable, y a reemplazar su endeble fuerza de voluntad; después de todo, es más fácil procurarse un calzón amarillo para asegurarse que no le falte a uno el dinero, que tomarse la molestia de analizar las finanzas familiares y apretarse el cinturón de ser necesario. Hay algunos rituales, sin embargo, que parecen ya haberse arraigado en varios países.

El clásico es el de las 12 uvas, en el cual la persona debe de comerse una uva por cada campanada del reloj a la vez que pide un deseo, para que estos se cumplan en el año que viene. Por más previsor que sea el sujeto en cuestión y haya juntado sus 12 uvas a priori y repasado en su mente los deseos que iba a pedir, al dar las 12 se ve en la necesidad de atragantarse las uvas al mismo tiempo que trata de pensar en algo profundo o importante que desear. Alrededor de la séptima uva, cuando se encuentra con los cachetes llenos de fruta y pidiendo por segunda vez paz mundial porque de repente se le borró de la mente lo que en verdad quería pedir, uno de los invitados empieza a ahogarse ya que el anfitrión tuvo a bien comprar uvas con semilla. Ese pequeño instante de distracción, en el cual tuvo que darle una palmadita en la espalda al individuo que se había tornado tan morado como las uvas, es suficiente para terminar con el ejercicio y momentos después se encuentra recibiendo una lluvia de besos y abrazos por parte de amigos y familiares. Si sus deseos se cumplieron en el curso del año el sujeto nunca se enterará, porque las prisas, la confusión, el alcohol, y los 365 días que pasan antes de volver a pensar en el asunto de las uvas seguramente le borrarán de la memoria los deseos que pidió el año anterior.

Otro clásico es el de la ropa interior de color: la amarilla trae al portador felicidad y dinero, mientras que la roja le da amor y pasión. De acuerdo a un sinnúmero de páginas en Internet, el ritual es más efectivo si los calzones son regalados, y mucho mejor si uno los usa al revés y se los cambia al derecho al llegar la medianoche. La situación, en mi imaginación, rara vez termina bien: tu madre o tu tía, ambas desesperadas porque ya te cases, te regala unos calzones rojos adornados con holanes y dos tallas más chica de lo que tu cintura te pide, y que te ves obligada a usar la noche del 31, a pena de tener que aguantar un sermón del porqué todavía no tienes pareja. Cuando tratas de argumentar que es una superstición sin ningún rigor científico, te replican que necesitas tener una mente abierta para conseguir novio (a los hombres no les gustan las mujeres con actitud negativa) y, convencidas de que sin su ayuda espiritual estarás condenada a una vida desdichada, prosiguen a tomar control de tu noche para asegurarte un buen año. Así pues, ya arregladita para empezar la fiesta, empiezas la noche barriendo la casa para eliminar las malas vibras, y durante la cena te sirven doble ración de lentejas para asegurar tu prosperidad, ya que si todas la cábalas del mundo no sirven para conseguirte marido que te mantenga, de algo tendrás que vivir. Llegada la media noche, te hacen sentarte y volverte a parar con cada una de las campanadas para atraer al matrimonio mientras que repites en voz alta ¨voy a ser feliz este año,¨ y justo a la hora del brindis, te atragantas con el anillo de oro que alguna de ellas colocó subrepticiamente en tu copa de champán, una vez más para asegurar tu porvenir económico. Después te sacan a la calle maleta en mano, y te apresuran para que des la vuelta a la manzana ya que así tendras muchos viajes en el año. La tarea se dificulta por el hecho de que los dichosos calzones ya cortaron la circulación a tus piernas, y sólo logras sentir alivio cuando te mandan al baño para ponerte al derecho la ropa interior. Aterrada por los rituales que seguramente te esperan al cruzar la puerta, te encierras en el baño por el resto de la noche pensando que el mal año que tuviste palidece a comparación de la experiencia que has sufrido esta noche.

Yo, por lo anterior, paso de toda cábala y aprovecho este día para reflexionar sobre el año que transcurrió, y pienso en lo que quiero lograr el próximo año, cuidándome de no caer en la trampa del optimismo exacerbado. Las únicas tradiciones que sigo “religiosamente” en esta fecha es comer pandoro, porque creo firmemente que su sabor llenará de alegría mi paladar en un futuro muy cercano, y llenar de besos y abrazos a familiares y amigos con los que comparto la noche, nada más porque me caen bien. Y si alguien me da doce uvas, procuro comérmelas antes de la media noche para estar preparada en caso de que tenga que hacerle la maniobra Heimlich a algunos de los invitados.

¿Y tú, realizas algún ritual en año nuevo? ¿Cuál es la cábala más original o ridícula que has escuchado?

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lucy

lucy

Nacida en México, Luciana siempre ha tenido interés por temas científicos, al grado de tener la osadía de navegar el circuito académico durante la última década. Sin visos de lanzar el ancla en un área específica, ha metido mano en temas que van de materiales, a nanotecnología y últimamente en biotecnología. La vida no corre prisa, y entre inmersiones a las obscuras aguas del trabajo experimental, esta rata de laboratorio tratará de subir a la superficie para tomar un poco de oxígeno y perspectiva al escribir para escéptica.

2 Comments

  1. December 31, 2011 at 12:50 pm —

    No se en otros lados, pero en Chile dicen que el primer abrazo de año nuevo tiene que ser con alguien del sexo opuesto (suerte en el amor?) así que mi tía empieza media hora antes a buscar quien no tenga pareja para darle el abrazo y así por fin conseguir novio, pero durante el año no sale de su casa, así el único novio q podría conseguir sería un cartero.
    Yo sigo muchos de estos rituales, pero no por la suerte si no por tradición, además que es lindo pensar que a las 12 en todo el mundo (que comparte el huso horario) millones de personas se están abrazando.

  2. December 31, 2011 at 5:03 pm —

    Ayer en las noticias, además de las mencionadas: barrer para afuera, borrego atrás de la puerta, dinero en el zapato, tirar las cosas viejas, hacerse una limpia y algunas más que no pude retener.

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