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Suicidio científico

Así ha calificado Amaya Moro Martín, en una columna de Nature, los recientes cambios en la política científica de España. Dice, en la columna, que no sólo ha desaparecido cualquier referencia a la ciencia de los nombres de los Ministerios, sino que además la financiación a la investigación se ha reducido drásticamente, y se han congelado las convocatorias a plazas de investigadores. Ahora mismo España está sangrando investigadores formados, que o bien salen del país por falta de perspectivas, o bien estaban fuera y se encuentran con pocas o ninguna oportunidad de regresar a un trabajo medianamente digno o seguro.

Esto no es nuevo; la ciencia es una de las áreas que primero sienten las tijeras en cuanto falta dinero por el motivo que sea. Toda la clase política, del signo que sea, suele decir a los cuatro vientos que están tremendamente a favor de la ciencia y de eso tan sexy del I+D, y ahora también +i, porque la innovación, ese concepto tan nebuloso, se ha convertido en una nueva palabra mágica. A todos les encanta y todos anuncian cómo el país será puntero en I+D (+i) en cosa de nada. Es decir: buenas palabras sí que hay. Muchas.

En España se hizo un intento, justo antes de que la crisis golpeara y el intento se quedara en eso, en intento. Porque en cuanto la crisis golpeó, todas las buenas palabras sobre el I+D (+i) salieron por la ventana, junto con un número bastante grande de investigadores, que salieron por la puerta de embarque. De modo que espero que me permitáis este pequeño desahogo, porque me toca de cerca.

La investigación no es un lujo que nos podamos permitir sólo cuando seamos ricos; la investigación es lo que permite a un país ser rico, con el tipo de riqueza que no depende de burbuja alguna. Y es una carrera de fondo, no un sprint; si anulas o disminuyes tan drásticamente el tejido investigador de un país, no basta con inyectar millones y esperar a que broten los resultados como si sembraras ciencia en una placa Petri y ¡puf! obtuvieras resultados.

Formar a un investigador es un proceso caro, difícil, lento, y con un gran componente de suerte: suerte, porque esa persona, aparte de superar todos los obstáculos académicos, la falta de perspectivas o de trabajo seguro, y los zarandeos que se dan a su financiación desde cada gobierno que pase, tiene que haber mantenido viva la curiosidad, el pensamiento crítico, la pasión y el espíritu de sacrificio a través de un sistema educativo que generalmente coge a científicos natos a los 3 años y suelta a adolescentes desmotivados, intelectualmente apáticos y desencantados a los 18. Con las honrosas excepciones de siempre, que las hay (y más de las que creemos), pero una sociedad que compra pulseras Power Balance por millones, y homeopatía por miles de millones, y en la que se venden los Eco-Car tiene una laguna cultural (sí, cultural: la ciencia es cultura) que es necesario arreglar.

Y todos tenemos claro que la ciencia es importante. En España ha habido también una exitosísima petición en Actuable, pidiendo que en la declaración de la renta se añada una casilla que permita al contribuyente destinar parte de sus impuestos a la ciencia, como la casilla que existe con el mismo fin, pero para la Iglesia católica. En el momento de escribir esta entrada, han firmado más de 290.000 personas. Pero, como dice Magonia, la ciencia no debe depender de una casilla en la declaración de la renta. Un sistema científico robusto y motivado es algo más básico y crucial para cualquier sociedad:

Hace mucho tiempo que los científicos españoles más renombrados repiten, en cuanto tienen oportunidad, que no es que las sociedades ricas inviertan en ciencia, sino que las sociedades ricas lo son porque invierten en ciencia.

Y yo firmé la petición, porque es una manera de hacer saber que la ciencia ahora mismo está dando boqueadas por falta de oxígeno y necesita toda la atención que se le pueda prestar. Pero no es una cuestión sólo de dinero; es una cuestión también de formar a una sociedad que sepa discernir el grano de la paja, que no se deje llevar por la primera moda pseudocientífica que pase por al lado, y que haga que sitios como este sean redundantes porque nadie se creería lo del Eco-Car. Y tendríamos que cerrar. Y yo me alegraría y me dedicaría a poner videos de gatitos, que para eso se inventó internet.

A día de hoy ningún país del mundo ha conseguido semejante nirvana; pero para llegar a él hay que empezar por no suicidarse científicamente. Y el aviso de Nature es lo bastante claro: en España, el paciente se nos va.

Foto: Daurmith

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Daurmith

Daurmith

Daurmith empezó a jugar con esto de los blogs en 2001 y no ha parado desde entonces a pesar de las protestas. Pensó que así aprovecharía por fin los años que pasó estudiando biología molecular, y descubrió que le encanta hablar de la realidad tal como es; es más divertido.

A pesar de la evidencia fotográfica, Daurmith no es un gato.

2 Comments

  1. February 22, 2012 at 12:44 pm —

    A raíz de esta entrada me han hecho llegar (pidiéndome que mantenga la fuente anónima) un comentario desde un centro de investigación español. Lo copio tal cual, porque se explica solito:

    “Trabajo en un centro de investigaciones agrícolas en Valencia que está siendo desmantelado lentamente. Los antiguos responsables de líneas de investigación se están jubilando y sus plazas son amortizadas, cerrando proyectos. A los trabajadores con contrato laboral se les manda al paro a final de año durante un mes para que no adquieran derechos laborales y puedan ser fijos. Sus nuevos contratos firmados en enero son por 25 horas semanales, en lugar de las 37,5 de otros años. No se cubren las vacantes, no se contrata personal, no sabemos si tenemos futuro como centro investigador. Las becas convocadas hace un año siguen sin resolver. Aquí todo es hacer asambleas y reuniones con los responsables para saber si el proyecto que se gesta hoy tendrá continuidad el año que viene y nada. Este centro tiene más de 30 años de antigüedad, ha sido referente mundial en cítricos y ahora vemos como nuestra gente empieza a buscarse la vida fuera, llevándose con ellos su formación, su experiencia y sus ilusiones.”

  2. May 4, 2012 at 10:02 am —

    […] sólo cuando seamos ricos; la investigación es lo que permite a un país ser rico…” nos decía Daurmith hace tan solo unos meses. En España, los drásticos recortes en el presupuesto de investigación y […]

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