Religión y espiritualidad

Predicarle al predicador

Los programas de la televisión matutina ha sido una gran fuente de pseudociencias y magufadas durante años, al menos en mi país, y mi madre los ve todos, es por eso que durante años también los temas tocados en estos programas han sido parte de la tertulia de la hora de almuerzo, entre ellos psicofonías, predicciones del fin del mundo, espíritus, feng shui, etc. Y con estos temas no tengo problema de contradecirla e intentar refutar las cosas que ve ahí, en parte por que no me gusta que mi propia madre no use el pensamiento crítico y en parte porque no quiero que gaste tiempo, dinero en tonterías, y gracias a mi preocupación de buena hija me he ganado que me trate de aburrida, de mente cerrada y todo lo que probablemente les han dicho a ustedes también.

Ya que hablaba de mi madre, ella también cree en Dios, en las reencarnaciones y contradictoriamente cree en los fantasmas, pero eso da para otro tema, ya que es en la religión en lo que me quiero centrar.

Yo critico abiertamente la forma de las religiones, me molesta la jerarquía e hipocresía de las religiones y me molesta gravemente la biblia, pero trato de no criticar el fondo de ellas frente a los creyentes (a menos que me pregunten), por ejemplo aunque soy atea, nunca intentaría convencer a alguien de la inexistencia de su dios.

Aquí viene una confesión, a diferencia de la mayoría de los escépticos yo le temo a la muerte, un miedo real de esos que te desvelan en la noche, esto no significa que que no disfrute mi vida, por el contrario, me encanta, pero me da miedo lo rápido que avanza el tiempo y quiero mucho, mucho más tiempo para disfrutarla como la disfruto ahora. Aunque me gustaría creer en la vida después de la muerte, no puedo, simplemente creer en algo irracional y sin pruebas no es algo que pueda elegir. Y como dice la regla de oro que no hay que hacerle al otro lo que no quieres que te hagan a ti, trato de no quitarle esa ilusión a quienes la tienen.

Podría debatirte una tarde entera sobre los alimentos transgénicos o sobre la ineficacia de la homeopatía, ya que son temas sobre los que me parece importante derribar mitos porque que causan verdaderos problemas. También podría intentar explicarte por qué los horóscopos son farsas y que las cartas del tarot no predicen tu futuro. Pero lleguemos a un acuerdo, yo no te intento convencer a ti de la inexistencia de tu dios si tu no me intentas convencer a mi de que si existe, y yo no te diré que después de morir no vas a ir al cielo si tu no me dices a mi que después de morir me iré al infierno ¿Te parece?.

La imagen de cabecera es de Tim Whyatt.

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Fugaces 11/06/12

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¡Hazlo... hasta que duela!

deemonita

Estudiante de tecnología médica, ciudadana de internet, gamer y escéptica.
Una vez vio volar a Santa Claus y nadie puede probar lo contrario.

8 Comments

  1. June 12, 2012 at 12:17 pm —

    […] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos Predicarle al predicador esceptica.org/2012/06/12/predicarle-al-predicador/  por hawcker hace […]

  2. June 12, 2012 at 4:51 pm —

    La verdad no creo que sean tantos los escépticos que no le teman a la muerte. Comenzando por que es un temor natural amarrado a nuestro instinto de supervivencia. Tampoco creo que sean muchos los que no quisieran vivir por siempre o seguir existiendo después de que su cuerpo expire. Lo que nos diferencia de muchos creyentes es que ese temor o deseo no es suficiente para nublar nuestra capacidad de razonar y entender que no hay nada que indique que la existencia de un mas allá, mucho menos de un cielo o un infierno.
    Y apoyo el acuerdo de no criticar gratuitamente creencias fundamentales, a menos que los vea uno indoctrinando niños y sembrando el miedo en ellos a infiernos inexistentes.

