Religión y espiritualidad

¡Hazlo… hasta que duela!

Hay algunas frases, por aquí y por allá, ensalzadas como expresiones de la más alta y excelsa calidad moral. Unas lo son, y otras… no tanto. Ésta en particular es más o menos famosa:

“Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.”

Madre Teresa de Calcuta

¿Está de acuerdo? ¿Maravillado? O por el contrario. ¿Está espantado? ¿Escandalizado?

Con todo el respeto que la Madre Teresa se merece, pero eso que dijo ahí me parece una tontería del tamaño de una catedral, que nos deberíamos empeñar en abolir. Solo la mente fanática puede concebir al dolor como un anhelo. ¿Necesario? Quizá. ¿Deseable? ¿Una meta? No. Es de esas pequeñas cosas que solo tienen sentido si te crees la historia del AfterLife. También podríamos ser del tipo de gente que se empeña en entender todo lo que alguien dice como se nos de la gana.

“Es tan sólo una forma de hablar”, dirán algunos. Pero no estoy seguro de que sea así, y tampoco si esa forma de entender el asunto no tenga como consecuencia eso que tanto queremos evitar: vivir el amor con dolor. O simplemente, vivir con dolor. Peor: que se termine por convertir al dolor en un sinónimo de excelencia moral.

Nadie podría ser fiel a una norma como la expuesta por la Madre. Es la moral religiosa tradicional empeñada en colocar directrices imposibles de cumplir “realmente”. Esta tradición, acostumbrada al seguimiento parcial de las mismas, no tiene problemas en establecer más y más criterios, que sólo se pueden “seguir a medias”, provocando la sensación de que nunca somos lo suficientemente buenos (culpa), además de fundar las bases que crean la doble moral de nuestra sociedad. Si una norma no se puede seguir, comienza a resultar normal no seguir las normas. Se crea así el caldo de cultivo para una legión de personas que dicen una cosa, pero realmente hacen y piensan otra. ¡Y en muchos casos de manera totalmente absurda! Pues se nos ha mostrado con frecuencia que algunas de esas acciones son inofensivas y nada perjudiciales.

Por otro lado, quien entienda realmente lo que la Madre Teresa dice ahí, solo puede concluir que un mundo donde se siguiera dicha directriz, sería un lugar espantoso para vivir.

Tal vez el ejemplo anterior es muy extremo. Quizá es una frase desafortunada de la Madre Teresa. Pero el mandamiento de amar prevalece en la psique de muchas personas religiosas. ¿Qué motivó originalmente a una novicia a realizar su labor y retiro? Hay algo más que el simple deseo de alcanzar la salvación. Es el deseo de hacer lo que se debe hacer, de seguir el mandamiento, tal y como esas personas lo entienden.

Sin embargo, considero que esa directriz moral de amar a nuestros semejantes, impuesta como una obligación que proviene de la religión, puede ser capaz de ahogar el sentimiento de empatía que permite la existencia de dicho amor. Para la mente que experimenta esta directriz como un deber, esta se convierte en una carga que eclipsa cualquier sentimiento verdadero. Se pierde la espontaneidad y la autenticidad. Volverse bueno es una obligación impuesta desde afuera, no desde adentro. Y su cumplimiento termina por satisfacer pulsiones internas que poco o nada tienen que ver con la verdadera filiación y cariño a nuestros semejantes. Puede, quizá, satisfacer nuestra necesidad de sentir que hacemos las cosas bien, que estamos cumpliendo. Pero eso no es necesariamente amor ni verdadera filiación. Automáticamente, y sin darnos cuenta, hablamos en términos de sacrificio, porque es en lo que realmente termina convertida la moral del amor obligado.

La empatía existe. La capacidad de hacer nuestros los gozos y sufrimientos de nuestros semejantes existe. Pero la exigencia externa de cotas incongruentes e inalcanzables de amor pueden hacer sucumbir a cualquiera, dominando sobre la empatía verdadera. La obligación moral de amar pesa sobre el amor verdadero. Para alcanzar las acciones que se corresponden con la manifestación de amor exigida desde afuera, se tiene que recurrir al sacrificio.

Hay un inevitable sentimiento de culpa cuando no se alcanza la cota de amor exigida por la “obligación moral”. Es duro reconocer ante sí mismo que no se puede amar al vecino o al enemigo como a uno mismo. Debemos idear nuevas manifestaciones del amor, que se correspondan con lo que realmente sentimos por nuestro vecino o enemigos. Pero las preguntas duras y explícitas, las que revelan nuestra falta de amor y verdadera filiación emocional con ellos, las evitamos. Termina aflorando siempre una sensación de que no somos lo suficientemente buenos. “Somos buenos, pero se puede ser mucho mejor”. Como si amar lo que ni siquiera se conoce tuviera algún mérito o siquiera algún sentido. ¿Qué efecto tiene esto sobre la autoestima? ¿Qué sucede con las víctimas de este código que no son lo suficientemente hipócritas?

