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No solo letras: una pequeña reflexión sobre la lectura

La lectura. O más bien La Lectura. Es uno de esos temas sobre los que siempre pretendemos opinar desde nuestra (considerada) situación de mayor cultura. Como ustedes saben en esta serie nos permitimos el lujo de recomendarles lo que deben leer, ya sea desde el punto de vista científico, social o literario intentamos que los libros aquí reseñados lleguen al mayor público posible, dado que suponemos que si leen este blog tendremos una ideología y una cultura similares.

 

Los que leemos; mucho o poco, de un género literario en particular o de varios, nos creemos en la obligación moral de transmitir nuestro amor por la lectura a otras personas, sin tener en cuenta cómo o por qué lo hacemos.

 

El cómo:

 

Cuando un libro o una serie de libros nos entusiasma, solemos salir corriendo a contárselo al mundo (metafórica o literalmente, depende del grado de entusiasmo). Y pretendemos que el libro despierte en otros exactamente los mismos sentimientos que nos ha podido provocar a nosotros.

 

Seguro que muchos de nosotros hemos acabado releyendo alguno de los libros que nos marcaron a lo largo de la infancia o adolescencia, pero ya una vez adultos. Quizá no todas nuestras relecturas hayan sido decepcionantes, pero sí un alto porcentaje de ellas. Entre otras cosas porque volvemos a ellos con unas expectativas muy altas y porque nuestra vida y nuestro mundo ha cambiado lo suficiente desde la primera lectura como para que ya no sea necesario ese libro para hacernos pensar, para reconfortarnos o para hacernos reír. Si nuestra relectura puede ser decepcionante, ¿qué nos hace pensar que otra persona va a sentir exactamente lo mismo que nosotros en su primera lectura?

 

Cuando recomendamos un libro, muchas veces no caemos en la cuenta de que puede que otras personas no lo vean igual que nosotros. Por ejemplo: desde tu punto de vista de escéptico veterano puede hacerte mucha ilusión recomendar a tu sobrino preguntón alguno de los maravillosos libros de Carl Sagan (como hemos hecho aquí); pero sin pararte a pensar que a él le pueden parecer cargantes, anticuados (por el contexto histórico y social) y llenos de perogrulladas.

 

El por qué:

 

Leemos por muchas razones: para evadirnos de la cotidianeidad de nuestra vida (trabajo, familia, relaciones sociales), para adquirir nuevas ideas y conocimientos, para pasar el rato de un largo viaje, por el simple placer de ver la palabra impresa o para presumir de que lo hacemos.

 

¿Presumir? Sí, presumimos de muchas cosas con nuestros amigos y conocidos, y no siempre tiene por qué ser sobre cosas materiales. Podemos presumir de la cantidad o la calidad de los libros que leemos. Nos reímos del amigo que lee a J.J. Benítez, sin pararnos a pensar que igual no lo hace porque se lo tome en serio, sino como puro entretenimiento descerebrado. Pero nos tenemos en muy alta estima a nosotros mismos cuando nos ven con un libro de divulgación científica (la de verdad, no vale Punset, el apellido en general) en público.

 

Yo debo confesar que muchas veces leo por competir, ya sea conmigo misma o con otras personas. Actualmente hay infinidad de redes sociales que te permiten fijar una cantidad de libros a leer en un determinado periodo de tiempo, para competir contigo mismo y contra los demás, que se ponen otras metas o las mismas que tu. Y me encanta hacerlo, porque me siento genial cuando veo que he superado el reto que me he impuesto, y lo mismo si veo que otro ha leído menos en el mismo tiempo que yo (sin tener en cuenta las dimensiones de sus libros o sus circunstancias personales, lo que cuenta es la cantidad).

 

Recomendar una lectura es otra forma de presumir o competir: no solo esperas que la otra persona sienta exactamente lo mismo que tu al leerlo (y si no lo hace lo juzgarás para el resto de su vida) sino que crees estar en un escalón por encima al haberlo leído antes (dos escalones si el otro no había oído hablar del libro o del autor en su vida). Sabes más, descubriste la historia antes, puede que lo leyeras en menos tiempo y te ha gustado más: solo esperas que los demás se arrodillen ante ti para agradecerte el gran favor que les has hecho al recomendar precisamente esa lectura y no otra. Pero puede que no lo hagan y les despreciarás por lerdos.

 

Leer es un placer o una obligación, todo depende de a quién le preguntes y cuándo.

 

Si les quedan ganas después de leer este desvarío, pueden decirnos cómo y por qué leen ustedes. Los comentarios están abiertos.

En la imagen de cabecera pueden ver a Pusheen el gato concentrado en su lectura.

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silvialba

silvialba

Minera, atea agnóstica, estudiante a ratos y escéptica a tiempo completo.

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