  3. June 13, 2012 at 1:21 am —

    ¿Pero dónde está el límite de una creencia fundamental? ¿En la mera existencia de un dios? ¿En la moral que dicta su religión? ¿En el respeto a la vida que lleva a las ideas antiabortistas? ¿En el dominio del hombre sobre la mujer? El problema de ser tolerante con la religión, es precisamente que la religión educa en la religión (perdón por la redundancia), y desde la más tierna infancia si puede ser; y es muy difícil contrarrestar eso.
    Pongo un ejemplo: unos padres bendicen la mesa cada noche, dando las gracias a dios por esos alimentos bla bla bla. Los hijos van a un colegio laico, pero los maestros no dicen cada día a la hora de comer “damos gracias a los científicos que hacen posible los cultivos intensivos que nos proporcionan fruta barata todo el año”, o “la sopa está caliente porque traemos gas natural desde 10.000 km gracias a la ciencia”, ni cosas similares. Los niños interiorizan una serie de creencias que, a mi modo de ver, les adoctrinan y les modelan el cerebro para un pensamiento dogmático en lugar de racional.
    Por eso pienso que con un pacto como el que se propone en el post salimos perdiendo, el pensamiento racional sale perdiendo, el mundo sale perdiendo. Por eso pienso que a los creyentes hay que decirles una y mil veces que sus ideas son una mentira (no hablo de la existencia de dios, sino del tinglado que se han montado a su alrededor todas las religiones).
    “No hay que hacerle al otro lo que no quieres que te hagan a ti” no sirve en este caso: seguro que tú no intentas convencer a nadie a base de dogmatismo y llamamientos a la fe ciega, como hacen ellos. (Y no quiero ser dogmático, pero no puedo resistirme: seguro que tampoco quemas, lapidas o decapitas a los que no piensan como tú.)

  4. June 13, 2012 at 10:47 am —

    Tanto a lo que responder, y en tan poco tiempo… Vaya por adelantado la advertencia de que esta respuesta va a ser larga.

    Empecemos por un concepto muy difícil de equilibrar. Podríamos decir que es EL concepto sobre el que la comunidad escéptica nunca se pondrá de acurdo: Cómo conjugar nuestras acciones para fomentar el pensamiento crítico con la intención, como buenas personas, de no herir los sentimientos de la gente al atacar creencias a las que están vinculados emocionalmente.

    Hay gente que valora tanto el pensamiento crítico que piensa que los sentimientos de otros son algo secundario. Que es más importante la verdad que el bienestar emocional de otros, y que a la larga un bienestar emocional basado en mentiras es dañino y se derrumba, dejando a la persona incapaz de manejar la realidad que se le ha echado encima. ¿Qué puedo decir ante tal argumento? Es cierto, es indiscutible… pero por experiencia he visto que no es tan eficaz como nos gustaría.

    Nuestro objetivo es fomentar el pensamiento crítico. Nuestra meta es que más gente utilice el cerebro con el que ha nacido para pensar por su cuenta. Nuestra meta es convencer, no tener razón, y no que nos den la razón.

    Por desgracia para nosotros, la gente se mueve por emociones más que por razones, y si queremos ser escuchados, tenemos que tener en cuenta las emociones de la persona a la que hablamos. Si queremos convencer, tenemos que asegurarnos de que esa persona siga escuchando, y ahí está lo difícil.

    Es muy fácil decirle a otra persona que se equivoca, e incluso demostrárselo pero ¿Qué hacer cuando nuestras afirmaciones han puesto a esa persona a la defensiva, y ya no escucha nada de lo que decimos? Ahí hemos perdido la batalla. Sí, tenemos razón, y sabemos que la tenemos… pero esa persona ya no va a pensar de forma racional. No hemos convencido. No hemos fomentado el pensamiento crítico sino el dogmatismo de esa persona, que se ha encerrado más aún en sus creencias para defenderse de afirmaciones que le causan daño.

    No digo que haya que ir con paños calientes, y con mucho cuidado de no herir jamás la sensibilidad de nadie. Eso es rendirse, y dejarles el campo libre. Nuestra prioridad es, ante todo, que el mayor número posible de personas sigan escuchando. Que nuestros argumentos se oigan. Si para ello hay que tener en cuenta los sentimientos de otros, pues que así sea. Si para que nos oigan hay que tragarse de vez en cuando la frustración ante la ignorancia de algunos, para poder enseñarles a pensar sin que se tapen los oídos, pues que así sea.