“Si quisiera hablar con su vocabulario, diría que el único mandamiento moral que tiene el hombre es: Pensarás. Pero un ‘mandamiento moral’ es una contradicción en los términos. Lo moral es lo escogido, no lo forzado; lo comprendido, no lo obedecido. Lo moral es lo racional, y la Razón no acepta mandamientos.”

Ayn Rand

La foto de la Madre Teresa salió de aquí.
La imagen de la biblia y el crucifijo son de miqul.

Previous post

Predicarle al predicador

Next post

Post invitado: Activismo en Wikipedia

Javier

Javier

Licenciado en Matemáticas Aplicadas y Computación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Durante mucho tiempo interesado en la difusión del pensamiento crítico, la ciencia y el escepticismo. Enamorado de la astronomía, temas afines a la computación, la religión, así como cuestiones éticas involucradas. Colmado de una imperiosa necesidad de expresión y una pasión mística en un mundo sin Dios.

9 Comments

  1. June 13, 2012 at 3:28 pm —

    En lo que a mi respecta no soy muy amigo del fanatismo exaltado que existe en torno a la figura de la Madre Teresa. Era una mujer con virtudes y defectos como cualquier ser humano y no dejo de decir muchas tonterías como todo creyente.
    Sin embargo no considero que la frase que se discute en este articulo sea una de esas tonterías. El amor es un concepto muy complejo, pero en su esencia implica un cierto grado de sacrificio con respecto al ser amado. Y eso no obedece a una regla moral, obedece a una realidad natural, amar implica preocuparse por otras personas, sentir empatía y en consecuencia compartir tanto la alegría como el sufrimiento. E incluso llegar a hacer sacrificios dolorosos por el bien de ellas.
    No se trata sin embargo de convertir el dolor en una meta o un sinónimo de excelencia, es lógico que lo que se debe buscar es reducir el dolor y promover el bienestar, pero la realidad es que el dolor es parte de la realidad y no amar a otro por temor al dolor que eso puede implicar no es una actitud muy madura.

    • June 13, 2012 at 5:35 pm —

      Gracias por tu comentario.

      Tienes razón cuando dices que el amor es un tema complejo. En este caso particular, no se trata de negar la realidad del sufrimiento o sacrificio que a veces éste conlleva. Tampoco se trata de decir que el sufrimiento es sinónimo de que el amor no es tal o está mal.

      La critica está en convertir al sufrimiento en una meta o algo deseable. En el contexto de las acciones (conocidas y no tan conocidas de la Madre Teresa), es lo que se lee en su cita. ¿Realmente es buena señal el dolor? El dolor sin duda es inevitable, ¿pero es buena señal? ¿Es mejor cuando duele que cuando no duele?

      De cualquier forma, la cita de la Madre Teresa es un pretexto para hablar de otra cosa: el amor obligado. Es decir, la doctrina que me dice que TENGO que amar a mis semejantes de una forma en particular, que además, es irreal e inalcanzable. Con todas las implicaciones que esto trae para la salud mental de las personas y la sociedad.

      Habría que aclarar también qué entendemos con la palabra “sacrificio”, y si realmente estamos hablando de la misma cosa.

      Un saludo.

      • June 13, 2012 at 7:11 pm —

        La verdad es ridículo usar el dolor como una medida de que tan bueno es el amor que uno siente. Como lo veo simplemente es una señal de que eso que uno siente es algo real.
        Pero se trate de amor o de cualquier otra cosa buscar el dolor voluntariamente o someterse al sufrimiento por el sufrimiento en si, como lo propone el articulo al que referencie es ridículo y en eso creo que estamos de acuerdo y en eso estamos de acuerdo. De lo que no estoy seguro es que haya sido la intención original de la frase de la madre Teresa.

        • June 13, 2012 at 8:35 pm —

          Te recomiendo seguir el vínculo al que apunta este post en el nombre de la Madre Teresa (al inicio). Quizá ayude a replantear esa duda que dices.

          Un saludo.

  2. June 13, 2012 at 4:05 pm —

    Casualmente hoy P.Z. Myers publicó en su Blog http://freethoughtblogs.com/pharyngula Un comentario con respecto a este articulo de un sitio cristiano en el que básicamente le dicen a las mujeres que deben soportar una relación abusiva por que eso es lo que su dios ha decidido.
    http://www.faithwriters.com/article-details.php?id=32877

  3. June 14, 2012 at 5:48 am —

    Yo crecí consternada por la canción de “Amar y querer” interpretada por José José

  4. June 14, 2012 at 11:24 pm —

    Un grandísimo post.
    Las religiones en general siempre han coartado el placer y el hedonismo; en el caso de la católica incluso lo han proscrito y lo han tachado de pecado. La frase de la Madre Teresa creo que va en ese sentido: el amor, el placer del amor (no solo físico), solo es aceptable si va acompañado de dolor, a modo de penitencia. Una gran tontería, en mi opinión. De hecho, es una de las grandes falacias de las religiones: no puede haber amor, ni moral, sin la religión, sin que la religión lo redirija hacia el buen camino. Mentira.

Leave a reply