    La gente escucha mejor cuando se siente respetada. Eso no significa respetar sus creencias, sino los sentimientos en que se basan. Aunque no nos importen los sentimientos de los demás (y creo que deberían importarnos, porque ante todo somos buenas personas) siempre nos debe preocupar no llegar al punto en el que nuestro interlocutor se tapa los oídos, nos da la espalda y se marcha. Es más importante mantener la comunicación que demostrar que tenemos razón. La comunicación constante con un escéptico acabará por contagiar el escepticismo, mientras la mantengamos abierta. No intentemos enseñar a la gente qué pensar, sino dar ejemplo de cómo pensar.

    Así que, en mi opinión, respetar los sentimientos de otros es importante, no sólo porque no queremos hacer daño a nadie, sino porque es la mejor forma de conseguir que nos sigan escuchando. Como decía la fábula de La Fontaine, paciencia y tiempo consiguen más que fuerza y rabia.

    Parecía que había terminado ¿verdad? No… aún me queda responder a esa “confesión”, que es algo muy importante y que también es parte de mi propia experiencia.

    Todos tememos a la muerte. El instinto de supervivencia es parte de la naturaleza animal, y no podemos sustraernos a él, pero los escépticos tenemos un motivo propio para ello.

    La gente que cree en la vida después de la muerte simplemente… niega que exista la muerte. No hay que temerla porque “no va a ocurrir”. Será como irme a dormir y despertaré en el cielo junto a todos mis amigos, que tampoco han muerto de verdad y me está esperando… Muy bonito, muy reconfortante, pero no es más que una forma de negar lo que nos da miedo.

    Los escépticos no negamos la realidad. Tememos la muerte porque sabemos que existe. Sabemos que va a ocurrir, y que el tiempo que pasamos vivos no es más que un instante comparado con el tiempo que pasaremos muertos. Dices que es un pensamiento de los que te desvelan por la noche, y sé que no lo dices de forma figurada, porque a mí me ocurría lo mismo. He pasado noches despierto por ese mismo pensamiento, intentando comprender lo que es no existir, y abrumado por lo inevitable de que eso ocurra. Sé lo aterradora que es la idea de no existir, para alguien que se atreve a mirarla cara a cara sin negarla. Es lo que hacemos quienes aceptamos la realidad como es.

    He dicho que a mí me ocurría lo mismo. Sí, lo he dicho en pasado. Ese pensamiento ya no me quita el sueño. Temo a la muerte sólo en el sentido instintivo de evitar el peligro, como todos, para intentar retrasar el momento tanto como sea posible… pero ya no temo esa eternidad de no existir. El motivo de que escriba esta respuesta es que quizá lo que me hizo perder ese miedo te sirva también para perder el tuyo. Entre escépticos, con la realidad como es y sin negarla, hay una forma de afrontarla sin miedo alguno.

    Para mí una gran parte del miedo a la muerte, como escéptico, era el miedo a lo desconocido. Era mirar al futuro y no poder imaginar lo que es no existir. No tenemos forma de saber cómo es estar muerto, cómo es no existir. No sabemos lo que nos espera ¿verdad?

    Mentira.

    Sabemos perfectamente lo que nos espera tras la muerte, porque YA HEMOS ESTADO ALLÍ. No, no me he vuelto loco, ni voy a hablar de reencarnación, ni de vidas pasadas ni cíclicas ni nada de toda esa parafernalia mística New Age.

    Lo que me hizo superar mi miedo a la muerte fue una cita de Mark Twain: “No temo a la muerte. He estado muerto durante miles de millones de años antes de nacer, y no me ha causado la menor molestia”. Esa cita me hizo darme cuenta de que estaba temiendo algo por lo que ya había pasado… y que no era para tanto. Lo que yo soy va a dejar de existir… pero tampoco existía antes, y no pasó nada. Un día estaré muerto, como no hace mucho estaba no nacido… y no había nada de lo que preocuparse.

    Por supuesto que no quiero dejar de existir, pero ¿de qué me preocupo realmente? Llevo sin existir miles de millones de años, y sea lo que sea que era antes de nacer, es lo mismo que seré después de morir. Todos hemos pasado por ello, y no parece que haya sido tan terrible.

    Cuando muera volveré a ser (o, más bien, no ser) lo que era antes de nacer. Hasta entonces, no me voy a preocupar por ello más que para intentar vivir la vida de la mejor forma posible, disfrutar de ella durante tanto tiempo como pueda y, si puede ser, hacer que sea mejor para los que están conmigo.

    Y ahora ya solo me queda disculparme por haber aburrido a todo el mundo… si es que alguien se ha molestado en leerse todo esto hasta el final. La próxima vez intentaré ser más breve.

    • June 13, 2012 at 3:20 pm —

      Solo puedo decir: ¡Bravo! Sobre todo en el principio, estoy de acuerdo contigo.

    • June 13, 2012 at 5:58 pm —

      No fue una molestia leerte, mucho menos aburrido, al contrario me pareció interesante y coincido contigo.
      En el tema de la muerte es que quiero comentar, porque sí, yo también le temo en el sentido instintivo.
      Mi conflicto empieza cuando no es mi muerte la que temo, sino la de un ser querido. Como dices, a nosotros nos mueven más las emociones y a mí me reconfortaría saber que nos vamos a encontrar en otra lugar y todo será felicidad eterna, pero no puedo, no creo en que haya “vida” después de la muerte y es eso lo que me hace temer más, que para mí la muerte de un ser querido me dice que lo más probable es que jamás vuelva estar con él.
      Hace una semana escuchaba a un ateo comentar sobre su experiencia en un funeral, y no se si sea mi sensibilidad con ese tema, pero a mi entender, él parecía estar minimizando el dolor que la gente tenía en ese momento, argumentando que eso no pasa con los ateos porque ellos toman la muerte de forma racional.
      No sé como lo vean los demás, pero yo por más racional que pueda llegar a ser, no dejo de temer a nunca más poder ver a alguien que ha estado conmigo toda mi vida.

    • June 14, 2012 at 2:52 am —

      Respondiendo también al comentario de Bruno me gustaría indicar que no es necesario decirle a alguien que está equivocado para que se de cuenta de ello. Quizás mi estrategia es menos rápida pero podría ser más efectiva, tiene que ver también con la personalidad de cada uno, así en mi naturaleza poco conflictiva me inclino más hacia la divulgación, una de mis mayores pasiones es la ciencia y me gusta explicar los fenómenos físicos a quienes me rodean, ya que creo que la ignorancia en este campo es la gran causa de las creencias irracionales.
      No digo que me pase la vida hablando de ciencia o que de vez en cuando no le diga a la gente que no estoy de acuerdo con sus posturas, pero no puedo evitar sentir que le pondría un gran peso encima a alguien si le quitara sus creencias. A lo mejor soy una mala escéptica en ese sentido, pero prefiero entregarle las herramientas a una persona para que descubra la realidad por si misma.

      Me gustó mucho la frase de Twain, aunque había pensado que el antes y después de la vida son iguales, nunca había tomado eso como una manera de superar el miedo a la muerte, el problema es que sólo funciona de día, porque creo que mi racionalidad de avería de noche.

      Da para largo el tema, si escéptica fuera un bar me tomaría unos tragos con uds. para seguir conversando.

      Gracias por los comentarios chicos.

  5. June 14, 2012 at 11:07 pm —

    Mi comentario no quería decir que haya que ser beligerante, ni mucho menos irrespetuoso con las creencias. Solo quiero hacer ver que luchar contra el adoctrinamiento de las religiones es muy difícil, y por eso hay que ser firme para denunciarlo. En cualquier caso no se puede razonar con alguien que ha tomado una decisión que se basa en la fe; y es difícil hacerlo con alguien que ha sido educado desde pequeño en esa misma fe. De hecho, me parece una tarea titánica, casi imposible. Además los creyentes suelen ser bastante susceptibles cuando se les toca el tema, aunque no quieras es fácil que se sientan ofendidos (o peor aún, que te traten con condescendencia). Pero merece la pena intentarlo si uno de cada mil termina por preguntarse “¿y si…?”.
    Respecto a la muerte, me parece un pensamiento egoísta (y comprensible, creo que lo somos por naturaleza) angustiarse por ella. ¿O diría mejor ególatra? Nos moriremos y el mundo seguirá girando. A mí no me preocupa en absoluto qué me pasará a mí, pero sí qué le pasará a los demás: a mis hijas, a mi familia, a mis amigos… Como dice wilma, debería angustiarnos más la muerte de un ser querido, o cómo quedarán ellos tras nuestra muerte. Por eso la única actitud útil me parece intentar disfrutar la vida al máximo con los que quieres, y esperar que cuando me muera ellos se alegren de haber podido compartir su vida conmigo.

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